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Dejémonos de polladas, discusiones, arrevolainismos y vicisitudes politicoerotikososiales (sic).
Algo serio. Sólido. Enloquecedor. Marcha salida del corazón de una tribu de negros al ritmo que les marca la intuición más primigenia, sudando en sesiones interminables sacando un sonido único: música sexual (aparte de algún disco de M. Gaye o Mr. Brown, of cors) para tardes de verano… fusión de rhythm and blues, jazz y funk.
Sección rítmica a cargo de congas, percusiones varias y batería (Dee Allen y Harold Brown), bajo persistente marihuanero (B.B. Dickerson), guitarras discretas (punto negativo, señores), sección de viento más que notable con saxos, flautas (Charles Miller) y la inconfundible-irrepetible armónica de Lee Oskar junto con los inevitables teclados (Lonnie Jordan) constituían el grupo WAR; pero nada hubiera sido lo mismo sin la colaboración de Eric Burdon, una voz negra en un cuerpo blanco, maltratada (educada) y mucho por excesos varios, tras su etapa inconmensurable con The Animals (siempre nos quedará “The House of the rising sun” y tantas otras). Y la unión no pudo ser más fructífera: dos discos de lujo (éste, doble por cierto, y el “ERIC BURDON DECLARES WAR”) prácticamente en un año; ahí es nada.
El disco comienza, así de pronto, con un medley-review del clásico de los Rolling “Paint it black”, casi un cuarto de hora frenético para coger el tono; sigue con un caliente “Spirit” y un caótico “Beautiful new born child” para entrar en terreno tranqui, empezando y acabándolo una versión de “Nights in white satin”, y en medio tres cortes para lucimiento del personal (Lee Oskar, en concreto, disfruta, y se nota, así como la sección rítmica). Para el disco 2 ‘nos dejan’ un blues arrastrado de 10 minutos (“Sun/Moon”), con un órgano antológico, siguiendo con la marchosa “Pretty colors”, la sensual “Gun” y la frenética “Jimbo”. Un poquito de boggie para comenzar la última parte del disco (“Bare back ride”), una maravilla con carne de single (“Home cooking”), similar al superclásico del grupo “Spill the wine” (del disco anterior) y terminamos con un epílogo al estilo balada in crescendo, aceptable, pero floja comparada con la magnitud del disco (y con “You can’t always get what you want” y “Hey Jude”, a las que intenta-¡?- emular).
Si en éste trabajo estuvieran temas del anterior, como “Tobacco road”, la mencionada “Spill wine” o “Blues for Memphis Slim”, estaríamos ante uno de los grandes discos de la historia (o lo estamos ya?); juzguen, juzguen…
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[Eric Burdon | Official Homepage]
[War]
[Eric Burdon | allmusic.com]
[Eric Burdon & The Animals]
[The Eric Burdon Online Webring]
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Por cambiar un poco, nos sumergimos en músicas sinfónico-oníricas, de síntesis sospechosamente lisérgicas, pero sosegadas, apropiadas para dejarse llevar… de la mano de Peter Hammill, o debería decir de la voz de éste oscuro trovador, creador de casi todas las canciones del grupo (grupo que por cierto cambiaba prácticamente con cada disco). Ya llevaba una buena trayectoria con LP como“The least we can do is wave to each other” (1970), empezaban a mostrar maneras (Refugees sobrecoge como lucimiento de Hammill); en “Pawn Hearts” (1971) tenemos su trabajo más reconocido, con la inestimable e influyente colaboración de Mr. Fripp, el mejor de sus discos para algunos (escrotolitum?), para otros lo es “The quiet zone/The pleasure dome” (1977), disco a mi parecer más conseguido que el otro, pero creo que se dispersa en la cara B (demasiado pretencioso).
Yo personalmente me quedo con éste STILL LIFE, el más tranquilo y sin embargo más emocionante, con canciones realmente conseguidas a base de un equilibrio perfecto entre la sección musical y la parte vocal, historias épicas que te transportan lejos de la realidad, del jodido día a día. Y así tenemos a “Pilgrims” (nos sentimos peregrinos de causas perdidas…), con un inicio de órgano y voz meloso introduciéndose la sección rítmica progresivamente hasta el éxtasis; “Still life” comienza de forma tenebrosa, de nuevo intro de órgano con un lúgubre Hammill susurrándonos hasta que el grupo rompe la calma; en “La Rossa” nos encontramos al grupo más en forma, alegre e inspirado; “My room (waiting for Wonderland)” tiene una bella melodía de viento sobre la que no es difícil dejarse llevar, hasta que llegamos al final con la extensa “Childlike faith in childhood’s end”, épica pieza muy al estilo Van der Graaf, con múltiples cambios de ritmo y oportunidad para todos los del grupo de hacerse su ejercicio onanista musical.
Que sus aproveche. Nos vemos en los bares.
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[Van Der Graaf Generator | allmusic.com]
[Van Der Graaf Generator | prograsiva70s]
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Y llegó el glam, maquillado de rock (o a la inversa). Y Marc Bolan, felino y ambiguo, denominado creador del género (dudoso mérito, aunque probablemente merecido) único miembro fijo del grupo, compositor de todas las canciones, de vuelta de su etapa de trovador lunático acústico (junto al loco Steve Peregrin Took), coge a Micky Finn (fondo percusivo múltiple), se convierte en devoto de la guitarra eléctrica (sin olvidar su faceta mística como letrista) y se convierte en el centro del glam, iluminando su música con reflejos de purpurina.
Y aquí está éste LP, cargado de momentos inolvidables, con guitarras ásperas y secas marcando ritmos sensuales pasando desde el rock clásico setentero (“Jeepster”, magnífico bajo; “Get it on”, inevitable y predecible clásico; “The motivator” y “Rip off”, final inquietante) a baladas irresistibles (“Cosmic Dancer”, envidiable; “Monolith”, mítica; “Girl”, sencilla y bella) sin olvidar piezas genuinamente made in Bolan (“Mambo sun”, arranque del disco, premonitorio; “Planet Queen”, oscura; “Life’s a gas”, de lo mejor del disco, serenidad convulsa, brevedad inspirada), ni los orígenes bluseros (“Lean Woman Blues”); es uno de los discos que ’se te queda corto’, termina dejándote con ganas de seguir escuchando los sonidos galácticos y los aullidos temblorosos de Mr Bolan.
Luego vendría “The Slider” (1972), más complejo, denso y conseguido que éste, menos rudo (con auténticas piezas atemporales: “Rock on”, “The Slider”, ” Telegram Sam”, “Ballrooms of Mars”, “Main man” pueden demostrarlo, y mucho) y más famoso; y “Tanx” (1973), muy poco conocido pero muy bueno. Pero me quedo con éste por su espontaneidad y sencillez, más directo a las entrañas, menos currado en el estudio, más de escenario y de juergas…
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[The Official Marc Bolan Fan Club]
[T. Rex - A Celebration of Marc and Mickey]
[T. Rex en Allmusic.com]
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Ya sea porque pusieron la banda sonora a mis primeros escarceos nocturnos (a parte del Loco), o porque me acompañaron en aquella convalecencia dolorosa; quizás me traen vientos de mi antiguo barrio (tierras pacenses aquellas) o efluvios de terco enamorado o ratos como aquel viaje onubense. El caso es que Radio Futura siempre tendrá un hueco en mi discoteca ‘numerosamente extranjera’.
Y éste “Juan Perro” es sin duda su trabajo más, al menos, emotivo (y sin duda el mejor).
“En un baile de perros” deja las cosas claras (deja ya de intentar caer bien a todo el que se ponga delante…) como declaración de principios; pasamos por el valle de “El hombre de papel” para encontrarnos con “A cara o cruz”, un jodido clásico (es mi destino fatal el estar de tan mal humor?…mas cuando quiero estar solo vienen a por mi!!) de Santiago Auserón. Y tras la oscura “Lluvia del porvenir” terminamos la cara con “La negra flor”, una canción por la que no pasarán los años (una letra que se queda en la memoria sin querer irse). “37 grados”, caso aparte, una de las mejores canciones del rock español, y punto; frases encadenadas, surgidas con una inspiración mágica, con la música amoldándose al ritmo vocal, perfecta. “Annabel Lee” nos conduce por parajes idílicos de amores eternos a la orilla del mar; cambiando de orilla, nos sumergimos en ése charco sagrado, lleno de mosto dorado que nadie puede probar (“Luna de agosto”), nos hundimos en la miseria con “La mala hora” (aunque con una raya de esperanza, y como el agua desbordada he de correr) y terminamos cantando a la aurora “El canto del gallo” (con inevitables reminiscencias), descubriendo la maravilla del sonido de nuestros propios pasos en la gravilla…
Un disco redondo, para deleitarse de la primera a la última, con canciones para cada ocasión.
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[Radio Futura]
[Radio Futura en allmusic.com]
[Santiago Auserón - Juan Perro]
[... y en la fnac.es]
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Quizá sea deformación (no profesional, es evidente) o fijación o el hecho de que mi primer contacto con ‘los Tull‘ (contaba con unos 13 años) fue a través de los rasgueos de un viejo vinilo con la canción que da título al disco; también puede ser fruto de mis piques con “Soyyo”; el caso es que elijo éste disco del grupo de ‘los vagabundos’ porque es el que encuentro más ‘compacto’, completo, con los momentos más conseguidos de la banda. Aunque, reconozco, los hay mejores en su carrera…
Ya dejaron las cosas claras con su primer trabajo (This Was, 1968): blusero, con versiones acojonantes (“Cat’s squirrel” para variar en aquella época; Cream lo hicieron un año antes) y un ‘temporal’ Mick Abrahams a la guitarra bastante acertado. Luego llegaron Stand Up (69) y Benefit (70), que nos trajeron al guitarra definitivo y compañero inseparable de de Ian Anderson, Martin ‘Lancelot’ Barrè, así como al 2º batería, Clive Bunker; éstos 3 tipos, junto a John Evan a los teclados y a Jeffrey Hammond al bajo, se juntaron para grabar éste sorprendente disco, tanto por el contenido lírico (una canción censurada en nuestro santo país: “My god”, cómo no) como por el musical: las mencionadas “Aqualung” y “My god”, junto con “Locomotive brath” y “Wind up” son las cuatro joyas sobre las que gravita el disco, con ritmos de guitarra inolvidables y solos con la travesera de Mr. Anderson que harían las delicias de más de uno (saludos A.). Si a éso le añadimos ‘pequeños’ ramalazos rockeros como “Cross-Eyed Mary” (tiene cojones el título) y “Hymn 43″ (if Jesus saves, well, he’d better save himself) y delicias como “Wondering aloud” o “Slipstream”, tenemos un disco brillante de principio a fin, para no quitarlo del equipo hasta que nos demos cuenta que ha terminado.
Luego vendrían otros discazos en otros tiempos (y con Barriemore Barlow, el tercer y a mi juicio mejor, batería de Jethro): los conceptuales THICK AS A BRICK (72) y A PASSION PLAY (73), LIVING IN THE PAST (72), MINSTREL IN THE GALLERY (75) – ahora mi favorito-, el directo BURSTING OUT, etc., y la frase lapidaria «Too old to Rock ‘n’Roll, too young to die» (efectivamente, don Ian, efectivamente).
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En definitiva, una buena muestra del buen hacer de Al Kooper (y entre las cosas que hace bien es escoger a sus acompañantes); venía de hacer grandes cosas, sí señor: aparte de poner sus notas más desgarradoras a “Like a Rolling Stone” (y a todo el LP “Highway 61 revisited”-1965- de tito Dylan), sacó un discazo con los Blues Project (“Projections”-1966- acojonante y muy recomendado) y uno de los discos que me acompañó largo tiempo, el también inolvidable “Child is father to the man”-1968- con la formación Blood, Sweat & Tears. El amigo Mike Bloomfield venía bastante rodado; nombrar tres grandes participaciones suyas: también en el “Highway 61″; el gran evento Butterfield Blues Band con su “East-West” y poco después con la Electric Flag (“A long time comin’”). Steve Stills venía del supergrupo Buffalo Springfield (y ya sabemos lo que salió de ahí) y del trío CSN (aún le quedaba para su gran momento: Manassas).
En fin, que tenemos a tres grandes músicos en un buen momento que, casi de casualidad, se reúnen para grabar unas sesiones, empiezan a entonarse y la cosa acaba con ésta maravilla que no podía llamarse de otra forma. La
primera parte (cara A) se la dedican Bloomfield & Kooper y en la segunda Stills sustituye a Bloomfield a la guitarra. Acompañando están Harvey Brooks al bajo, Eddie Hoh a las baquetas y Barry Goldberg al piano eléctrico. En cuanto a las canciones, resaltar si acaso (éste es un disco donde es difícil dejar algo fuera) de la 1ª cara “Albert’s shufle”, “His holy modal majesty” y “Really” y de la 2ª “It takes a lot to laugh…” (peaso de versión de Dylan), “Season of the witch” y “You don’t love me” (otro clásico revisitado; todavía tardaría en venir la versión de los Allman)…
Poco más que comentar, mucho por disfrutar…
POSDATA: Las 10 mejores canciones de la historia según la -dudosa- Rolling Stone:
1- Like a Rolling Stone (Bob Dylan) 2- (I can’t get no) Satisfaction (The R.S.) 3- Imagine (J. Lennon) 4- What’s going on (Marvin Gaye) 5- Respect (Aretha Franklin) | 6- Good Vibrations (The Beach Boys) 7- Johnny B.Goode (C. Berry) 8- Hey Jude (The Beatles) 9- Smells like teen spirit (Nirvana) 10- What’d I say (Mr. Ray Charles) |
¿Algún comentario? Yo creo que sí. Proponed, proponed…
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Larga ha sido la espera, muchos días han pasado desde el último, y aunque el tiempo no perdona, aquí estoy de nuevo con otro ‘pata negra’ (las próximas entregas serán pequeñas joyas, lo -casi- prometo).
Y aquí tenemos al amigo Clapton, que aunque contaba con ’sólo’ 25 añitos, ya había pasado y deslumbrado por los Yardbirds, Mayall ‘comuna’ band, endiosándose en Cream (oohhh!) y creando el fenómeno más esperado y efímero de su carrera (Blind Faith; efectivamente Eric). Ahora vuelve (también ‘tapado’ con pseudónimo aunque descubriéndose al tocar) con otro elenco de coleguillas a los que le iba aquello de colocarse y tocar (si se podía, si no lo dejamos para otro día, y pásame la botella- hay fotos, y canciones, que lo atestiguan), entre los que estaba el gran Duane Allman (que ya había, y debía continuar, haciendo historia con su banda fraternal; hasta el castañazo, hasta siempre, RIP) y los ‘acompañantes’ Whitlock, Gordon y Radle.
Como en otros tantos discos, en éste (creo, opino) lo de menos son los temas; lo realmente inolvidable son los ‘momentos creativos’ que aparecían en cualquier canción, en cualquier momento, algo muy cercano a una verdadera ‘jam’ (hay algunas canciones cortas y estructuradas, sin desvíos; pero ésas no marcan el disco): ejemplos como “Keep on growing”, “Anyday”, “Key to the highway” y “Tell the truth” son ilustraciones sonoras al caso. Eso sí, a destacar la versión de “Little wing” (te echamos de menos Jimi), la parte ‘lenta’ de “Layla”, aunque ésto es algo personal (de nuevo aparece Scorsese!), la portada y uno de los mejores títulos de canción (un respeto por Mr. Mingus!): “Nobody knows you when you’re down and out”… después de éste disco (ya en su gira) Clapton entraría en un dinámica muuuy chunga (detalles nos los puede proporcionar Escrotolito) de la que casi no sale, de no ser por unos cuantos amigos…
En fin, lo dicho, con ésto me despido hasta la próxima. Ah, y buen provecho
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Lo reconozco, es algo personal… dejando éste punto claro, lo demás es historia, y música, y canciones irrepetibles. Segundo, es un disco en directo; y creo que, para hablar de THE BAND, quintaesencia de los grupos de carretera (antes de sacar su primer LP llevaban más de 6 años tocando, robando comida en supermercados y durmiendo en su furgoneta), hay que hacerlo de ésta manera (al igual que los ABB).
El quinteto canadiense formado en Ontario (sin olvidar al tejano Levon Helm, increíble batería & vocalista) , apadrinados por Ronnie Hawkins, estaba formado por Jaime Robbie Robertson (guitarra & vocalista), Rick Danko (bajo & vocalista), Richard Manuel (piano, órgano & vocalista) y el gran Garth Hudson (multiinstrumentista de vientos y teclados- éste era el “callado”). No es broma, en éste grupo varios eran los vocalistas principales, cada uno con su estilo… Helm profundo, Danko sentido, Manuel borrachín melancólico
sobre su piano, Robertson con sus notas de guitarra camuflada, al servicio del conjunto.
Para llegar al disco que hoy tenemos en las manos hay que pasar irremediablemente por sus 3 primeros LP: MUSIC FROM BIG PINK (68), THE BAND (69) y STAGE FRIGHT (70); todos ellos redondos, muy aconsejados, cargados de irrepetibles canciones; cómo olvidarse de “Caledonia mission”, “The weight”, “Chest fever”, “This wheel’s on fire”, “Across the great divide”, “The night they drove Old Dixie Down”, “Up on Cripple Creek”, “King Harvest”, “The shape I’m in”, “Stage fright” o “The rumor”, amalgama de sonidos y letras
sacados desde lo más profundo del ser humano. Precisamente por éso comento hoy un directo, es imposible dejar fuera alguna de las canciones nombradas (y las que quedan…). Y más recomendable aún es la edición remasterizada, con 45′ adicionales (10 canciones, 4 de ellas con Mr. Robert Zimmerman, quien quiera entender que entienda). Y, tras el largo viaje, llegaría “The last Waltz”, cerrojazo impresionante (éso es una retirada y lo demás son pollas: la caja de 4 CD y la película de Scorsese lo refrendan) a una carrera completa, inolvidable.
Lo dije, era algo personal, pero LA BANDA es LA BANDA.
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O lo que es lo mismo, Frank Zappa, el trovador lunático más trastornado del rock, el heredero inevitable del exceso californiano, inspirador, años después, de iluminados psicodélicos (Syd Barrett, Paul Kantner…)
Disco perfecto para acompañarnos éstas navidades, llenando los ambientes familiares, villancicos para la ocasión (los chillidos de Kim Fowley en “Help, I’m a Rock” son muy propicios), el regalo perfecto para aquellos que aseguran “a mí megusta mucho la música…”
Teniendo un amplio abanico entre todo el repertorio de FZ, he elegido éste porque, sencillamente fue el primero, para él y para mi, el inicio de nuestra estrecha relación, y duradera, y fiel. Posiblemente escuche más “ABSOLUTELY FREE”, “HOT RATS” o “APOSTROPHE’” o incluso “OVER-NITE SENSATION”, “ROXY & ELSEWHERE” y “SHEIK YERBOUTI” (y hasta puede que sean mejores, en valoraciones a su descomunal obra, no me meto, para éso están los pretenciosos llamados músicos), qué decir de “THE GRAND WAZOO”, en fin,
y los que quedan por nombrar.
Inabarcable, increíble, excesivo y cínico, Mr. Zappa y sus madres de la invención (en éste disco Ray Collins, Jim Black, Roy Estrada y Elliott Ingber; cambiarán frecuentemente…) nos llevan por un viaje inolvidable (por cierto, la 2ª parte- el 2º vinilo- no apto para puristas). Que aproveche.
En un estilo del estilo, muy recomendable “SAFE AS MILK” de Captain Beefheart & His Magic Band (lo siento por los amantes del “Trout mask Replica”- escrotolito, Chaman…)
Y lo dicho, felices fiestas o lo que sea…
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Ahora sí, desde luego; no admito discusión, ni matices, ni mariconadas.
Grupo injustamente situado en la 2ª división de la psicodelia californiana, comandados por Ed Cassidy (batería curtido en el jazz) y su ahijado Randy California (experto en mantener notas interminables con su guitarra) junto
con Jay Ferguson, John Locke y Mark Andes. Disco descubierto tardíamente en mi escaso periplo musical, casi de casualidad, prácticamente un tropiezo… con Pepín.
Desde que empieza a sonar ya sabes que te encuentras en terreno desconocido, muy familiar eso sí (al fin y al cabo estamos en los 70), pero apabullante en matices, lleno de sonidos envolventes, compacto (prácticamente no te deja cortarlo de principio a fin) y con un poder adictivo evidente (pocos discos los he escuchado más de una vez el primer día de tenerlo, y éste se llevó tres sesiones). Absurdo destacar una canción sobre las demás: un día eliges “Prelude-Nothin’ to hide” (inicio meloso pasando a guitarras desbocadas en 3 minutos), otro será “Nature’s way” (simplemente emocionante) o “Animal Zoo” (un motor a ralentí nos mete en una melodía sencilla hasta que Cassidy pone las cosas en su sitio) o “Mr.Skin” (precedida del maravilloso interludio “Why can´t I be free”; impagables), “When I touch you” (la mejor del disco), “Street worm”…
En fin, 12 sueños de música hecha por cinco músicos que sabían lo que hacían (y, ojo, producido por David Briggs, recomendado por un tal Neil Young, próximo protagonista de ésta sección); un disco redondo, casi perfecto (al igual que la otra joya del grupo: “The Family That Plays Together” – 1968), indispensable, envidiables, irrepetibles.
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