Un libro, y dos discos. Una historia de sonidos, que en venturosa conjunción de paralelas, forman una constelación de héroes perdidos, por las vías secundarias del viejo Rock de carretera.
La música como la lluvia que lo bendice todo, ya seamos leaves or grass. Guía el sentido y el modo. Aletean bajo su teoría, melodía y caos, complementados en un baile de sistemático azar.
Un cocktail de progesterona y sinrazón, que nos abre las puertas de, esta vez, un cadillac solitario. Así comienza el relato de las andanzas legadas por un ginecólogo, que nació en Granada, al son de una súplica de amor de los Beatles. Amante, por ese ende, del misterio que tensa lo siniestro y lo bello. Siempre en buena lid contra “la desazón del gineceo”, se le quiere mejor porque se le entiende, a esta vera de la hoguera de Prometeo.
Mosqueteros cerveceros, del lado oscuro del futbolín. Determinados vicios y lolas, y un pasado por venir. Ciencia-arte-religión. Corazones triangulares que al pasar descomponen la luz del sol. Contracultura contra la cultura, y molinos gigantes. Aunque el enemigo, en el juego del ego, no sea más que otro personaje de rol.
Pero merece la pena el viaje. Los mendigos susurran que lo has leído, que este camino es el real. Entre las gastadas pistas adivinan “el sencillo rostro de la felicidad”. Y si no, los márgenes del libro siempre nos llevan a un sitio mejor, desde donde se ve la ciudad.
“Lola y otras canciones de amor (Hormonas, contracultura y rock)” – Nicolás Mendoza Ladrón de Guevara.
La sin razón y el miedo se apoderan de nuestras mentes. Nuestros tímpanos más que vibrar tiemblan aterrorizados cuando las ondas sonoras de la palabra crisis los golpean. Nuestros cerebros responden aturdidos en una marea eléctrica. Los banqueros atiborrados y opulentos ven mermar sus ingresos, esos que han ido consiguiendo con el arduo trabajo que supone subir hipotecas, crear miles de porcentajes sin sentido para obtener comisiones, enfrascados en el juego de yo te vendo tu me compras y así les sacamos el dinero. Y en ese estado de frenesí vieron el nacimiento de un agujero negro. Un centro de gravedad que todo lo atrae y lo concentra en un punto, un centro de gravedad etéreo y maldito que se queda con sus millones. Un agujero negro creado por ellos como resultado del torbellino del cambio imaginario de dinero y así como por arte de magia se hizo real. Se ha hecho poderoso, temible. Preludio apocalíptico del fin del mundo, del fin de su mundo. Han comenzado a gritar como pusilánimes quinceañeras a las que un hermano travieso ha dejado deslizar una lagartija por su espalda. Gritando a coro la tan temible palabra, crisis. Histéricos, aterrorizados exigen a los gobiernos fondos para mantenerse, para salir de su crisis.
La sin razón y el miedo se apoderan de nuestras mentes. Nuestras narices respiran aterrorizas a través de mascarillas de papel temiendo el aire impregnado de la gran pandemia de gripe. La fina separación entre nuestras fosas nasales y nuestro cerebro no nos protege. Esa gripe de las mil caras y los mil nombres inadecuados: porcina, Norteamericana, nueva gripe, gripe A (H1N1). Esa gripe fatal y destructora provoca reblandecimiento cerebral, tos, mocos y estornudos. Hasta la fecha el terrible número de unos 119.000 casos y 627 muertes confirmadas nos adelantan nuestro inevitable final. Histéricos y aterrorizados porque son más los casos, porque son más las muertes, porque no existen fronteras para este virus.
La sin razón y el miedo se apoderan de nuestras mentes. Nuestros ojos reciben a través del televisor de pantalla plana las imágenes de un ataúd de oro y miles de personas que lloran, cantan y bailan la muerte de un artista, de un Rey, del Rey del Pop. Imágenes que hacen sentir a nuestra mente la inevitable realidad de la muerte. Triste se nos anticipan la imagen de nuestra propia muerte, y la de nuestro funeral. Compungidos y temeros cual niños ante la sombra que acecha en el armario de nuestro cuarto solitario y oscuro luchamos contra la imagen del fin. Si él muere, ¿quién no morirá?
Nuestros sentidos añoran las noticias inocentes, justificadas, que no creemos, que nos generan dudas, a las que se habían acomodado. Esas realidades que atraviesan nuestros oídos, que no olemos, que no impregnan nuestras retinas. Imágenes de 852 millones de personas desnutridas, emitidas por organismos poco rigurosos como la FAO, imágenes de 25.000 muertos diarios de hambre, imágenes de 6 millones de niños que mueren al año de hambre. Tímpanos endurecidos para ondas sonoras que traduzcan SIDA, que suenen a 33 millones de infectados, 2 millones de muertos en al año 2007, 2.7 millones de nuevas infecciones. Narices que no van a oler al mosquito Anopheles, ni el sudor que emana de la fiebre que provoca la malaria. Para ella existe frontera, la imponen el dinero y los trópicos. Narices que no olfatean la amenaza a la que está expuesta el 40% de la población mundial, que no huelen el sudor de las fiebres que sufrirán 500 millones de personas al año ni el hedor de la muerte de 1 millón de personas al año que provoca el mal aire. Datos relativos, llevados tremendistamente a la categoría de pandemias por la Organización Mundial de la Salud.
¿Dónde enterramos la razón? ¿En qué ataúd de oro amortajamos al sentido común? ¿Cuándo llegó la crisis, si es que alguna vez se fue? ¿Por qué una muerte es más que otra? ¿Cuál es la diferencia según la causa de la muerte?
Cuando alguien muere algo se pierde en la humanidad, pero resiste. Cuando perdemos la razón, los sentimientos, la esencia del ser humano, la humanidad es la que está muerta. ¿Quién cantará en su funeral?
Tras 100 días en la presidencia de Barack Obama ha llegado el momento de su primera evaluación. Recordemos las altas expectativas generadas en torno a su llegada al poder, no sólo en EEUU, sino en todas las partes del mundo. Promesas como el cierre de Guantánamo, la reducción de las emisiones de carbono, la apuesta por las energías renovables, y por supuesto, sus medidas económicas en los tiempos que corren, hicieron que el mundo viese en él un Mesías.
Pues bien, pocas cosas han cambiado a decir verdad. EEUU sigue manteniendo sus señas de identidad, basadas en el capitalismo más salvaje, su obsesión con la seguridad y el terrorismo y su apoyo a los máximos aliados alrededor del mundo como Israel. Si bien durante las visitas por América Latina, Europa y Oriente Próximo han dejado un sello diferente en cuanto a actitud y maneras, los mensajes de fondo son similares. Y ya se han podido ver los primeros cruces de declaraciones con el “eje del mal” Irán, Venezuela, Cuba…
Las medidas económicas bien las podía haber firmado el gran Bush y su administración. Y seguimos sumidos en una situación de crisis, algo que evidentemente no se iba a solucionar en 100 días, pero al menos la esperanza y el optimismo podían haber mejorado. Habrá que seguir esperando a que los bancos faciliten créditos y “repartan” las ayudas que han recibido de los diversos gobiernos entre empresas y ciudadanos para aumentar la liquidez y reactivar la economía. El paro sigue subiendo en EEUU y las bolsas no confían en las medidas tomadas por el nuevo mandatario.
De momento tampoco se avista la retirada de las tropas americanas de Irak. Sus viajes relámpago para apoyar a las tropas nos han traído al recuerdo imágenes del pasado. El movimiento estrella sin duda ha sido el cumplimiento del cierre de Guantánamo. Aunque al mismo tiempo ha demostrado falta de previsión y ha generado otro problema al no saber muy bien que hacer con los presos que allí se hallaban recluidos. ¿Deberían acogerlos otros países como gesto de buena voluntad, debería EEUU dar asilo a los que han sido retenidos sin acusación alguna…? Y que decir sobre la promesa de Obama durante la campaña: «Bajo mi administración Estados Unidos no torturará, acatará la Convención de Ginebra, y mantendrá nuestros valores e ideales más elevados». Sonaba tan bonito…pero nuevos escándalos han demostrado que, aunque así lo pensase, no le iban a dejar ejecutarlo. El Imperio es el Imperio.
Algunos tenían las expectativas tan elevadas, incluso dentro del partido Demócrata, que hablaban de valorar la posibilidad de tomar medidas contra el ex-presidente por sus actuaciones por el mundo. Vamos, que ni de coña nadie va a juzgar a un presidente de EEUU por crímenes de guerra, ni pasados 100 días de su salida, ni pasados 100 años.
Había otras propuestas más a largo plazo como la apuesta por las energías renovables y el compromiso de reducir las emisiones de carbono en un 80% en 30 años. No le van a dejar gobernar tantos años, entre otras cosas porque la ley electoral lo prohíbe, pero seguramente ni en ese tiempo lo lograría. Al menos confiemos en que en estos años EEUU vuelva a la senda de la cordura y de ejemplo firmando y poniendo en práctica el acuerdo de Kioto. Igualmente daremos tiempo a la arriesgada apuesta de Obama por el Premio Nobel Steven Chu como Secretario de Energía. Y ojalá tenga tiempo de dar los primeros pasos para liberar al mundo de las petroleras y multinacionales energéticas que gobiernan desde hace mucho más tiempo que Obama. Las energías renovables han de arrancar con el apoyo de una administración que crea en ellas y haga frente a intereses demasiado establecidos. Y en este sentido hay que ser optimistas porque no nos queda otra.
Lamentablemente parece que nos quedan cerca de 4 años de mucho continuismo, decepciones y vuelta a la realidad. Es decir, que Estados Unidos seguirá campando a sus anchas por el mundo, preocupándose principalmente por sus propios intereses y los de aquellos que apoyaron y financiaron al ahora presidente durante la larguísima pre-campaña y campaña electoral. Este statu quo deja tranquilos a unos cuantos como Israel, Bush, la Reina de Inglaterra y muchos Madoffs que aún quedan sueltos por ahí.
“Y los zaguanes oscuros, extrañas bocas sin fondo, van a lamerte los labios calientes y rumorosos” Manuel Picón
Existe un dicho popular grabado a sangre y fuego entre los porteños de Montevideo: “Si querés conseguir algo tenés que ser un poco canalla, especialmente si se trata de una mina(1)”. Pero el truco está en serlo solo un poco, no está la vida como para ir haciendo enemigos. Si se va la mano y el mate se pasa de amargo, nadie debe saberlo.
Los viernes por la noche acudía al facal(2) que hay en la esquina de Minas y Dieciocho de Julio a esperar que la fortuna me enviase algún otario(3) para poder costearme la chicha y la grasa(4) del resto de la semana. Estaba en la franckfurtería que hay frente a la entrada del facal para conseguirme un bocado caliente cuando pude ver por primera vez sus ojos verdes, apurados por el azar de haber olvidado los pesos al ir a pagar. Como un buen charrúa la socorrí, y después la galantería y el hecho de ser guapo hizo todo lo demás.
Comenzamos a vernos con frecuencia y nos gustaba pasear por la orilla del río y ver los ferrys que partían hacia Buenos Aires. Coincidíamos en el sueño atávico de tomar uno de ellos y alejarnos de la ciudad, a la que por no sé que extrañas razones seguíamos ligados. Pero está claro que uno no elige cuando y de quién se enamora. Un día me confesó que estaba liada con un tipo que controlaba todo el cambalache del puerto de Montevideo y, claro está, eso eran palabras mayores. No podía levantarle la mina a un bacán(5) de esa envergadura sin arriesgarme a amanecer colgado de las ternillas en una de las grúas que desembarcan la mercancía. Pero también estaba cansado de renunciar y en ese momento no tenía muy claro si podría seguir viviendo sin ella.
Llegó el verano para precipitar las cosas, como casi siempre. Se marchaban a Punta del Este durante un tiempo excesivo para mi posibilidad de aguante. Ya me costaba demasiado esperar todas las noches hasta el día siguiente e imaginármela en los brazos sin alma de aquel macana. Una vez más tendría que recurrir a la fabla(6) para conseguir mis objetivos. Todo era cuestión de sumar voluntades. No me costó demasiado llegar a un acuerdo con ella y recibir la información sobre los lugares que frecuentaban.
El siguiente paso era algo más complicado. Me dirigí a los alrededores de la cancha de Peñarol, donde en otros tiempos escribían la historia El Cotorra, Schiaffino, Morena, Perdomo… Ahora quien mejor corría la banda era mi amiga Margot que, a pesar de ser más social que las gallinas, estaba profundamente enamorada de mí. Su sueño, como el de todas las yíras(7) era conseguirse un bacán que la retirara, y en eso estaba mi baza. A pesar de la cantidad de noches que había pasado a la intemperie tenía clase, y sobre todo unas caderas que me recordaban a Marta Gularte. El trato era que yo le proporcionaba el bacán y ella se olvidaba de mí, al menos durante un tiempo.
El resto era lo más sencillo, conseguir un par de socios de entre el malevaje que se dejasen dar un par de golpes por unos cuantos pesos.
Todo estaba preparado de antemano. Margot y yo esperábamos en las cercanías de la calle donde estaba situada su lujosa casita de verano. Mis socios, apostados en la esquina, esperaban la señal que ella me enviaría por el celular desde la toilette del restaurante donde habitualmente iban a cenar. Todo en orden, unas risas de alcohol se escuchaban poco discretas desde el fondo de la calle. Las tres sombras se abalanzaron sobre ellos poniéndoles una navaja en el cuello y yo, que en ese momento pasaba por allí, la emprendía a golpes con mis socios. Todo salió a pedir de boca, salvo un diente que le tuve que pagar al más pelotudo.
Sabía que aquello sería definitivo para entablar amistad con ese tipo. Esta gente conoce a la perfección que su vida depende de otros y, al poco tiempo, ya estaba trabajando para él. Volvía a poder asomarme todos los días al mar esmeralda de sus ojos.
Margot no tardó demasiado en hacerse con él. Si hay algo que hacía mejor que nadie era seducir a los maulas(8) que no dudan en coquetear con la mujer del hombre que les ha salvado la vida. Solo bastaron unos cuantos pases de sus nalgas candombleras y ya estaba en el frasco. Lo siguiente es fácil de imaginar: Una cita con Margot en su casita de verano mientras yo llevaba a su china de compras, un olvido que obliga a regresar de forma imprevista y… a repartir el pastel de forma elegante, utilizando viejos códigos de garufas(9) Todos teníamos en ese momento lo que queríamos.
Sí, soy un fablador, y no me avergüenzo de ello. Por el mismo motivo que tampoco le guardo rencor a Margot por colocarme en la chaqueta una bolsa de cocaína que me atrapó la cana(10) cuando íbamos a cruzar la aduana para tomar el ferry de Buenos Aires. Nunca había temido perderlo todo porque nunca había tenido demasiado, pero en esta ocasión no solo perdía la libertad, perdía también a mis ojos verdes e, incluso, a mi amiga Margot, que consolaba mis largas noches de invierno. Cuando saliera de la cana tendría que volver a aliviarme en los cotorros(11) y en el fondo de los zaguanes, Pero no pasa nada, la vida me debe otra.
Y es que no podés fiaros de una yira. Y menos aún si le brillan los ojos al mirarte.
Vocabulario:
1) Mina:
Mujer
2) Facal:
Bar céntrico situado en una esquina
3) Otario:
Individuo torpe, con poca experiencia
4) Grasa:
Licor
5) Bacán:
Individuo adinerado, de la alta sociedad. Pretencioso
Tegucigalpa. Se levanta la mañana, muy temprano, es de madrugada y el sol ilumina como si fuese mediodía. Las calles ya bullen como un hervidero y se escuchan los gritos de decenas de vendedores ambulantes que predican delicias hechas por manos femeninas con base de maíz la noche anterior, cláxones desmadrados llamando a un mayor caos, nubes de tierra ascienden por acelerones y frenazos de viejos coches desvencijados. Frenética actividad dirigida hacia una nada inevitable. Se despierta el desasosiego antes casi de que se haya acostado. Niños sin zapatos recorren las calles terrosas mientras jóvenes envejecidos por el resistol se tambalean con los pantalones casi bajados y cubiertos de orines. Madres que transportan pequeñas criaturas que van mamando de los secos y caídos pechos mientras ellas danzan por la cojera de una fractura por atropello mal consolidada y que salen a vender tortillas. Ancianos de mirada perdida y profunda que portan machetes de hoja ancha y larga y un hatillo de ramas cortadas en la noche que termina. Perros que vagabundean sin destino fijo y que olisquean las calles en busca de un desayuno. Hombres ocupados en la única ocupación al alcance de todos, el desanimo. Voceadores de destinos que corren asidos de las puertas de autobuses amarillos en otro lugares desechados y que nunca gritaran felicidad, progreso, esperanza. Coches de policías que cruzan con miradas tristes, calados con chalecos antibalas y gruesas escopetas de cartuchos, hacia un nuevo tiroteo. No se puede saber si es violencia que se levanta o que colea antes de acostarse en un breve sueño. Sueños de realidad henchida, en dónde las maras se crecen y exterminan.
Y en el dolor, también, inexplicables miradas alegres para ojos que vienen del mal llamado primer mundo. Sonrisas veraces que rompen la oscuridad como un rayo en la noche y que truenan en esos mismos oídos del primer mundo que no comprende y en el que restallan. Ojos que no saben ver y oídos que no saben escuchar. Ojos y oídos saturados de mentiras piadosas y medias verdades destructoras. Vista nublada para la realidad del mundo, oídos taponados para las verdades que se gritan desde el mal llamado tercer mundo.
Risas, cantos, bailes con ropas de mil colores. Fraternidad creada a las puertas de la casa de la miseria, en dónde se comparte el arroz y el frijol. Gallinas que corretean por entre las ruedas de los coches celebrando un día más de vida.
La vida que bulle, que grita, que enloquece, que se desborda sobre regueros de miseria y muerte. La vida que sufre y que puede, que quiere y que odia. Vida que se ríe de sí misma para en un salto mortal sobrellevarse.
Y todo enmarcado entre grandes y verdes montañas coronadas de nubes y ceñidas por las últimas chabolas instaladas.
Una niña sentada, de la mano la pequeña hermana, mientras respira sólo observa.
En Italia, a los escritores políticamente incorrectos los llamamos i poeti maledetti. Tendría que sumergirme en los abismos de nuestra historia para encontrar el origen de esta tradición, pero el término se acredita desde lo pronunciamientos de Ferlinguetti y otros beatniks. Si la biología hubiese permitido a William Burrough y a Allen Ginsberg tener descendencia común, ese podría haber sido Tom Waits, o lo que es lo mismo, un poeta maledetto si bien al más puro estilo americano.
La lectura del libro “Tom Waits, conversaciones, entrevistas y opiniones” es poco más o menos como la cata de un vino italiano: se destapan sensaciones ostentosas con los primeros asaltos visuales y olfativos, en el paladar se presenta agridulce y termina mostrándose áspero en el regusto.
En esencia, nos presenta a Tom Waits como una heterogénea visión de él mismo, tan caótico como predecible, tan absurdo como convencional, contradictorio y fuertemente recomendable. Sus seguidores hemos respirado en su música los últimos humos del bebop que cegaron a los poetas beat junto con el blues, el rock, el punk o el folk. Su sonido es atemporal, abstracto y disonante. Sus letras insolubles. Cuidada es su imagen de despeinado baladista alimentado de bourbon, agarrado a un piano, con barba de dos días y guarecido por un sombrero de fieltro polvoriento.
Artista insondable, poeta de mendigos, heredero de hipsters. Bebe de la misma fuente que Wolfe, Faulkner o Steinbeck. Se siente como Whitman, como Ginsberg o como Mingus y aspira a ser un Bukowski (su novelista preferido junto a Borroughs) o un Louis Armstrong. Muchos lo definen como antihéroe, filósofo ingenuo, paranoico o charlatán de feria, pero en su currículo hay más de 20 álbumes, algunos premios y apariciones más o menos afortunadas en un puñado de películas. Recuerda cuando fue telonero de Zappa y de los Stones (Keith Richards ha participado en alguno de sus mejores discos), cata con orgullo sus canciones versionadas por Springteen, Rod Steward o Patti Smith, y asiente la idolatría de Beck y el ser autor de culto para los insatisfechos del pop.
En el libro, Tom Waits ofrece entrevistas y largas conversaciones con algunos de sus compañeros de carretera, como el director de cine Jim Jarmusch o el músico Elvis Costello. Los lleva por callejones estrechos a tugurios deprimentes, salones traseros, bares destartalados y hoteles baratos. Sus respuestas son alocadas y están llenas de frases sin sentido, eso es lo que se espera de él. Se interpreta a si mismo y a los chiflados y vagabundos que pasan por sus canciones. «¿Por qué aguantarlo? -dice uno de ellos-, porque puede mostrarte lo que ya sabes y hacer que creas nuevamente en ello.»
Tom Waits siempre anduvo alejado de la manada. Nada es sagrado para él, pero como la mayoría de la gente a la que encuentra en su camino, tiene un código ético. Desconfía de la tecnología (golpeará con un palo antes de encender un aparato) y su música no es el estereotipo para las radios de rock. Curiosamente, Bone Machine, el disco más difícil de entender, es el que recibió uno de sus dos premios Grammy. Entonces, la revista Rolling Stone resumió su carrera en una frase: «durante más de 20 años, Tom Waits ha sido el cronista de los grotescos perdedores del submundo sórdido». El otro Grammy lo ganó por Mule Variations, quizá su mejor trabajo, un álbum que resume su trayectoria por el mundo de la música, con blues fantásticos cargados de sabor rural, alusiones políticas, detalles autobiográficos y ruido organizado.
Lo que lo hace tan valioso, y continuamente atractivo para generaciones de oyentes que buscan algo no convencional es, aparte de su sentido del humor, su inquietud por obtener la belleza de la vulgaridad y la desesperación. En sus canciones teje las fantasiosas aventuras de vividores, borrachos, excéntricos y vagabundos que nunca andan lejos del amor o de la muerte. «Me gustan las melodías hermosas que cuentan cosas terribles», dice Tom Waits.
Se refugia en un lugar celosamente guardado de Sonoma Valley donde ensambla sus múltiples personalidades: padre de familia, narrador de historias, poeta de taberna. Como él explica, vive en su desorden bipolar. Tampoco pretende resolver el viejo dilema americano de deambular o echar raíces (“Todo lo que has amado es todo lo que posees”, dice), sólo procura encontrarse con sus chirriantes, desarregladas y polvorientas epifanías. Su mujer, Kathleen Breennan, por cierto, también es su productora y coautora.
En algún momento del libro alguien escribe que Tom Waits «sería el Springteen de EEUU, si EEUU fuera una tierra desahuciada y extraña llena de monstruos de circo». ¿Es que no es así?
Os voy a comentar algo que me pasa con PinkFloyd, en este caso el disco tonto Animals: Primero es majestuoso como el alegato al día de un animal (persona). Empieza con una guitarra de bienvenida al día, o al menos a mi me lo parece, después entra en la profundidad de los sentimientos diarios —ya sea trabajo, relaciones: lo cotidiano— con una guitarra hiriente, impresionante, unos altibajos musicales pero a la vez tranquilos; sensaciones de ecos lejanos pero a la vez muy cercanos. Para mi, se apodera una tranquilidad nerviosa con el perfecto rasgueo de la guitarra. Y después de un día atareado el final te baja y te reclina con una música semiacústica… y a soñar.
Y de regalo un vídeo de hora y media de un concierto de Pink Floyd.
México lindo, altiplano central “norte”, Real de 14, ciudad fantasma fundada a mediados del S. XVIII, ahora resucitada por ricos mexicanos y norteamericanos que han encontrado entre sus muros paz y sosiego con los que consolar el alma podrida, eso, o el milagroso San Francisco de Asís, patrono de Real, donde los huicholes, recorren kilómetros y kilómetros para entregar sus ofrendas en Cerro Quemado, en una ceremonia místico-religiosa, donde se ofrece el mágico peyote, para iluminar el camino y la conciencia y encontrar de una vez como decía Castaneda el “camino del corazón”.
El número 14 identifica a los catorce soldados españoles que fueron asesinados por los indígenas de la resistencia hacia el año 1700. Esta población alcanzó su punto más álgido a finales del S. XIX cuando la explotación de las minas de plata concentró a más de 40.000 almas. Ahora no llegan a 1500. Tan solo hicieron falta 30 años y el hundimiento del precio del metal, para convertirse en lo que ahora es.
Hablemos de terminar… terminar aquí en Real, terminar aquí porque uno termina por sentir aversión por todo aquello que más quiere. Precisamente por ser lo que más quiere. Cavilo yo que una pareja no es real hasta no haber cruzado, aunque solo sea por un instante, el umbral del odio mutuo. En mi caso no hay tal odio, pero sí un sucedáneo complicado que yo mismo no acabo de entender.
Cuando te amo simultáneamente te odio “ambivalencia freudiana”: decir te amo es como decir yo miento. Te amo porque eres divina, si no fueses divina no te amaría, nadie ama a un monstruo, pero ninguna persona es divina. Al amarte te lo perdono todo y no te perdono nada. Te amo porque eres divina, te odio por no serlo. Esto es para que lo entiendas como el termostato de un calentador de agua: si está desconectado se conecta; y si está conectado se desconecta.
Todos mis actos son profundos, todos mis actos son aparentemente contrarios a la lógica te amo no te amo. De pronto representas en imágenes tu perfil finito; surge el disgusto causado por alguien que no responde a lo que se esperaba. Después vuelves a iluminarte con la incandescencia del deseo; dejas de ser finita. Polos complementarios, conciliación de los opuestos, coexistir en el ánimo de los sentimientos… dialéctica de la finitud, quiero terminar esta pequeña huida aquí en Real de 14, quiero encontrar el camino del corazón, corazón perdido, corazón desolado, corazón descuidado.
Hay que cuidar al que cuida, no encuentro otros motivos.
Aunque como bien dices, las contradicciones de lo finito se superan cuando se alcanza la temperatura de fusión.
La pasada semana vivimos la concesión del segundo grado penitenciario al Etarra De Juana de Chaos. Quizás la situación más controvertida de los últimos años y que más reacciones y consecuencias va a acarrear.
No vamos a entrar a discutir la decisión, para la cual cada uno tendrá su opinión. Lo que está claro era que la situación jurídica era un callejón sin salida.
El tiempo corre demasiado deprisa para todos; para unos porque la legislatura se pasa y el futuro no es prometedor; para otros porque la situación se les pone de cara para regresar al poder; y para los terroristas porque el cambio de Gobierno les aplicaría políticas mucho más duras, sin ninguna posibilidad de hallar una solución negociada al conflicto, como ellos suelen decir.
El movimiento del Gobierno es un todo o nada, un auténtico órdago a grande, en el que de primeras parece no llevar una buena mano. Muchos votantes del PSOE no entienden la decisión y seguramente no repetirían su voto a día de hoy. Si nos imaginamos el escenario de unas elecciones generales en los próximos meses, creo que la más sensato sería pensar que el PP volvería al poder.
Sin embargo, ¿se podría interpretar este órdago como un último y casi desesperado intento por la paz definitiva?. ETA por si sola terminó con un proceso, que si bien apenas había comenzado, era su tabla de salvamiento. Parece claro que ETA, a pesar de su nula credibilidad, ha vuelto al alto el fuego “permanente”. En las últimas declaraciones de los miembros de Batasuna, si bien no condenan la violencia, se ve que comienzan a tener claro que el único camino para solucionar el conflicto pasa por la democracia, además de su deseo de poder presentarse a las próximas municipales. Al mismo tiempo son conscientes de que tras el atentado de Diciembre en la T4, la sociedad, la oposición y las víctimas (o la parte más visible de las mismas) no van a permitir al Gobierno español ni un solo paso en falso. Es decir, el Gobierno juega con malas cartas y le han quitado la mano. Llegado a este punto de la partida, el pesimismo oscurece el tapete y alguno habrá dicho: ¡hay que jugársela!.
Entonces con la concesión del segundo grado a De Juana, se debe creer que el Gobierno habrá sido lo suficientemente inteligente para obtener algo a cambio y no hacerlo simplemente por razones humanitarias. Es decir, puede haber echado un órdago a grande; si sale bien, algo ciertamente complicado por la crispación político-social que limita cualquier movimiento a la mínima expresión, será su salvación y su única posibilidad de recuperar todos los votos perdidos con el órdago; por el contrario, si no se avanza, “las razones humanitarias” habrán llevado al Gobierno a la oposición con casi total seguridad.
Hace ya más de 15 días saltó la noticia de que Israel había lanzado los primeros ataques en territorio libanés, tras el secuestro de dos soldados israelíes en una zona fronteriza controlada por el grupo terrorista Hezbolá. Las hostilidades se han ido sucediendo y las cifras de civiles muertos comienzan a alarmar. Ya son más de 400 libaneses y más de 50 israelíes los que han perdido la vida.
Por el momento, EE.UU. ha demostrado una vez más su fidelidad a Israel. Se necesitan mutuamente para mantener un statu quo en la zona y esa necesidad lleva a situaciones tan frívolas y paradójicas como que las mismas Naciones Unidas, trás la muerte de 4 de sus observadores, no lleguen a un acuerdo para condenar el ataque recibido. Evidentemente la censura vino por parte del Todopoderoso Imperio, aplicando su derecho a veto. Y esto deja una vez más en evidencia a la ONU, a sus procedimientos y a su repartición de poder a la hora de tomar decisiones.
Así las cosas, parece que incluso tras el asesinato de éstos 4 observadores de la ONU, alcanzados por un misil de PRECISIÓN, no es políticamente correcto decir que Israel practica algo muy parecido al terrorismo de Estado.
Ya previamente a estos hechos, cuando José Blanco dijo lo que muchos piensan, más o menos que Israel hace unos ataques selectivos un tanto extraños, la censura diplomática obligó a matizar dichas declaraciones. Horas después de las 4 muertes del personal de la ONU, el mismo Secretario General de Naciones Unidas calificó el ataque como premeditado. Pero la resolución final firmada por 15 estados no dice nada parecido, ya que el Imperio manda sobre todas las cosas. Lo que la resolución de la ONU incluye es la expresión políticamente correcta: “profundamente afectados” por lo sucedido… sólo faltaba!
Y al final de todos estos hechos; desde el secuestro condenable por parte de Hezbolá; pasando por los enfrentamientos entre ambas partas y la muerte de civiles de ambos bandos; hasta el extraño ataque a los miembros de la ONU, el que sale reforzado es el hijo predilecto del Gran Imperio, que tras la resolución de la ONU en Roma puede decir cosas como estas: «Recibimos ayer en la conferencia de Roma la autorización de facto del mundo para continuar la operación, es decir, esta guerra, hasta erradicar la presencia de Hezbolá de Líbano y [lograr] su desarme»Haim Ramon ministro israelí de Justicia.
Nadie sabe como va a acabar esto, pero tiene mala cara el enfermo. La zona, que siempre ha sido frágil, ahora está demasiado sensible y en cualquier momento la intervención de un Estado como tal, apoyando a los chiíes de Hezbolá, puede acabar por romper la poca estabilidad restante. A lo mejor es lo que se pretende y nosotros inocentemente pensamos que la paz es posible. Pero Siria o Irán son países “atractivos” para ser atacados y que podrían saltar a la escena, lo que junto a la situación indescriptible de Iraq daría lugar a un enfrentamiento que reventaría la zona por completo.
Esperemos a ver que decide el Imperio, que defiende las libertades, y si los países que oficialmente si practican terrorismo (Irán, sobre todo) deciden mover ficha. Mientras tanto las instituciones y políticos, muy correctos ellos, seguirán sometidos a la censura impuesta pase lo que pase y se ataque selectivamente o indiscriminadamente.