Archivos en la Categoría ‘Libros y Literatura’

1
Oct

Una de aventuras

Caza de ballenas

Me llamo Ismael. Soy maestro de escuela e intento sostenerme en el caótico derrumbe de proyectos y desastradas aventuras que es mi vida. Me convertí en un inadaptado y decidí alistarme en un barco ballenero, el Pequod, junto con un arponero pagano y sodomita llamado Queequeg. Nuestro barco está comandado por un hombre paralítico, amargado y vengativo. El Capitán Ahab no sólo es un ser humano abrasado por el odio, sino la personificación misma de esta pasión.

Nuestra singular singladura nos arrastra directamente hacia la catástrofe, demoníacamente, sin tener apenas tiempo de reflexionar sobre la temeridad del intento. En esta aventura, hay una presencia real de la muerte, y cuando digo real me refiero a que no se trata de los fantasmas que invocamos con la imaginación. No. Aquí la percibimos con la plenitud de nuestras conciencias. Está aquí mismo al alcance de nuestras manos, irrecusable.

Al final… yo, solo yo consigo escapar de la muerte. Ismael que en hebreo significa… escucha a Dios.

Escucha, los zopencos no deben dar premisas por sentadas. ¿Cuánto tardará en estar lista la pierna?
Tal vez una hora, señor.
Acabadla y traédmela. ¡Ah, vida! Aquí estoy, orgulloso como un dios griego, y sin embargo quedo deudor de este burro por un hueso sobre el que apoyarme.
Maldito sea este endeudamiento mortal y mutuo que no acabará con los libros de contabilidad.

Llegué a está novela por casualidad, tras terminar de releer una obra de Hugo Pratt llamada “La Balada del mar salado” la primera aventura de Corto Maltés. Tras quedar maravillado nuevamente por el cómic, vagué por los estantes de la librería en busca de Conrad, London, O´Brien… pero al final me topé con Melville y su ballena blanca.

En Moby Dick se pueden encontrar desde razonamientos metafísicos de muy difícil comprensión a una narración de tintes épicos, pasando por un manual naturalista sobre la fauna marina.

Merece la pena.

Imagen original en Wikimedia Commons.

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  • 16
    Sep
    Escrito por Dr. J. » 9 Comentarios »

    Esperando a los Bárbaros

    caballos corriendo

    Aguardo en mi oasis la llegada de las estaciones. El tiempo circular que sólo aprecian los niños y los viejos de carnes descuidadas y blandas como yo. El imperio se extiende y teme la caída de sus fronteras. Llegaron soldados dispuestos a descubrir en los bárbaros el enemigo. Expediciones para traerlos a la ciudad, encadenados, en fila, con un aro que unía sus manos a las mejillas. La tortura consigue que el dolor sea la única verdad que uno recuerda.

    Las expediciones aumentaron en número, como los soldados. Mi puesto de magistrado ha sido suplantado por una espada y un fusil. Al irse el general de gafas oscuras, refugié en mi cama los pies rotos de una joven mujer bárbara. Mis baños de aceite sobre su cuerpo torturado, mis manos sobre sus muslos, sus deformados tobillos, sus ojos quemados sustituyeron a mi pene flácido en su vaina de carne y sangre. La cuidé y la amé, pero no como a las otras jóvenes de la ciudad, dispuestas siempre a mi servicio.

    Antes de la primavera, con las últimas ventiscas en camino, organicé una expedición con tres soldados y un guía para devolverla a su pueblo. Cuando volvíamos ya sólo recordaba mis manos untadas de aceites, pero su cara se deshizo como las huellas sobre la arena. Este inhóspito desierto se cobró un par de caballos, mi memoria y mi cargo. Al regresar fui acusado de traidor. Robaron los testigos de madera que yo rescaté al desierto con costosas excavaciones. Cuando la guerra creada por el miedo del imperio a desaparecer se alargó, la ciudad fue abandonada.

    El desierto tiene sus ritmos, y los bárbaros no tienen prisa. El agua es más salubre cada día y las cosechas se arruinan. Mi deseo ha vuelto en el momento más inoportuno. Yacer con una joven ya no me cura, ellas ya no me aman, ya no fingen su desprecio por mi olor. Cenizas enturbian miel. Sueño con una niña que juega en la nieve. El desierto avanza y el hombre se esconde. Queda elegir la forma de morir, salvaje, entre las cañas del pequeño lago, cazador de liebres, durmiendo en las ruinas de un templo que la arena sepultó, esperando que el sol tropiece con mi soledad. Lejos queda ya mi cama, mis amigos de ajedrez y mi bata. La noche llega y el sueño también. Soledad. El león muere cuando se hace vegetariano.

    “¿Por qué no podemos vivir en el tiempo como el pez en el agua, como el pájaro en el aire, como los niños? ¡Los imperios tienen la culpa! Los imperios han creado el tiempo de la historia. Los imperios no han ubicado su existencia en el tiempo circular, recurrente y uniforme de las estaciones, sino en el tiempo desigual de la grandeza y la decadencia, del principio y el fin, de la catástrofe. Los imperios se condenan a vivir en la historia y a conspirar contra la historia. La inteligencia oculta de los imperios solo tiene una idea fija: cómo no acabar, cómo no sucumbir, cómo prolongar su era. De día persiguen a sus enemigos. Son taimados e implacables, envían a sus sabuesos por doquier. De noche se alimentan de imágenes del desastre: saqueo de ciudades, aniquilamiento de poblaciones, pirámides de huesos, hectáreas de desolación.”

    Esperando a los bárbarosJ. M. Coetzee, 1980.

    Coetzee. Premio Nobel de literatura en 2003. Sudafricano. Testigo del apartheid. Nos cuenta en forma de relato la crueldad de los imperios, la necesidad de tener alguien contra quién luchar, a quien culpar. La máquina que destroza al individuo. Y el amor, el sexo, la vida que se reivindica por sí misma en cada tarde de espera. Incluyo el final del poema de Kavafis (1904), alegórico y hermoso, a orillas del mediterráneo tan cerca del desierto.

    “Porque ya es de noche y los bárbaros no han llegado.
    Y algunos recién venidos de la frontera
    dicen que ya no existen bárbaros.

    ¿Y qué vamos a hacer sin bárbaros?
    Esa gente era una especie de solución.”

    C. P. Kavafis (1863-1933)

    PD.- Gracias al Sr Taliban por sus últimas recomendaciones.

    Siempre vuestro, Dr J.

    28
    Ago
    Escrito por J. » Comentar »

    ¿Y ahora qué leo?

    What Should I Read Next? es una página que te sugiere libros para leer basándose en coincidencias y asociaciones entre las listas de libros favoritos de otros lectores reales. Estos lectores han ido incluyendo títulos en la base de datos del sitio hasta contar con más de 32.000 libros. Aunque los resultados son principalmente en inglés también he encontrado títulos de autores españoles. La cuestión es que puedes incluir tu propia lista de libros y ayudar a otros ante la pregunta ¿y ahora qué leo?

    13
    Jul
    Escrito por Madame B » 3 Comentarios »

    Condenados a ser libres

    condenados_a_ser_libres

    “Cuando se llega a cierta edad, uno deja de ser el protagonista de sus acciones: todo se ha transformado en puras consecuencias de acciones anteriores. Lo que uno ha sembrado fue creciendo subrepticiamente y de pronto estalla en una especie de selva que lo rodea por todas partes, y los días se van nada más que en abrirse paso a golpes de machete, y nada más que para no ser asfixiado por la selva; pronto se descubre que la idea de practicar una salida es totalmente ilusoria, porque la selva se extiende con mayor rapidez que nuestro trabajo de desbrozamiento y sobre todo porque la idea misma de “salida” es incorrecta. No podemos salir porque al mismo tiempo no queremos salir, y no queremos salir porque sabemos que no hay hacia dónde salir, porque la selva es uno mismo, y una salida implicaría alguna clase de muerte o simplemente la muerte. Y si bien hubo un tiempo en que se podía morir cierta clase de muerte de apariencia inofensiva, hoy sabemos que aquellas muertes eran semillas que sembramos de esta selva que hoy somos.”

    Estas palabras, escritas por Mario Levrero, y recogidas en El discurso vacío, han hecho posible reunir en una sola propuesta de lectura 3 obras que nada tienen que ver desde el punto de vista formal o estilístico. Los autores provienen de culturas diferentes y su trayectoria no puede ser más dispar, pero, el destilado final de sus pensamientos, hunde sus raíces en la perplejidad, la duda y lo absurdo de la existencia humana. Simplemente son hijos del siglo XX.

    No resulta nada original recomendar el periodo estival para leer. Normalmente, desde las gacetillas se intenta vender el concepto de “lectura refrescante”: libros de viajes, best-sellers de 900 páginas que prometen diversión esotérico-medieval, tramas románticas con las que “no podrás parar hasta la última página” y que se resuelven a borbotones, dejando al lector harto, saturado y de alguna extraña forma, satisfecho. La historia termina y todo vuelve a estar dónde estaba, es decir, la base del melodrama. Todo esto es muy loable, pero, partiendo del supuesto de que la lectura es el acto más anárquico que uno puede llevar a cabo, les incitamos a saltar del teatro a la novela, de la sencilla mirada interior de un diario a los diálogos hechos para compartir en voz alta, de la descripción a la introspección, según más les plazca.

    Si bien hemos comenzado con la premisa de Levrero, continuaremos con una obra de teatro dramática, como no, de Albert Camus. El malentendido es una pieza teatral en tres actos que gira entorno al pasado que acecha, el crimen y las esperanzas marchitas. Se representó por vez primera en 1944, dirigida por Marcel Herrand y la trama discurre en una triste pensión regentada por madre e hija.
    Cuando la lectura de una obra dramática nos impacta no es por las puertas que cierra, sino por las que deja entreabiertas.

    “Incluso en las obras más racionales, el elemento que tiene la capacidad de conmovernos no es el elemento racional ni el polémico, sino el mítico. Lo que importa son los conflictos sin resolver, no los resueltos. Eso lo vemos en nuestra sociedad cada día y en la decadencia de distintos mecanismos: el gobierno, la religión, el teatro. Los hemos visto deteriorarse y convertirse en organizaciones racionales, y cada uno piensa que su finalidad es la misma: determinar por medio de la razón qué está bien y luego hacerlo. Así que la sociedad acaba convertida en una maldita ciénaga”.

    David Mamet. Dramaturgo

    Continuando con un estadounidense, nos acercamos a la figura literaria del prolífico Philip Roth, a través de la novela La Mancha Humana. Espero que no hayan visto la película ya que en ese caso se perderían el placer de descubrir palabra a palabra, con el alma en vilo, una trama levantada con oficio y sobre unos personajes complejos, perdidos, asustados. La prosa de Roth nos lleva en volandas a 1998, el año del impeachment al Presidente Clinton y nos deja caer en la vida de Coleman Silk, héroe y villano, un hombre que se devora a si mismo, protagonista de una gran mascarada que no es más que el reflejo de la propia sociedad norteamericana.

    Volvemos al principio, a las palabras de Mario Levrero que son el epílogo de El discurso vacío, donde el autor intenta realizar un ejercicio caligráfico diario que le ayude a superar sus problemas. Lo que al principio no es más que una simple tarea vacía de contenido, termina siendo el lugar donde el protagonista vuelca sus sentimientos, sus sueños, sus debilidades.

    ¿Realmente somos libres para sobrevivir a nuestras decisiones?

    1. El discurso vacíoMario Levrero
      Publicado por Caballo de Troya
    2. El malentendidoAlbert Camus
      Publicado por Alianza editorial.
      Biblioteca Camus
    3. La Mancha HumanaPhilip Roth
      Publicado por Vintage 2001
    4. Conversaciones con David MametLeslie Kane
      Trayectos
      Publicado por Alba editorial

    Enlaces relacionados »

      [Mario Levrero | Wikipedia]
      [Albert Camus | Wikipedia]
      [Philip Roth | Wikipedia]
      [David Mamet | Wikipedia]
       
    9
    Jul
    Escrito por J. » 2 Comentarios »

    Grandes bibliotecas

    Fotografías de grandes bibliotecas del mundo.

    6
    Jul
    Escrito por Dr. J. » 5 Comentarios »

    Metanoia

    collar bdsm

    Salgo del corral cuando aún clarea el día. Demasiado calor para estas horas de la mañana. El sol promete un bochorno sofocante, anda amarillo como el lomo de un caballo polvoriento. Por mal camino se va cuando lo único que piensas en ese momento es en el número de cervezas que van a caer. El organismo se estremece como un sistema descompuesto, una red eléctrica que funciona con pocos voltios. El aroma erótico de una mujer inflama el ambiente. Sumido en el estudio de la geometría de sus pechos, de su geografía, de su exacta y estremecedora anatomía, uno se descubre viejo y lejano. Es el momento de tomar un carajillo, de comprar un libro de Murakami, de escuchar un poco de rock sucio, de fumar en las escaleras de la catedral donde una gitana evangelista exorciza demonios con ramitas de romero y come una jugosa sandía que chorrea por sus manos pringosas, por sus brazos hasta los codos, por su escote hasta el ombligo y por último hasta el mismo coño para refrescar insectos de alas mohosas… necesito un trago.

    Me distrae la hora. Debo descansar otro día para continuar otra noche. El ciclo comienza y no se cierra. Toda esta locura me está haciendo pensar en la verdad. La verdad no esconde, muestra y enseña lo que parece estar oculto. Una verdad que se busca en todo, en los amigos, el trabajo y en la cama. Se regocija en la sorpresa de regalar placer, de ofrecerlo a pesar de nuestro egoísmo y nuestra avidez, en ese ser generoso sin pensarlo, sin planearlo, en hacer de la cama un lugar salvaje. Un tórrido lecho de efluvios letales, bestias que despiertan al grito de la sangre y el deseo, animales que se enredan como lianas en los lagos exóticos de lo imprevisto. La verdad va más allá de los secretos de la vida, que consisten en reconocer los mismos abismos inconscientes en cada uno y en cada cual, dominar la estaciones y las mareas, reconocer el tiempo de cosecha en el momento justo en que madura la fruta, adiestrar al cuerpo a convivir con su animal, no gritar más allá de la consciencia y saber amar. El amor tiene mucho de cama recién hecha, de hogar, la eterna vuelta al hogar donde nacer y renacer, donde dormir sin miedo a los murciélagos, donde levantarse con olor a tostadas y café. Pero la verdad no sucumbe al amor, no se deja dominar… la verdad exige algo más que conocer… la verdad exige un cambio de actitud… un arrepentirse.

    Antes de desmemoriarme busco una taberna. La encuentro y tomo una cerveza… nunca es demasiado temprano para según qué cosas. No hablo mucho, hoy tampoco. Me voy tras pagar la tercera. Recorro las calles. El sol ya es indecente, luciendo con su ardor los cuerpos de jóvenes criaturas. Ando sin prisa, sin rumbo fijo doblo Recogidas. Parece que se ha movido un poco de aire, irreales como gigantes parecen los segundos en este intervalo de tiempo. El aire huele a mar, a mirra, a nardo. Una paloma alza el vuelo antes de ser atropellada. Todo parece ahora estar en su sitio, no sobra nada y en mí se forma la idea de tener lo suficiente. No quiero ni volver a respirar. El cielo ha cambiado. La luz ha cambiado. La paloma se ha quedado detenida a un palmo de la rueda, sin apenas emprender el vuelo. Las caras de la gente se han iluminado y se han paralizado. Sólo yo en medio del mundo. La gente de los escaparates no mira sino a otro vacío más. La gitana aún no ha secado el néctar chorreante de su cuerpo. Los bares están a medio abrir y a medio cerrar. Todo ha cambiado sin que se mueva nada. Miro atrás tras doblar la esquina y no hay nada. Nada queda de lo andado, nada queda atrás, nada hay. Nada, salvo la débil risa que a veces surge de las aguas enterradas.

    “Y aunque no estuviera sobrio ahora, ¿por qué artes fabulosas, sólo comparables, por cierto, con los caminos y las esferas de la sagrada Cábala, habría podido volver a encontrarse en ese estado al que antes había llegado brevemente esa misma mañana, ese estado fugaz y precioso, tan difícil de mantener, de ebriedad en que sólo él estaba sobrio?”

    Bajo el volcánMalcolm Lowry

    Siempre vuestro Dr J.

    PD: permitidme un consejo, protegeos de las insolaciones.

    Imagen original en Wikimedia Commons

    15
    Jun
    Escrito por J. » Comentar »

    Bodies of Knowledge

    Bodies of Knowledge

    Y también “De humani corporis fabrica” de Vesalio.

    2
    Jun
    Escrito por Dr. J. » 11 Comentarios »

    Entonces Llega la Noche

    Rafael Cansinos Assens

    Entonces llega la noche. Las sombras habitan los pasillos de las escuelas, los pasillos de los hospitales, los cuartos de las casas vacías, las esquinas de las calles que dan a parar a la plaza. Las sombras desnudan a las almas y las dotan de una verdad incierta que tiembla como la luz de una antorcha. Aúllan los silencios, crujen las maderas de las iglesias, las vigas de los techos, las velas de los barcos que acaban de atracar. Y las tabernas acogen a los desheredados, a los noctámbulos e insomnes, a los que no tienen nada que perder ni que ganar. Los enfermos miran por las ventanas y pierden la vista con la luz amarilla de las farolas, viajan lejos y vuelven sólo interrumpidos por estruendos de sirenas. Los locos y dementes pulen en la noche piedras preciosas que sólo se pueden ver a esa hora, y que regalan en sueños a amores perdidos. La noche permite fumar en los balcones, besar en los portales, dormir en los bancos de una piedra de mármol. La noche acorrala la soledad y la invita a beber de su mano. La noche nos deja estudiar buscando en las letras los trazos de una ciencia profana, descansar tras otro día desgastando la vida, seguir trabajando de noche en la obra de la noche. La noche es una ciudad de estructuras horizontales. Paren las fértiles hembras sujetas a las mareas del mar y la luna. La noche acoge el llanto de una cría y el desvelo de sus padres. La noche se desviste en impúdicos abrazos cuando la sed es propicia. La noche aguanta el asedio de una atroz batalla en los muros de la fortaleza. La noche es virtud y es inocencia en los labios que buscan tu nombre. La noche aturde con su neblina esférica de opiáceos y planetas, se perfuma de olvido, una elegía amarga de un engañoso sueño es la noche. La noche es un burdel o un vergel según por donde se camina. La ciudad acoge en la noche cuerpos y almas. Se entonan apesadumbrados salmos en un lenguaje tan antiguo y extraño, que ya no se entiende, y así se va la hora de la víspera. Los árboles roncan con el hálito del viento y la humedad de la tierra comienza a trepar por sus troncos, buscando sus ramas, queriendo llegar al filo de sus hojas para danzar en salto mortal hacia su dispersión. Los gatos ronronean ajenos a la idea del tiempo, rozando sus lomos con los bajos de un coche mal aparcado, buscando entre susurros el pelaje hermoso de una gata que conquistar. Las aves escrutan la indeterminada región que queda a mitad de camino del suelo y las órbitas errantes de los astros. En el campo crecen la hierba y los gusanos, cantan los despistados gallos que ansían la llegada del sol, ladran como perros los salvajes y los asesinos. En la ciudad los camiones de la basura interrumpen una melodía de Miles. La noche disimula los cuchillos, las lágrimas y las despedidas.

    La noche no es perfecta porque no lo necesita, porque es en cada lugar única y precisa. Un candelabro de siete brazos alumbra a los que quedan despiertos y vestidos, buscan luces artificiales para ver. Muchos poetas dicen que con la noche se ven mejor las estrellas y la luna, persiguen la oscuridad para ver luz dentro de ella, encuentran contrastes en lo oscuro. Sin embargo hay quien piensa que la noche no necesita de luz, que la noche con la oscuridad se basta para ser entendida. El deseo humano envilece, y cuando uno posee a alguien, aunque tan sólo sea por amor, siempre tiene un sutil sentimiento de desprecio, como quien desprecia lo distinto, lo pasado, lo poseído. Por eso los que persiguen en la noche ver mejor las estrellas, desprecian al mismo tiempo luz y noche. Sin embargo, el que ama las sombras por lo que son, comienza a ver a través de la noche, comienza a entender los silencios de las almas descalzas que hablan con media voz. Así se desnuda una carne. Así la noche es un desierto o un jardín. Entonces llega la noche.

    “Como los que no tienen nada que esperar de la aurora, me he hundido para siempre en la noche y ya no cuento sino con temor las horas que tarda en cantar el gallo matutino; las horas que preceden a aquella en que la tierra cruje de nuevo con dolor bajo los rudos pies de la mañana. Y todos mis cantos son para la noche; para la noche, dulce y compasiva, hermana de todas las drogas que procuran el olvido, dulce aún para los que velan, y rica, aun para los que velan, en sueños prodigiosos.”

    (El alefato de la noche; perteneciente al libro de Rafael Cansinos Assens, El Candelabro de los Siete Brazos. Publicado en 1914, a sus treinta años, por este sevillano, educado en los escolapios, judío converso y traductor del Corán y las Mil y Una Noches. Maestro de Borges, poeta y vividor. Dedicado a los insomnes).

    Siempre vuestro, Dr J.

    Enlaces relacionados »

      [Rafael Cansinos Assens | Wikipedia]
      [Fundación-Archivo Rafael Cansinos Assens]
       
    19
    May
    Escrito por J. » Comentar »

    Clásicos de la Literatura en la Red

    En “Classic Literature Library” se pueden leer algunos grandes clásicos de la literatura que han pasado al dominio público. También he actualizado el artículo Drácula | Bram Stoker (1897) añadiendo un enlace a la sección de Bram Stoker que tienen en la citada página. [Metafilter]

    14
    May
    Escrito por Dr. J. » 15 Comentarios »

    El Invernáculo

    invernaculo.jpgEntro con cautela en busca de un raro ejemplar. El clima es cálido, cercano a los 27 grados del trópico. Especies hay miles. Especies mezcladas como en los albores de los tiempos, como encontrar en los Urales troncos torcidos de palmera, como encontrar peces de escamas calcáreas entre las dunas de un desierto. Andar por entre su arbórea y variada vegetación, es como viajar por estaciones y espacios. Hay plantas como vestigios de una civilización. Hay plantas que traslucen sus secretos químicos, savia de una farmacopea entregada al consumo humano. Plantas que ennoblecen la vista, el gozo de una inteligencia sedienta de hermosura. Plantas para la meditación y el espíritu. Plantas para reconocer el cosmos, para explorar la naturaleza, para descubrir los enjambres de las últimas floraciones, para descubrir con lo observado la composición del mundo, para descubrir en el interior del hombre el reflejo de los paisajes celestes. Viajes. Dependencia mutua entre naturaleza y humanidad. Plantas cultivadas en otras épocas, ofrecen sus secretos con humilde cautela. Extender la mano y tocar para darte cuenta que cada perfil es único. Pronto se puede ver que este invernáculo es un ecuador, que en tan poca extensión no se puede albergar mayor variedad posible. Aquí un hombre puede considerarse un ciudadano del mundo. Cada hoja es un recreo para la imaginación. De un vistazo pasas de la uniformidad de las llanuras áridas, a la fecundidad de las tierras tórridas. Algas de las profundidades abisales, líquenes de las altas cordilleras, hongos de las zonas umbrías, parras soleadas de la campiña. Flores crecidas bajo las constelaciones del sur, bajo los nublados de Magallanes, en las orillas de Asia, en las costas del polo ártico. Agrupadas o dispersas, conviven en fantástica hermandad. Esconden las pesadumbres del hombre y sus remedios, los sentimientos y pensamientos de una humanidad joven que empieza a reconocerse bajo la luz del faro que alumbra el mundo. La ciencia crecida sobre la energía electromagnética y aprovechada para hacer crecer nuevas plantas en domésticos invernáculos.

    ¿Qué desea? Pues verá, mi mujer es una gran aficionada y desearía algo novedoso para regalarle. Su cara escruta entre las hojas, encuentra tras un paseo algo que pueda serle de su agrado. Se lo entrega. Es algo atrevido, comenta, pero creo que le gustará. El cliente sale y yo me acerco al guardián de invernáculo. Al reconocerme me saluda con gesto sobrio y cómplice. Advierte mi afeitado y me lo comenta. Le pregunto por esas plantas de la noche de San Petersburgo, sonríe, mira en la mercancía recién entregada y me responde con toda cordialidad que el envío está en camino. Charlamos, hoy está algo más triste, mascando fracasos ajenos que uno nunca puede solventar. Esta noche ha dormido poco, como casi siempre. Me mira. Es alto. Saca dos ejemplares tras el mostrador. De momento ten esto, ya lo iba a reciclar. Me acerca los dos tomos en edición facsímil del tratado de Humboldt, “Cosmos”. Lo acojo en mis manos y a la bolsa. Le invito a un café. Acepta. Abandona por un momento su hermoso invernáculo y salimos a una terraza soleada que hay en la plaza. Hoy ha pedido un zumo de naranja. Es mi librero.

    “La naturaleza es el reino de la libertad, y para pintar vivamente las concepciones y los gozos que de su profunda contemplación emanan, sería por lo tanto preciso que el pensamiento humano pudiese revestir, también libremente, las formas y la elevación del lenguaje dignas de la grandeza y majestad de la creación.”

    Cosmos, o ensayo de una descripción física del mundo. Alejandro de Humboldt, Berlín 1769-1859

    Siempre vuestro, Dr J.

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