El Ambigú de Radio 3 retransmitió en 2 programas un concierto de The Doors grabado “El 7 y el 10 de marzo de 1967, la banda legendaria pasó por el club‘The Matrix’de San Francisco, todo esto antes de convertirse en grandes fenómenos de la música”. Aquí os los dejo. También se pueden descargar desde la web de RTVE.
He visto amanecer en la subida al monte, he visto a dobles de Mick Jagger correr como locos entre las zarzas de las tres de la mañana, he comido carne caliente con menta, me he desollado los dedos con las cuerdas de una guitarra atronadora y sucia, he sonreído a la mujer de mi vida tocando una canción de Matilda, y he abrazado y besado a mis amigos con todas las ganas del mundo.
Querrías escuchar gratis alguno de estos conciertos: Bruce Springsteen 1973, Lynyrd Skynyrd 1975, The Allman Brothers Band 1971, AC/DC 1979, Jimmy Buffett 1974, Stevie Ray Vaughan 1984, Fleetwood Mac 1968, Jimi Hendrix Experience 1968, Derek and the Dominos 1970, The Band 1976, Genesis 1975…
¿Esto huele a cerveza? ¿A mucha cerveza? ¿A whisky? ¿A mucho whisky? Sí, a todo eso (y más), pero sobre todo a música, mucha música. Como tantos otros conciertos “setenteros”, y ya llevamos unos cuantos comentados, oídos, disfrutados, éste tiene su pedacito especial, tiene su marca exclusiva, su impronta imperecedera; que cada cual la identifique en sus escuchas, en sus recuerdos, en sus vidas. Para mi llegó en forma de paquete dedicado directamente de tierras irlandesas, las que “soportaron” los conciertos que resume el disco.
Y el disco comienza con un escueto “Ladies and gentlemen… Rory Gallagher“, seguido de un “mmmyeah” y de los primeros acordes de Cradle Rock, para entrar directamente en calor, por si no lo estabas ya al ojear la portada (alguna duda?), para continuar con un medio tiempo que se deja llevar en sus solos, I Wonder Who (Muddy Waters) y la conocida, casi comercial, Tatto’d Lady, ojo con el solo de los dos últimos minutos… la segunda parte del disco no puede empezar de una manera más propia, Too Much Alcohol, quien quiera entender que entienda… después de escuchar el tema; cambio a la acústica y ooohhh, As The Crow Flies (Tony Joe White), el respiro necesario para encarar los 9 minutos largos de A Million Miles Away y perderse en el tiempo y en el espacio… sabiendo que lo mejor probablemente está por llegar, “la tercera pica” se la reparten, a partes casi iguales, Walk on Hot Coals y Who’s That Coming?, pocos calificativos encuentro a mano para describir la primera de ellas, la otra para lucimiento del teclista Lou Martin, 21 minutos largos a los que sacarle partido en cada escucha, y terminar volviendo al blues añejo y cansino con Back on My Stompin’ Ground (After Hours), broche para el finiquito.
A destacar la sección rítmica, Gerry McAvoy (bajo) y Rod De’Ath (batería), por nombrarlos.
Unos dos años antes tenemos el Live in Europe, en formato trío, la pareja perfecta, también recomendado. Y si nos remontamos más ya nos metemos con el grupo Taste, y sus nada desmerecidos directos, Live Taste y Live at the Isle of Wight…
Poco más que decir, volvemos a la nostalgia, qué le vamos a hacer, somos débiles; aquí encontramos, sin ir más lejos, influencias de Leadbelly, Albert King, Freddie King, etc. Y la gloria se la llevaron otros que ya conocemos: no estoy comparando ni lo intento, sólo hago tributo a ésta figura “olvidada” del rock setentero. Un saludo “hígado-pasa”.
Permítanme un discurso disgregado, déjenme disertar libremente; de forma parcialmente espontánea (apareció en el aleatorio de mi iPod; luego alguien me incitó a comentarlo) surgen en mi memoria los temas de éste disco, la época de su descubrimiento, las tardes de aquel agosto, dándole vueltas a aquella cinta de cromo, que luego fue vinilo, luego CD y ahora formatos comprimidos inasibles (nos perdemos…)
¿Hay que poner en antecedentes? Bueno, sólo con mencionar el nombre de “los Bluesbreakers” a más de uno se le ponen los pelos como escarpias, y es que lo que desarrolló y aglutinó Mayall en los años 1966-68 en el mundillo “blues hecho por blancos”, él la insignia británica, fue el pistoletazo de salida de una corriente duradera, fértil (a veces demasiado) y brillante. Sin ir más lejos “salieron” de su apadrinamiento personajes (prácticamente imberbes…) como Eric Clapton (primer LP de los Bluesbreakers: “John Mayall & BB featuring Eric Clapton“, hay que tenerlo), Peter Green (2º LP, “A hard road“), Mick Taylor (“Crusade”, “Bare wires“, “Blues from Laurel Canyon“) o John McVie… y ya sabemos lo que salió de aquellas manos posteriormente.
Pues bien, tras la “salida” de Mick Taylor en la primavera del 1969 (nada menos que a los Rolling Stones para aportar lo suyo en uno de sus mejores discos, Let it bleed, luego se quedaría…), a Mayall no se le ocurre otra cosa que “reconstruir” su grupo y su música hacia una orientación acústica-bluesera-jazzística (en sus propias palabras…«having decided to dispense with heavy lead guitar and drums…» cachondo el tío), apuesta arriesgada teniendo en cuenta la que se estaba armando a ambos lados del charco con el hard-blues-rock (véase foto de “colegas”). Pues va el tipo, se coge al saxofonista y flautista Johnny Almond, al guitarrista Jon Mark y al bajista Steve Thompson y en el mismísimo teatro “Fillmore East”, se saca esta maravilla atemporal, inolvidable repertorio de todos y cada uno de los músicos; no sobra un jodido minuto, ni un soplido, ni un chasquido (lo de la “mouth percussion” tiene su aquel), el público enmudece y la música fluye como un éter, sólo al final de cada tema, tras unos segundos de “vuelta a la realidad”, la peña aplaude, joder si aplaude, saben que ésa fecha (12.07.69) no la olvidarán.
Sólo siete temas, los nombraré y quedarán en suspenso hasta que alguien los cace al vuelo, anonadado: The laws must change, Saw Mill gulch road, I’m gonna fight for yo u JB (por ti Chamán), So hard to share, California, Thoughts about Roxanne y Room to move. El último tema, muy conocido por el solo “de boca” y su “riff acústico”, pero yo me quedo con la triada que le precede, So hard to share, California (ooooooooooooh) y Thoughts… sin palabras.
En 2001 reeditaron el Turning Point, remasterizado, con 3 bonus del mismo concierto, para “completistas” (lo recomiendo, je je).
PD: Otro álbum en esta onda es el “USA Union” (1970), que cuenta con el bajo impresionante de Larry Taylor, la guitarra de Harvey Mandel y el violín de Don Harris; otra maravilla con un acompañamiento nuevo (un inglés con tres americanos, de ahí el nombre), así era Mayall.
PD 2: también recomendadísimo, de factura “similar”, otro directo de Mayall, aunque con “supergrupo”, es el “Jazz Blues Fusion” (1972), contando con la trompeta de Blue Mitchell, la guitarra de Freddy Robinson y el rocoso Larry Taylor, entre otros.
Estimulado (cómo no) por la entrada del año, avivado por el espíritu redomado del rock, espoleado por ciertos momentos increíbles e inesperados de la pasada nochevieja, me viene a la memoria (y a mis oídos y ojos y manos) la música del amigo Stevie. Y para celebrarlo y dar por inaugurada la sección en éste ‘07, aprovecho la ocasión, ahora que los ánimos por estos lares se enervan, para presentar éstos directos que bien hubieran podido ser otros de éste “trágico” guitarrista de blues natural de Austin (tejano, cómo no): “In the beginning”, “Live at Carnegie Hall”, “Live Alive”; así como sus discos de estudio, todos grandes y absolutamente geniales: “Texas Flood” (grabado en una semana, ole ole ole), “Couldn’t stand the weather” (difícil olvidar ese principio de disco, Scuttle Buttin’…), “Soul to soul”, “In step” o incluso ése pedazo de disco póstumo (conjunto de temas no incluidos en los anteriores, realmente no lo entiendo), “The sky is crying”, donde yace una de las mejores versiones que se han hecho de Little Wing…
Pero puestos al tema, estos dos directos sólo tienen en común el lugar de grabación, aparte de su re-edición en “doble formato-doble”: 2 CD y 2 DVD, para deleite de seguidores y oportunidad para interesados. En el primero (1982) vemos a un joven SRV (bueno, eso es un decir; tenía la edad a la que murió Hendrix…), antes de sacar su Texas Flood, en su formación clásica de trío (Tommy Shannon al bajo y Chris Layton a las baquetas), con un repertorio que empieza nada más y nada menos que con el “Hide away” de F. King, ensamblado sin respiro con la alocada “Rude Mood”, apenas 7 minutos para demostrar lo que puede hacer con las seis cuerdas, para dar paso a material de lo que saldría en su disco, “Pride and Joy”, “Texas Flood” (10 minutitos), “Love struck baby” y “Dirty Pool”, absolutamente deslumbrante. A destacar el sonido del DVD, como si estuvieras allí…
El segundo repertorio (1985) nos muestra a un SRV “algo pasado” y hortera (véase el DVD), a modo cuarteto (se añade Reese Wynans a los teclados), aparte de la intervención estelar y breve de Johnny Copeland, un grande. En éste concierto hay de todo; otro inicio que tira “patrás” con Scuttle Buttin’ y Say what!, una revisión del “Pride and Joy” (perdonen, prefiero la primera) y una gran “Cold shot”, aunque los momentos culminantes son la arrastrada, lenta y sinuosa “Tin Pan Alley- aka Roughest Place in Town” y la versión de “Voodoo Child (Slight Return)”. Y es que el amigo SRV hacía grandes versiones del gran Hendrix, no sé si escucho más las originales o las versiones… (sin perdón).
Pues sí, como dije al principio y ahora aclaro, éste directo (el primero) sorprendió mi abotargada y semialcoholizada cabeza en la pasada nochevieja, en cierto (gran) garito de cierto (gran y frío, aunque esa noche sorprendentemente no) pueblo granaíno. La compañía era la mejor posible (una persona, no más, ella) y esa conjunción creó un gran ambiente, uno de ésos momentos inolvidables, para siempre.
Iba yo dándole vueltas a éste grupo para dedicarle un post desde hace tiempo. Otro de mis queridos sureños, qué le vamos a hacer. Aunque encasillarlo como sureño “solamente” me parece injusto; hay mucho más… Pero qué grupo. Ardua tarea la de elegir un disco entre dos de los mejores discos de los 70: Sailing Shoes(1972) y Dixie Chiken (1973). La ocasión de estar comentando directos me ha dado pie a matar dos pájaros de un tiro y traer al recuerdo éste, precisamente mi bautizo con los Feat, luego vendría la gloria de descubrir el resto…
Muchas veces se ha hablado por aquí de ésa particularidad indefinida que hace de algunos grupos algo especial, ése aroma destilado tras muchas horas de rodaje culminando de forma explícita, cómo no, en directo. Pues éste grupo tiene, desde luego, ése toque especial que te hace escucharlo y reescucharlo a lo largo de tu vida, ganando y mejorando, como los buenos licores, para las mejores ocasiones…
Como en tantos otros “tesoros del directo”, la identificación de temas es lo de menos, siendo el conjunto y el dejarte llevar conforme pasan los minutos lo que realmente engancha, transportándote a ése público donde tu ausencia anónima disfruta de una banda que toca para ti. Evidentemente, si tuviera que quedarme con algo, resaltar una parte, me quedaría con los 20 minutos que incluyen Spanish moon-Dixie chicken-Tripe face boogie, aparte de la versión de Willin’, mi tema favorito de los Feat y casi de mi vida (he dicho casi).
Del grupo qué decir, todos sembrados en la cúspide de su trayectoria. Claramente en decadencia creativa plasmada en discos de estudio, las tablas del escenario les hacían sacar todo lo que tenían, y aquí está el resultado. Se vislumbraba la partida de Lowell George; además, puede considerarse su última gran actuación, si obviamos su LP en solitario un año después…Paul Barrére ya había cogido las riendas del grupo; posiblemente sus desavenencias privadas y musicales, traspasadas a la música (dos guitarras, dos voces) sea uno de los acicates del grupo, y del directo. El resto, contribuyendo a la proeza, destacando al teclista Bill Payne y al batería Richie Hayward. Y aparte, la sección de vientos, en algunos momentos sublime…
Alguna vez se ha escrito que éste es el mejor disco en directo grabado. Por algo será.
PD: ya han editado, cómo no, una edición deluxe recuperando 2 temas “amputados” al pasar los 2 LPs a un Specially-Priced CD, así como otros bonus. No sé vosotros, yo ya lo he pedido…
O lo que es lo mismo, pelotaso hard-rock en la isla nipona. La explosión definitiva de una banda de rock sobre las tablas. Un acompañamiento de lujo al lanzamiento de su álbum Machine Head en ése mismo año: la auténtica “caja de Pandora” de los Purple.
Mucho se ha escrito sobre éste directo, posiblemente demasiado (y no siempre cierto) padeciendo inevitablemente la enfermedad de las obras encumbradas: la sobrevaloración. Pero qué coño, ¿y el exceso de ventas correspondiente? Pero en fin, éste disco me hizo y hace disfrutar cada vez que lo “pincho”, y por éso lo traigo aquí, continuando la saga de grandes directos de la historia del rock.
Yo no sé qué pensaban éstos tíos cuando saltaron al escenario aquéllos 15, 16 (Osaka) y 17 de agosto (Tokyo). Quizás tenían problemas y lo tomaron como remedio catártico, a lo mejor la lejanía de “occidente” los despojó de clichés preconcebidos; probablemente lo que ocurrió es que venían de una gira e iban lanzados, desbocados… Y éso se nota desde el primer tema, Highway Star, el mismo que también abre el disco de estudio; unas notas introductoras al órgano de Lord, unos toques a la batería de Paice y cuando entra el bajo de Glover y los primeros acordes de Blackmore la cosa no tiene remedio: a soltar los caballos. Aunque el verdadero “highway star” del tema es el gran Ian Gillan (el que curiosamente se “avergonzó” de su actuación!!!!!), a pesar del inolvidable solo de Blackmore del final, uffff. Y para completar la cara A del doble vinilo, nada más y nada menos que Child in Time, catarsis en estado puro. Cuentan algunas leyendas que un japo del público decidió poner fin a sus días al final del tema, repartiendo sesos entre los asistentes, y que la deflagración se escucha, subiendo el volumen, sobre el minutaje 9:44. Cierto o no, la canción es realmente escalofriante. La cara B se la reparten la famosa Smoke on the Water, con fallos incluidos, y The Mule, con el obligado y eterno sólo de batería de todos los conciertos de los 70 que se precien: a disfrutar con Ian Paice y sus 6 minutos de onanismo con baquetas.
La 3ª parte es la que más gana, al menos para mi, con las escuchas repetidas: Strange Kind of Woman y, sobre todo, Lazy, me parecen memorables; la primera con un Gillan al 200%, la segunda con un Lord increíble es una de mis canciones preferidas… sobre todo en sus sólos. Y la última cara para un tema, una salvajada de casi 20 minutos, difícil aguantarla con todas las neuronas en su sitio, y vivas. Un exagerado epílogo para un enorme disco, para un gran concierto.
Quizás lo que le “reste” méritos es el hecho de tratarse de una selección de tres conciertos consecutivos, aunque creo que cualquiera donaría un riñón (o un güevo) por haber estado en cualquiera de ésas tres noches, repitiendo el resto de su vida «yo estuve ener meidinyapan».
Como algún crítico escribió un día, los Purple nunca sonarían igual tras éste disco. Cuánta razón tenía; y que conste que hicieron grandes discos, sobre todo Burn y Come Taste the Band, pero ya no estaban Gillan y Glover (ojo, magníficos David Coverdale y Glenn Hughes) y no era lo mismo…
Ahora sí. Una vez que Destevaster destapa ’su’ tarro de las esencias con su estilo jazzístico, no me voy a guardar nada en el tintero; voy a por todas, a tumba abierta, e inauguro una nueva sección que se ha tocado sólo tangencialmente hasta ahora: LOS GRANDES DISCOS DE ROCK EN DIRECTO. Y para empezar, evidentemente, necesitamos una joya…..
Corría el mes de marzo, concretamente los días 12 y 13, y sencillamente ocurrió, o al menos éso destilan las grabaciones que quedaron de aquel ‘encierro’, shows maratonianos en los que el grupo daba/se entregaba y el público recibía atónito, extasiado y extenuado (Woodstock había quedado atrás…); quién dijo jazz: aquí hay un compendio musical…
Sobre el repertorio prefiero no hablar, está listo para disfrutar en toda su intensidad: “In memory of Elizabeth Reed”, “Stormy monday”, “You don’t love me”, “Whipping post”… sólo éstos cuatro temas (16 minutos de media) hacen descarrilar un tren: la base rítmica a golpes de doble batería y bajo, las dos guitarras en un contínuo ‘bis a bis’ y los eternos teclados (nunca han sido imprescindibles salvo aquí…). La versión extendida en CD completa el ya de por sí completísimo ‘doble vinilo’ con los temas que aparecerían en el postrero disco Eat a peach (con los 33 minutos de la monstruosa “Monutain Jam”, je je; y la joya “One Way Out”) además de la gloriosa “Hot ‘Lanta” (pufff); no, si al final me pondré a cantar…
Previamente el grupo había editado 2 LP, aparte del trabajo publicado con la denominación Allman Joys y Hourglass, y poco después del concierto, el infortunio ’se alió’ con Duane Allman estampando su moto y su maltrecho cuerpo contra un camión, empezando la leyenda… a partir de ahí el protagonismo de la banda la comparten el hermanísimo Gregg junto con el ’segundo’ guitarra Dickey Betts, y paren uno de los mejores discos de la historia, “Brothers & sisters” (1973). los derroteros posteriores de la banda han sido bastante irregulares hasta hace poco, con la sabia nueva del ínclito Warren Haynes (véase Gov’t Mule) y la del sorprendente Derek Trucks (nada más y nada menos que el hijo de uno de los baterías, Butch): ojo con éste chaval…
Lo dicho, disco irrompible, irrepetible (ojo, hay muchos directos de los Allman por ahí y el de Atlanta es acojonante, pero como éste ninguno), irrevocable, para escucharlo y disfrutarlo sin prisas, sin pausas…
Me he dejado muchas anécdotas en el tintero, pero como no quiero hacer un artículo ‘a lo Chuck Norris’, ya iran saliendo, invito. Sólo deciros que continuaremos con otro consiertaso, a saber…