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Señores y señoras, The Who (lo’hu coloquialmente). Hasta ahora ausente en ésta sección, pero nunca olvidado, un referente, un pelotaso de grupo.
Destacar un disco de estos cafres no es fácil, los más idealistas se irían por el “…sings my generation” o al “A quick one” (seminales); los más románticos elegirían el “Tommy” (gran disco); los más duros serían partidarios del “Live at Leeds” (un puñetazo musical en la boca del estómago; si no lo tienes: adquiérelo) y los más mods sienten debilidad por el “Quadrophenia” (ahora mismo lo estoy escuchando en vinilo… y no soy mod). Yo elijo éste elemento quizá porque me sorprendió ya tardíamente, quizá por la portada (‘los miembros’ meándose en un monolito sobre un paisaje rocoso que bien podría haber salido del 2001 de Kubrick…), quizá por el conjunto de canciones indestructibles, por el momento del grupo (álgido): quizá por todo.
Nos abre el disco “Baba O’Riley”, inicio de sintetizador martilleado para entrar al piano en una gran canción; seguimos con “Bargain”, un clásico al puro estilo Who. “Love ain’t for keeping” nos da un entretiempo ligero (y breve) para la rítmica y algo floja “My wife”, firmada y cantada por Entwistle -el bajista- (muy en su línea) y la apocalíptica “The song is over”, con Nicky Hopkins al piano (este tipo se mete en todos los fregados!). “Getting in tune”, otra vez con Hopkins, y “Going mobile”, temas correctos que te enganchan conforme acumulan escuchas. Y para terminar, dos joyas, como “Behind blue eyes” (uno de mis temas jodidamente favoritos de los Who) y “Won’t get fooled again”, ocho minutos largos para despedir el disco a lo grande, sentenciando (hoy se reconocerá como banda sonora -en los títulos- de una serie muy conocida…)
Otro disco para pasar un jodido buen rato con éstos (agradables?) chicos: Daltrey, Townshend, Moon (oooohh) y Entwistle. Y con la edición remasterizada que trae 7 temas adicionales no hay excusa para obviarlo…
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14 Comentarios »Volvemos con un tema dejado a medias… para meditar (aparte de para cortarse las venas: tras intentarlo varias veces sin éxito he desistido, muza). Y regresamos con un Tío Neil pletórico, destrozado, deprimido, con ganas de hacer ruido, quizás para acallar aquéllos “sounds of silence” de los fantasmas de Danny Whitten, o puede que los de su propia existencia.
El caso es que se nota el cambio, el disco (sorprendentemente aún “pirata”) TIME FADES AWAY (1973) suena a desesperación; aunque existe un buen equilibrio entre temas lentos y cañeros, todos despiden un sabor agridulce que transparentan los ánimos del tipo, que gustaba traslocar las expectativas del público (recordemos que la gira se suponía era del éxito “Harvest” y sus temas campestres) tocando desgarradoras piezas (“Last dance” como ejemplo duro, “Journey through the past” en plan lento) en inagotables veladas de catarsis emocional. Aún esperamos la reedición remasterizada (cuando le de la gana al gachón).
Para el año 1974 tenemos un plato fuerte, nada más y nada menos que ON THE BEACH. Curiosamente éste disco llegó tarde (y de forma curiosa en formato pirata con los temas del Harvest tocados en acústico como bonus tracks!!!) a mis manos, y el impacto fue total, brutal; casualmente, por entonces también adquirí el “RIVER” de Terry Reid (1973) y el paralelismo no me dejó indiferente… pero evidentemente tito Neil me volvió a sorprender. Con un ritmo irregular (los acompañantes cambian de canción en canción…) pasamos por una primera parte que continúa su estilo habitual (“Revolution blues” apabulla, “See the sky about to rain” impresiona…) para pasar a una cara B oscura, arrastrada (como la de Reid) con tres temas de largo recorrido para dejarse llevar, idealmente en una playa solitaria, crepuscular, apocalíptica. Participaciones estelares: Billy Talbot y Ralph Molina (incondicionales), Levon Helm y Rick Danko (grandes), Graham Nash y David Crosby (?), Ben Keith y Tim Drummond (fieles…). Para la posteridad, la canción que da título al disco: única.
Y llegamos a 1975 (el año), y a TONIGHT’S THE NIGHT, la rudeza hecha música, la desesperación sobre un escenario, sin olvidar los pasajes más melancólicos y bellos de su carrera, disco redondo (nunca mejor dicho: empieza y acaba con el mismo tema, aunque con una vuelta de tuerca más…); no voy a profundizar en los temas: sería eterno, pesado e incomprensible (discos como éste a cada uno le debe inspirar sentimientos propios e intransferibles, eternos). La música, ahora sí, constante a cargo de los CRAZY HORSE, con un Nils Lofgren queriendo olvidar (o recordar?) a Whitten (que sale en un tema en directo); y eso se nota.
Otro excelente trabajo (consecutivo!!!), éste ZUMA nos trae a un Neil Young ‘algo’ más tranquilo e incluso feliz (en el primer tema nos canta “Don’t cry no tears”), pero desde luego sigue sin encontrar el rumbo en su vida, y eso se transmite claramente en pasajes como “Danger bird” donde los sonidos que saca de la guitarra denotan dolor, o en “Pardon my heart”. Nos saca con temas de dureza inusitada (“Barstool blues”, “Stupid girl” y “Drive back”) para caer hipnotizados por uno de los grandes temas de su carrera: “Cortez the killer”, con reminiscencias históricas incluidas, temazo nada más que con sus 3 minutos largos de introducción instrumental. La baladita con la que acaba el disco, con CSN, está muy bien, pero se podría obviar.
En fin, Neil Young y su obra es (casi) inabarcable (y sería poco recomendable intentarlo). Recopilaciones como la que acaba de salir sólo consigue insultarla, ridiculizarla; a cualquiera que quiera escuchar al canadiense le recomiendo cualquiera de sus primeros discos (a partir del 2º) y que pase de recopilaciones. Yo, particularmente, me quedo con ésta su 2ª etapa, por nada en particular, por todo en general.
Volveré (espero)
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[Tito Neil (Parte I) | "Southern Man"]
[Neil's Garage | Página Oficial]
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Tenía que volver a los orígenes, era un acto previsto (y esperado) que estaba aguardando la ocasión propicia; y tras los acontecimientos de los últimos días junto con el largo periplo transoceánico que se me avecina, creo ha llegado el momento. Y me refiero a los orígenes solamente por algo personal; mis raíces en esto del rock tienen su germen en éste disco (aparte del sonido nacional de mi adolescencia…). Corrían los primeros meses de mi estancia en ésta ciudad (tuve otras ciudades, otros inicios, otras compañías, aparcadas cruelmente por el olvido…) cuando cayó en mis manos, en uno de mis sitios predilectos para la evasión, naciendo mi devoción por el Boss hasta el día de hoy.
Disco emblemático por todos lados; para empezar, año redondo (bueno para nacer, bueno para la libertad…); con él llegó Bruce al reconocimiento absoluto; previamente dos trabajos notables, innumerables canciones grabadas (afortunadamente recogidas años después por la caja “Tracks”) y varios cambios en los miembros del grupo hasta dar con la formación que le acompañará en sus grandes momentos, la E STREET BAND, llegando al sonido que marcará gran parte de su carrera.
Podría nombrar la canción de inicio, “Thunder road”, y acabar tan tranquilo; joya increíble de amores imposibles y sueños rotos. Pero es que luego tenemos “Tenth avenue freeze-out” y “Night” (grandiosa, hoy es la banda sonora de cierto programa de gran audiencia…); “Backstreets” nunca dejará indiferente porque todos nos podemos ver reflejados en su historia. “Born to run” es un himno, tan fresco y vigente hoy como hace 30 años; “She’s the one” tiene garra y fuerza, todo lo contrario que “Meeting across the river” (preparando el terreno?), la baladita tierna del disco. Y para terminar, oh, “Jungleland”, una de las canciones que más he escuchado en mi vida, completa, bestial, casi diez minutos para hablar de la misma vida con un acompañamiento musical que nos lleva a momentos que ponen los pelos como escarpias, posiblemente por la capacidad de evocarnos momentos de nuestra propia vida poniéndoles ésta banda sonora.
Luego vendrían los años de gloria, con “The river”, “Born in the USA” y el grandilocuente triple CD en directo; los baches (“Human” y “Lucky”) tras el flojo “Tunnel” , el resurgimiento con “The ghost of Tom Joad” y sobre todo “The rising” (de nuevo con la E street band!), y el recogimiento actual con “Devils”.
Que cada cual opine, pero que no me quiten el placer de escuchar por enésima vez el “Born to run”, que es precisamente lo que he hecho mientras escribía éstas líneas…
Hasta la vuelta.
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Punto y aparte. Dejemos paso a los Sabbath. Algo serio. Y menudo disco.
Aquí podría (y debería) abrirse un debate sobre la carrera del grupo y sobre cual puede ser su mejor disco, aunque quizás lo más sabio sería admitir sus 6 primeros trabajos y punto, a las bravas (yo soy de ésa opinión); aunque si para algo estamos aquí es para compartir impresiones, y si hay que picarse, uno se pica, defendiendo (o imponiendo?) sus razones.
Y hablando de opiniones, la mía es que éste es mi mejor disco de los Sabbath. Diría más y recalcaría la diferencia entre los tres primeros trabajos (BLACK SABBATH, PARANOID y MASTER OF REALITY), todos cojonudos e impresionantes (especialmente el 2º, me toca la fibra sensible), y los 4º-5º-6º (el que traigo aquí y los siguientes: SABBATH BLOODY SABBATH y SABOTAGE), que me parecen la cima de su estilo, la consagración de su sonido en temas impresionantes, quizá no tan puristas como en los inicios, pero sí más redondos, y con más mala leche.
Y el disco abre con “Wheels of confusion”, largo minutaje para continuos cambios de ritmo iniciados con acordes de blues para llevarnos a donde les sale de la punta’el… Continuamos con “Tomorrows dream”, una de mis canciones favoritas del grupo, con un riff aplastante (sencillo y sólido; sembrado), todo un clásico. “Changes” nos sumerge en las cualidades vocales de Ozzy (im-presionante) con teclados ansiolíticos. “FX”, o la amalgama de sonidos salida de la mente de un mono (tupido velo; la psicodelia pasa factura…), para desembocar en la desenfrenada “Supernaut”. “Snowblind” abre la segunda cara al estilo clásico de la banda, si bien “Cornucopia” parece salida del mismo averno, ritmo tenebroso inicial y desenfreno posterior. “Laguna sunrise” es una auténtica delicia acústica, oasis previo a la rítmica “St. Vitus dance” (otro riff que tira pa trás, carne de single) y a la saturada, otro ritmo tenebroso, “Under the sun”, broche de oro al disco (la parte final huele a himno), redondo.
En fin, el cuarteto de Birmingham sabía lo que se hacía (al menos hasta el 75), crearon estilo, han tenido seguidores-imitadores sin éxito: eran únicos, geniales.
Ozzy Osbourne (la voz), Tony Iommi (la guitarra), Terry Butler (el bajo), Bill Ward (la batería): GRACIAS
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[Black Sabbath Online | Joe Siegler's Black Sabbath Fan Site]
[Iommi.com :: Tony Iommi]
[Black Sabbath | allmusic.com]
[Tributo a Black Sabbath en español]
[Official Ozzy Osbourne Fanclub]
[black-sabbath.de]
[Black Sabbath Live Project: Archivos de audio]
Technorati tag | Black Sabbath
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Tras una omisión, silencio prudencial para darle coba a Don Neil Young (es sólo un adelanto…), vuelvo con las baterías cargadas con algo duro; un poco de mala leche para regresar a las islas, despertar de los sonidos del nuevo mundo para regresar al viejo continente, con sus excesos y sus manías…
Y aquí tenemos a éstos chicos, Vincent Crane como cabecilla compositora (teclados y voces), John Cann (guitarras y voz solista) y Paul Hammond (batería y percusión, relevo de Carl Palmer), para acercarnos un sonido denso, machacón, duro, acompasado, sin florituras; vamos, un compendio de baladillas para pijos (perdón por lo primero; a los segundos les pueden ir dando). Abriendo el disco el tema que le da nombre, directo, rítmico y repetitivo. El segundo tema, “Vug”, es un ejemplo de virtuosismo (musical) de lo que puede hacer el grupo. “Tomorrow night” se acerca a ritmos estilo Sabbath con un aire a los Mountain, aunque evidentemente con sus limitaciones… “7 streets” abre con el órgano un tema grandioso que crece con elegancia en un estilo más progresivo. “Sleeping for years” y “I can’t take no more” tienen su mala leche (buen riff el del primero!!) para dejar paso al único resquicio para la tranquilidad de todo el disco, “Nobody else”, remanso de paz acelerado, eso sí, para terminar con la locura “Gershatzer”, tema musical compuesto para lucimiento de sendos solos de Crane y Hammond, órgano y batería, respectivamente.
En fin, un poco de rock clásico para las huestes que siguen ésta sección. Posiblemente sigamos por ésta senda algunos discos más, ‘pequeño’ homenaje a los británicos más cañeros. En fin, que sus aproveche.
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[Atomic Rooster | Página oficial]
[Atomic Rooster | allmusic.com]
[Vincent Crane's Atomic Rooster]
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O lo que es lo mismo, Neil Percievel Young (12.11.45, Toronto, Ontario, Canadá), ‘Tito Neil’ para aquellos que conocen (y digo conocen) su obra. Uno de los grandes artistas del siglo pasado, sin apelativos, creador de estilos atemporales, portavoz ‘apartado’, y menos mal, del hippismo persistente californiano (entró, aportó lo suyo y se largó con viento fresco), cargado de mil sonidos que le salían de las entrañas, marcado por tragedias, de personalidad frágil, tocando notas que denotaban catarsis emocional, haciéndonos partícipes de sus mundos y de su música…
Comenzando en su Canadá natal de forma errática, como tantos otros, ya sea en solitario (en plan folk singer) o con grupillos de poca monta (The Squires, Minah Birds), termina por darse el salto a los USA (L.A., of course), se encuentra a un antiguo conocido (Stephen Stills) y fundan BUFFALO SPRINGFIELD en 1966, a los que aporta grandes temas, como “Mr. Soul”, “Broken arrow” o “I’m a child”, además de malos rollos entre los miembros del grupo (exceso de ego?), terminando por irse en solitario grabando su primer LP (NEIL YOUNG, 1969); trabajo tranquilo donde tienen cabida hermosas piezas country (el primer tema, musical, es delicioso: “The emperor of Wyoming”), algún trabajo orquestal (“String quartet from whisky boot hill”),
así como ramalazos del rock que vendría después (“The loner”), junto con grandes baladas (“The old laughing lady” pone los pelos como escarpias) y un largo tema acústico para terminar (“Last trip to Tulsa”). Por ésa época se topa con un grupo llamado The Rockets, formado por tres tipos (Danny Whitten a la guitarra, Billy Talbot al bajo y Ralph Molina a la batería) con los que comienza a tocar y salta la chispa, el momento, el entendimiento, y el grupo cuaja solo, denominándolos CRAZY HORSE, iniciándose con la grabación del 2º LP de Neil Young (grabado en dos semanas, 4 meses después de haber sacado el 1º) una carrera que llega hasta nuestros días. El disco era “EVERYBODY KNOWS THIS IS NOWHERE”, 1969, y aquí las cosas cambiaron, nada más hay que pinchar el primer tema (“Cinnamon girl”) para darse cuenta de que ya nada volvería a ser lo mismo, ahí había rock con quilates, ahí había un grupo; los dos temas largos de 10 minutos
(“Down by the river”-duelo de guitarras Young/Whitten antológico- y “Cowgirl in the sand”) así lo confirman siendo el resto el acompañamiento perfecto, incluido un réquiem por los Rockets (“Running dry”) dejando claro que había Caballo loco para largo. Luego llegaría 1970 con dos grandes momentos: su colaboración con Crosby, Stills & Nash en el LP “DÉJÀ VU” (y para la posteridad su tema “Helpless”) y en agosto el lanzamiento de su tercer LP oficial, “AFTER THE GOLD RUSH”, donde tocaban los Crazy Horse junto con Greg Reeves, Steve Stills y Nils Lofgren (y una aportación de Jack Nitzsche); hay de todo: baladas sociales (“Tell me why”, “Alter the gold rush”), baladas únicas (“Oh, lonesome me”, “Don´t let it bring you down”, una de las mejores canciones de Young), rock tremendo (“Southern man”) y el éxito “Only love can break your heart”. Una continuación de ésta colaboración con CSN vendría el año siguiente con el doble LP en directo “4 WAY STREET”, con interpretaciones geniales de sus grandes temas, en acústico la primera parte y eléctrica la segunda, bestial y aconsejable.
1972, año clave por varios motivos en la carrera de Neil Young; el alegre es la salida de su LP “HARVEST”, una auténtica delicia que no se puede dejar de escuchar y tararear; en ésta ocasión el acompañamiento a cargo de los Stray Gators (en dos temas la Orquesta Sinfónica de Londres -habéis leído bien- y el final con CSN); “Heart of gold” y “Old man” fueron éxitos de ventas, pero canciones como “Out on the weekend”, “Harvest”, “Alabama” y “Words” siempre irán en mi corazón, junto con “The needle and the damage done”, dos minutos acústicos inolvidables, por su sencillez, su mensaje duro y su mal fario, teniendo en cuenta que a los pocos meses (18.11.72) la palma de sobredosis Danny Whitten, terminando con una época y dando paso a otra dimensión en la música de Neil Young y los Crazy, con rienda suelta a la desesperación creativa de sus siguientes trabajos, pero eso se merece otro rato que espero no se haga de rogar…
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[Tito Neil (Parte II) | “Danger Bird”]
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O lo que es lo mismo, las Panteras Rosas (también el Ruido), la Jarapa y birra, por litros, momentos estelares de una adolescencia en su punto álgido encontrándose con su música; efectivamente, cada adolescente ha tenido su música (algunos Pearl Jam, Red Hot Chilinosequé y unos tales Nirvana, otros Massive Attack o Chemical Brothers y otros que no tienen ni putaideadeloquequieren), nosotros teníamos a los Cero, al Loco, a los Doors y al Boss, iniciando pinitos con Young o Dylan o los Crimson (de éstos éramos más bien pocos), y los compartíamos en la calle, con nuestros éxitos y fracasos.
Poner o destacar un disco de los 091 es tarea tan difícil como inútil, y supongo que cada cual seguirá el método infalible de la nostalgia, el disco que más le huela a calle, a cerveza, a amigos, a conversaciones que terminaban por la disartria inevitable…”y todo comienza a girar”.
Precisamente es lo que me trae éste conjunto de canciones, a otro le pasará igual con “12 CANCIONES SIN PIEDAD” o “DEBAJO DE LAS PIEDRAS” o “MÁS DE 100 LOBOS” (obviemos similitudes con cierto garito nocturno…); incluso hubo alguien que me pidió que le grabara “EL ÚLTIMO CONCIERTO” hace poco (ahí vienen sus canciones más chulas, no?; tienecojoneslacosa, en fin, uno cede, todo sea por los “0″).
Rock sincero, directo, y granaíno (ahí queda eso)
Hoy te vi cuando silbabas una canción de Charlie Parker
y he comprendido que no hay nada que pueda hacer
para impresionarte”
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Pocos grupos lo tuvieron tan jodidamente claro: ROCK. Quizá por eso al final les pasó como a otras grandes bandas, paso al sonido comercial, batacazo (y no precisamente en las listas) y se acabó, al menos para sus seguidores más puros, los rockeros de siempre.
Pero volvamos a lo bueno, el principio, año 1969, tres peludos cada uno con su instrumento (musical?) en las manos y ganas de hacer algo grande, y un cuarto (Terry Knight) con la cabeza poco amueblada pero con los cojones de poner a sus colegas a tocar ante 125.000 almas en el Atlanta Pop Festival, y de ahí a la gloria. Probablemente el momento no fue el ideal, ya se habían consagrado Cream, Jimi Hendrix & Co, y estaban gestándose bombas com Led Zeppelin y Black Sabbath, pero en los USA eran ellos quienes meneaban multitudes.
Disco de debut muy bueno (ON TIME, 1969) con varios temas para la historia, “T.N.U.C.”, “Into the sun” o “Heartbreaker”, y un comienzo premonitorio, “Are you ready”… Su 2º LP es el que os traigo aquí, quizá por su fuerza desaforada, la ausencia casi total de medios tiempos para relajarse (éstos tipos no sabían o no querían hacer baladas!!), salvo quizá “Winter & my soul”. Y es que era el 2º disco grabado en 5 meses (el 1º en junio y éste en octubre del 69!) y eso se nota: música que brota, sangra, a borbotones. Para qué comentar los temas, todos bestiales y redondos, de buen minutaje para sus partes instrumentales de rigor: “Got this thing on the move” (cómo empezaban éstos chicos los discos), “Please don’t worry”, “High falootin’ woman”, “Mr. Limusine driver”, “In need” (tremendas sus versiones en directo), “Paranoid” (Black Sabbath, poco después), un clásico desaforado, terminando con “Inside looking out”, casi 10 minutos de ejercicios musicales, como para quedarse a gusto. Luego más discos bastante buenos, a destacar “WE’RE AN AMERICAN BAND” (1973), con Todd Rundgren a la producción, cosa que más tarde intentaría Zappa, con menos resultado (“GOOD SINGIN’, GOOD PLAYING”, 1976)
En fin, el grupo de Michigan sabía lo que se hacía, o no?
¿No conocéis a Grand Funk? ¿Las letras descamisadas de Mark Farner? ¿El bajo quebrantahuesos de Mel Schacher? ¿La habilidad a la batería de Don Brewer?”
Homer Simpson
Estamos contigo, Homer
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Tras subsanar los daños cerebrales producidos por los decibelios de éstos chicos del sur, es hora de recapacitar/comentar/honrar al grupo en cuestión. A los hechos me remito: sala Aqualung, Madrid, 20:30h, 31/03/05, el ambiente parece anunciar algo grande, el lugar apropiado, sobre el escenario apenas (?) se vislumbra una oronda figura, cabizbaja, colocando sus instrumentos (evidentemente: guitarras), no es otro que Warren Haynes (actualmente alterna su grupo con los Allman!!), luego aparecería el gran Matt Abts tras su peaso batería, y los acompañantes Andy Hess al bajo (según notas de Chamán primer bajista de los Crowes) y el teclista Danny Louis (para mí que casi sobra, salvo cuando toca el Hammond). Comenzaron con un correcto “Bad Little Doggie” para continuar con nuevo material (algo flojo, pero a mi juicio mejor que el The Deep End Vol.2) y hacer una pausa tras una hora (media hora para mear, ya sabéis) y reaparecer con los cojones bien gordos: soltaron un “Blind man in the dark” apoteósico y continuaron con sus grandes temas (incluidos “Trane” y “Mule”) aderezados por algunas versiones inesperadas (si McCartney hubiera estado allí convulsiona), terminando con auténticos temas bluseros… unas 3 horas de jodido ROCK.
Como muestra se recomienda ésta joyita que es su segundo trabajo en estudio, aunque también sobresale su debut (Gov’t Mule; y cada vez que lo escucho me gusta más) y el tercero (Life Before Insanity). Temas sólidos (rozando el hard) de rock telúrico siempre bebiendo del sur, incluida una versión de los Beatles (habéis leído bien: “She said, she said”). A destacar el ya mencionado “Blind man…” (bestial), “Thorazine shuffle” (un clásico de sus conciertos), “Thelonious Beck” (vaya jueguecito de nombres), el poderoso “Towering fool” y el clásico “John the revelator”.
En fin, un clásico del rock desde el primer segundo. Aquellos que hemos podido disfrutarlos en directo lo sabemos, incluído alguno que se bautizó allí mismo. Os dejo con sus comentarios, si se dejan.
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Existen ciertos temas que tienen la capacidad, la cualidad característica, de entrar directamente por las entrañas, producir cierto colapso adrenérgico-isquémico, para luego diseminarse vía sanguínea hasta el cerebro, y disfrutarlo entonces, tras la conmoción, creando ésa sensación de vacío que termina solamente al volver a escucharlo, entrando directamente en los sistemas límbicos de la memoria emotiva… todos conocemos algunos de éstos temas, pero discos completos de tales características hay pocos, y uno de ellos es MONGREL.
Bestialismo rítmico (OK, los Grand Funk iniciales eran animales, pero con poco soul; perdón Homer), rock muscular en temas inconcebibles, de escaso minutaje, como un tiro… ejemplos como “Song to Rufus”, “Highway Child”, “Mongrel”, “Lucifer”, “Teachin Blues” (malditos dos minutos frenéticos, sin desperdicio, directo al plexo solar); los temas más suaves (falso, pero así nos entendemos) son auténticas joyas de rock sureño al estilo Creedence (grandiosos, no los olvidamos), como “Evil Edna”, “Big River” (grandiosa) y “Leanin on my dream”. “Mongrel too” nos serena al ritmo de percusión y teclados con la jodida voz rota de Mr. Seger, para terminar con los 7 minutos y pico de “River Deep-Mountain High”, tomados directamente del escenario, el tema que otrora hicieran universal Ike & Tina, con el salvajismo de los chicos del “Bob Seger System”: el susodicho Seger a los berridos y guitarra, Pep Perrine de aporreador, Dan Konaker al bajo/guitarra y Dan Watson a los teclados.
En fin, poco más de 33 minutos para pasar un jodido buen rato.
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[Bob Seger | allmusic.com]
[The Bob Seger File]
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