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7
Feb

Dark Magus part II | Live at Plugged Nickel (1965)

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Y que conste que no pensaba “sacar a la palestra” a Miles Davis como protagonista. No es que no me guste (él me metió en el jazz) o no lo tenga en consideración (reverencias), es que los fenómenos de masas me repelen de forma natural, así sin más. Prácticamente cualquiera te lo cita al hablar de jazz (sin saber), incluso los más sagaces conocen alguno de sus LP por las portadas o los nombres (“ése hizo el kain of blu, no?”): todo el mundo sabe (ha oído, supone) que era muy bueno. Y sí, lo era. No voy a ser yo quien diga lo contrario, mis más de 30 CD suyos podrían abrirme la yugular… así que me propongo hacer un recorrido por su obra en varias entregas, como vayan viniendo, improvisando, apareciendo en primer lugar la época del segundo quinteto (enero’65-junio’68), con Wayne Shorter (saxo), Herbie Hancock (piano), Ron Carter (bajo) y Tony Williams (batería), éste con sólo 19 añitos- apodado “the kid” (véase foto).

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Uno de los mejores quintetos de la historia, que le dieron una vuelta de tuerca al jazz en apenas tres años, 6 LP de estudio y varios discos en directo (incontinencia creativa?). No entraré en detalle del trabajo de estudio, sólo nombraré las criaturas: E.S.P., Miles Smiles, Sorcerer, Nefertiti, Miles in the sky y Filles the Klimanjaro (3 de los 5 temas; el resto en la 3ª parte de Dark Magus…), abrumadora secuencia de obras maestras.

Pero me quedo con el material en directo, obviamente, y con éste datado en diciembre de 1965,en Chicago, en sólo dos noches (22 y 23), recogido cuidadosa y exhaustiva (exagerada?)mente en una caja de 8 CD, a lo bestia, como debe ser. De similar factura también resaltaría el concierto de 1964, editado en los LP My funny Valentine y Four & More; aunque el quinteto varía ligeramente (George Coleman en lugar de Wayne Shorter), la dinámica y la calidad están casi a la altura de éste, y eso que considero a Shorter uno de los mejores del saxo…

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En las noches del “Plugged Nickel” todo parecía propicio para el jazz, el grupo está entonado en todo momento, el público apenas interrumpe (algún ruido de copas sí hay, para qué nos vamos a engañar, je je), y los temas, da igual cuál, se suceden, a media de 12-14 minutos, en una continua corriente de solos espectaculares, intimistas, inspirados y perfectamente engranados. No eran 5 solistas en un grupo, sino un grupo de solistas (fundamental). Uno puede dedicar una escucha exclusivamente a la sección rítmica (anonadado), otra a los duetos trompeta-saxo (un solo detrás de otro) y siempre se descubre algo nuevo, notas que no existían…

Y como haría un presentador, yo me retiro dejando paso a los artistas; tan sólo dos consejos: pulsar el “play” y dejarse llevar, el viaje es impredecible, irrepetible e irresistible. Incompatibilidad: falta de tiempo. Recomendaciones (obvias) de posología: no oír de un tirón (433 minutillos); espaciar las tomas, a ser posible tras las comidas, y tumbad@.

PD: quien quiera ahondar en este quinteto, muy recomendable otra cajita, The Complete Columbia Studio Sessions 1965-68 (6 CD); su nombre lo dice todo, sin comentarios.

PD 2: como se suele decir, «beg, borrow or steal» (… o “bájese”, añado).

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  • 24
    Dic
    Escrito por Destevaster » 4 Comentarios »

    Dave Holland Quintet | Extended Play-Live at Birdland (2002)

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    Siempre me ha cautivado y suscitado mucho la atención la figura del bajista, tanto en el rock como en el jazz, aunque es en éste último donde más lo valoro. Ya apareció por aquí la figura irreverente de Mr. Mingus, uno de los más grandes (literalmente). Aquí tenemos a otro gigante (literalmente bis) del bajo y del jazz, no sólo intérprete sino también genial compositor y líder de múltiples formaciones legendarias.

    Curiosamente su salto a la fama fue en una banda plagada de consagrados: aquella irrepetible que cambió los esquemas en ésto del jazz, la de Miles Davis en el bienio glorioso 1968-69… aunque realmente fue en el semestre sept’68-feb’69 donde se fraguó el milagro (y vio la luz parcialmente en los discos “Filles de Kilimanjaro” y “In a silent way”…), constatándose la calidad de todos esos músicos (de hecho, los considero dos discos “indispensables”).

    La siguiente etapa de Holland fue su época más fructífera y reconocida, aunque yo no la comparto, conquistado por la vanguardia setentera: discos como “Conference of the birds” están considerados como de los mejores de la historia del jazz… que me lo expliquen.

    Y paulatinamente llegamos al siglo XXI encontrando a un Dave Holland frisando los 60, pero lleno de ideas y rodeado nuevamente de una buena banda. Y decide grabar uno de sus repertorios y editarlo en disco. Y se decide por el aclamado “Birdland” (escenario de conciertos legendarios como aquél de Art Blakey en el ‘54 o el de John Coltrane en el ‘63). Y lo que allí derrocharon lo podemos disfrutar en formato doble-CD, más de dos horas y cuarto de inspirada música…

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    Sencillamente espectacular: un equilibrio perfecto entre la composición y la improvisación, tocando/disfrutando una jam detrás de otra, con una media por tema superior a los 15 minutos (inútil destacar uno, aunque sobresalen Jugglers parade, Prime directive y Bedouin trail), con momentos para cada uno del grupo, siempre controlados/guiados/apadrinados por la gigantesca figura de Dave Holland: Robin Eubanks al trombón, Chris Potter (saxos), Billy Kilson (batería) y Steve Nelson (vibráfono, marimba) nos dejan un concierto para la historia. Posiblemente lleve más de una, dos o tres escuchas para su asimilación/valoración, quizás no sea conveniente escucharlo “de seguido”, pero en cuanto te coge no te suelta.

    PD: el disco que han sacado en 2006, “Critical Mass“, también muy recomendado aunque algo más flojo (inexcusablemente, obviamente…), lo hemos podido disfrutar en el Festival de Jazz de Granada… y de qué manera.

    6
    Oct
    Escrito por Destevaster » 1 Comentario »

    Don Ellis | At Fillmore (1970)

    don-ellis-fillmore.jpgBueno, aquí el Talibán comentó un directo del legendario Fillmore, y me permito sacar a la palestra uno quizás más pasado de rosca que el de los Allman, a cargo de otra “big band”, a manos del locuelo Don Ellis. Sí, de acuerdo, no es un disco de jazz y punto (en otras palabras, no apto para puristas…); es un disco de jazz y mucho más. Es de ésas rarezas para las que hay que tener un estado especial: darle al play, sentarte enfrente de los dos altavoces (bueno, hoy hay gente que incluso tiene sistemas 5.1…ellos sabrán) y estar dispuesto a lo que venga. En serio, no defrauda; es más, engancha y pide escuchas repetidas, siempre hay detalles que se escapan.

    Estilo claramente indeterminado, para empezar: hay de todo; quizás podría emparentarse con, no sé, el Roxy & elsewhere y los directos de ésa época “Zappa & Mothers”, pero más cercano al jazz, en ocasiones más alocado (yo creo que el amigo Frank Zappa se había empapado de éste LP durante ésos años de “su transición”: Waka/Jawaka-Grand Wazoo…) e imprivisado.

    Sobre la “banda”, qué decir: una orquesta cercana (yo creo que sobrepasaba) a los 20 instrumentos (allá quedó el gran Duke…), con la trompeta de Ellis como hilo conductor, dos saxos tenores, dos saxos altos, trombón, guitarra (zí), batería + dos percusionistas…y aunque parezca mentira, a veces se ponen de acuerdo en sonar bien, y entonces llegan a donde pocos han llegado, clímax de difícil superación en tamas como Final analysis (tiene huevos el tema, con su nombre y contenido, para abrir el disco) o Rock oddissey…Incluso se permite imitar/parodiar, todo está permitido, a los por entonces enlutados y endiosados Beatles, con una versión del Hey Jude bastante “desconcertante”. Y el segundo disco (no lo he dicho? pues sí, es doble), tras ése inicio se deja llevar hasta terminar con los 11 minutos pasados del temazo Pussy wiggle stomp, una auténtica sinfonía de descontrol ordenado.

    En fin, algo distinto a lo trillado, algo nuevo que descubrir, un disco de fuerza inapelable, un tributo a la improvisación y un monumento a los directos. Lo dije y lo repito, absténganse puristas: ésto no es un jodido buen disco de jazz y nada más, es un muy buen jodido disco de jazz…con algo de rock, más de fusión, y mucho “soul” (y el que quiera entender que entienda)

    Hasta la próxima, espero que con un pianista como protagonista; veremos…

    24
    Jul
    Escrito por Destevaster » 15 Comentarios »

    Oliver Nelson | The Blues And The Abstract Truth (1961)

    Oliver Nelson Definido por ahí como la segunda parte de la trilogía “Kind of Blue”, ésta pequeña maravilla tiene difícil cabida en clasificación alguna: picotea, utiliza y hace suyos elementos de varias escuelas. Lo difícil era reunir (y ensamblar) a éste elenco de genios, que cada uno diera lo mejor de sí sin provocar un terremoto y el resultado fuese algo, no sólo coherente, sino inolvidable. Y ésta labor “conectiva” estuvo a cargo de Oliver Nelson (saxo alto & tenor), autor de los temas ejecutados; posiblemente el “menos figura” de todos, el menos genio; probablemente ésa fue la clave, y no otra, del milagro. Por partes, más o menos, el resto de protagonistas:

    ¿Y el contenido del disco? Pues Stolen Moments debería escucharse tres veces seguidas y luego continuar con el resto; un tema sencillamente perfecto, si hay que poner un ejemplo de grupo “tocando sabiendo lo que se hace”, es éste. Todos memorables, cuajados como diría aquél. Casi 9 minutos de gloria. Y el resto del disco mantiene un nivel altísimo: Hoe-Down, Cascades, Yearnin‘, Butch and Butch y Teenie’s Blues no hacen sino cimentar la calidad de la obra.

    Todo en poco más de 36 minutos. Todo grabado en un sólo día (23/02). En el estudio de Ruddy van Gelder, NY.

    Una joya.

    PD: ¿alguien sabe cuál puede ser la III parte de ésta trilogía particular? Opinen, opinen.

    31
    May
    Escrito por Destevaster » 6 Comentarios »

    Hank Mobley | Soul Station (1960)

    soulstation Una joya. Sí señores. Pocos de los que se reunieron aquel 7 de febrero podrían imaginar un resultado tan redondo, cohesionado. Incluso sabiendo que el ‘trío’ rítmico venía cubierto de gloria en los años previos, el toque de gracia del disco es el saxo tenor de Mobley. Que el acompañamiento difícilmente podría ser mejor, probablemente: Wynton Kelly al piano, nítido, contenido (meses antes había colaborado en el archinombrado Kind of Blue); Paul Chambers al bajo, inamovible (venía de formar parte del primer quinteto de Miles); Art Blakey a la batería, inconmensurable, como (casi) siempre (su LP Moanin’, muy recomendable). Pero el estilo y sonido de Hank es único, probablemente lo mejor que dejó grabado. A medio camino entre lo denso y duro de tipos como John Coltrane o Sonny Rollins y el extremo suave, cool, de otros genios como Lester Young o Ben Webster. Otros discos fueron bastante buenos, como el Workout o el Dippin’, pero ninguno tuvo el ‘ángel’ de ésta maravilla, con un título definitivo…

    hankmobleyY que conste que nombrar a gente como Coltrane, Rollins, Young o Webster me genera una fuga de ideas profusa y emotiva, no ya digamos al gran Parker o al eterno Hawkins, en fin, un elenco escogido de la gran historia de éste instrumento. Prometo sacar a relucir algún que otro disco centrado en el saxo (Adderley?, Getz?, Shorter?….); primero tendríamos que pasar por cada uno de los instrumentos, tejiendo el laberinto de sonidos que configura ésta música. Ya veremos.

    De las canciones, individualmente, no voy a hablar. Como tantas veces en el jazz, el tema es lo de menos; la interpretación lo es todo: de ahí que no haya ‘tantos’ temas de jazz, sino versiones y re-versiones del mismo standard a lo largo de los años. Y puede que el que verdaderamente nos conmueva sea el último, y que poco tenga que ver con el primigenio, tan sólo las notas centrales; seguramente la inspiración del intérprete sea de distinta índole o intensidad que la del autor original, puede que más desesperada y por lo tanto sincera… no obstante, la canción que da título al disco es de lo mejor.

    En fin, un LP para disfrutar tranquilo, sin prisas, de principio a fin. Como los mejores. Eterno. Breve. Intenso. Adictivo.

    Que aproveche.

    18
    Abr
    Escrito por Destevaster » 12 Comentarios »

    Charles Mingus | Mingus Ah Um (1959)

    Cambiamos de 1/3, y empezamos de lleno. Ya se comentó la posibilidad de iniciar un periplo jazzero de esparcimiento trivial (y tribal) como oportunidad de ése pequeño (?) grupo que a lo mejor no ha encontrado momento de intervenir por éstos lares “rockeros”; aunque en realidad lo hago por puro placer musical… (le he pedido permiso al Talibán y me ha respondido con un gruñido).

    Si alguna premisa tengo en mente es la de obviar los discos requetemencionados como imprescindibles (!!!?) del jazz; me intentaré remitir y limitar a aquéllos que consiguieron y consiguen arrebatarme neuronas del consciente y llevarlas más allá; que cada uno haga/diga/escriba lo que quiera… otro punto imprescindible es huir de tecnicismos musicales, para éso hay otros foros, otras personas… “sólo” quiero hablar de sensaciones musicales. Creo que haré un recorrido por diez discos, mi top ten, como me venga; ya veremos cómo sale…

    Y comienzo con una de las “tres grandes M del jazz”, Mr Mingus, el big man del contrabajo (también sabía hacer sus pinitos al piano), y con uno de mis primeros discos de jazz “que me encontraron”, nunca mejor dicho. Mucha más fama tiene el “The Black Saint…” o el “Mingus, Mingus, Mingus…” o el definitivo “The great concert”, pero éste “Ah Um” (ojo, y el “Tijuana Moods”) tiene(n) algo especial, difícil de definir, como tantas cosas en el jazz… formación septeto, a lo bestia, a lo Mingus: 3 saxos (John Handy, Booker Ervin y Shafi Hadi), Horace Parlan al piano, Dannie Richmond a las baquetas, él mismo al bajo; y el trombón, fundamental el protagonismo que le da, alternándose Jimmy Knepper y Willie Dennis, según la sesión, los únicos blancos del grupo.

    Si existiera el movimiento “single” en ésto del jazz, y en el siglo XXI, las 2 primeras canciones compilarían uno de lujo, apoteósico y redondo: “Better Git It In Your Soul” y “Goodbye Pork Pie Hat”; una desbocada y otra remansada, alegre y melancólica, juerguista y after-hour (y dedicada a la memoria de Lester Young, muerto unas semanas antes). “Boogie Stop Shuffle” vuelve a meternos marcha con un ritmo inquietante; el interludio “Selfportrait in Three Colors” relaja y se agradece para terminar la cara A con “Open Letter To Duke”, genial con sus cambios de ritmo. Del resto de temas destacaré la inimitable “Fables Of Faubus”, el tercer clásico del disco, absolutamente inolvidable…y la sensual “Pussy Cat Dues”, prácticamente un blues con un solo de trombón que pone los pelos de punta (Jimmy Knepper) seguido por la única aparición de clarinete del disco (John Handy) y luego por Mingus, genial.

    También del 59, grabado 6 meses después, está el “Mingus Dynasty”, perfecta pareja para completar el año (el año de Giant Steps y Kind Of Blue…)

    Ya veremos por dónde seguimos, si seguimos…

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