Archivos en la Categoría ‘Libros y Literatura’
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[...] La ley de la vida: la fluctuación. Por cada pensamiento, un pensamiento contrario; por cada impulso, un impulso contrario. No era de extrañar que uno se volviera loco o se muriese o decidiera desaparecer. Demasiado impulsos, y ésa no es siquiera la décima parte de la historia. Sin querida, sin esposa, sin vocación, sin hogar, sin blanca, roba las braguitas de una muchacha de diecinueve años y, recorrido por una oleada de adrenalina, se las guarda a buen recaudo en el bolsillo. Esas braguitas son todo lo que necesita. ¿No funciona de esa manera el cerebro de todo el mundo? No lo cree, se dice que eso es vejez pura y simple, la hilaridad autodestructora de la última montaña rusa. Sabbath se encuentra con su rival: la vida. «La marioneta eres tú, el bufón grotesco eres tú. ¡Tú eres el polichinela, idiota, el títere que juega con los tabúes!» [...]
El teatro de Sabbath – Philip Roth (1995)
Gracias Destevaster
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No lo hubiera creído hace un año si me lo hubieran dicho. No habría hecho ni puñetero caso. Así soy. Pero tras leer dos novelas de este autor soy yo mismo quien lo digo ahora: Joseph Conrad es uno de los grandes. Sin duda. La primera novela fue la conocida “El corazón de las tinieblas” (1899), y me costó más de un atranque para terminarla. Y la terminé en tal estado de tensión que el hecho de haberla terminado no hizo más que acrecentarlo. Seguí varios días dándole vueltas a la cabeza, para al final asentir con un leve gesto: ¡será hijoputa!
Y la segunda novela ha sido Nostromo. Si bien en la primera la densidad se compensaba por la corta extensión (ciento y pico páginas), en ésta el volumen de páginas no alentaba la lectura, teniendo en cuenta las dificultades que entrañaba el texto: ambiente “político”, multitud de personajes, grandes pasajes meramente descriptivos… desde el principio se hace cuesta arriba, y la presunción de un trabajo agotador genera inmediatamente la tentación de abandonar. Pero hay algo, un nosequé que te mantiene pegado a las páginas, inmerso en una trama que uno va haciendo suya conforme va descubriendo un mundo totalmente imaginado, salido de la imaginación del autor: un país (desconocido, no nombrado), una región (Costaguana), unas ciudades (Sulaco, Santa Marta, Los Hatos), una geografía enmarcada por unas referencias que lo hacen situarlo en el caribe centroamericano… y los personajes: impresionantes caracterizaciones de los distintos “pueblos” de donde proceden: los arrogantes ingleses (los Gould, el misterioso Dr Monigham, el capitán Mitchell), los orgullosos y aventureros italianos (el garibaldino Giorgio Viola con sus dos hijas, Linda y Gisela; la signora Teresa), el insoportable francés (Martin Decoud) y los nativos (herederos de la tierra y sus frutos, esclavizados por los colonos; el bandido Hernández que se hace héroe; los ilustres Avellanos, padre e hija). Y sobre todos estos la figura inconmensurable del capataz de cargadores Nostromo, Jean Battista. El incorruptible azote de ricos y defensor del pueblo. Pobre por naturaleza, marino infatigable. Un tío duro. Conforme avanza la novela se le intuye que su papel principal va a ser determinante para el futuro del país y puede ser que le vaya la vida en ello…
Todo esto está muy bien y podría ser una gran novela de aventuras de un gran escritor. Pero estamos ante Conrad. Y éste cabrón tenía que tener escondido, no un As, sino una jodida baraja de Ases en la manga para dejarnos boquiabiertos con una serie de requiebros argumentales que, lejos de enredar, terminan por cerrar el hilo dramático de una forma perfecta. Toda la complicación política se aclara, los verdaderos personajes de peso son pocos y definitivos, los secundarios son perfectos. Y lo que realmente importa es el ser humano, con sus virtudes y sus miserias, sus orgullos y sus tinieblas: la pugna dramática entre lo terrenal y lo espiritual. ¿Qué creéis que termina prevaleciendo?…
NO-VE-LÓN
PD1: creo que puede considerarse la novela predecesora de la narrativa latinoamericana del siglo XX, sin duda. Gran parte de Rulfo, de Mutis, de García Márquez, de Onetti, de Vargas-Llosa, está en ésta obra.
PD2: estoy convencido que Pérez-Reverte inspiró (vamos, calcó) su personaje el Capitán Alatriste en este Nostromo, y le salió una “copia defectuosa”. Confiesa, truhán.
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Comentar »The Places We Live de Jonas Bendiksen (Magnum Photos).
“El año 2008 ha sido testigo de un cambio importante en la forma en la que viven las personas de todo el mundo: por primera vez en la historia de la humanidad viven más personas en ciudades que en zonas rurales. Este triunfo de lo urbano, sin embargo, no representa totalmente un avance, ya que el número de personas que viven en barrios de chabolas y asentamientos precarios pronto excederá los mil millones.”
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La mañana de febrero en la que Stefan llegó a Nieczawy, le costó bajarse del tren y recordar el motivo de su viaje. Distraído, fijó su mirada en el rastro de pisadas que había ennegrecido y embarrado el suelo nevado de la estación. Tras él quedaba el jadeo de la locomotora que poco a poco se perdía por entre las colinas de Bierzyniec. Se dirigía al cementerio para celebrar las exequias de su tío. De acuerdo con la tradición familiar, cuando algún pariente fallecía, de toda Polonia acudían representantes de cada una de las ramas de la familia para asistir al funeral. Pudo observar de cerca las tumbas de los polacos caídos en la batalla por defender el honor de la patria. Sin embargo, fue el encuentro distraído y fortuito con un colega de la facultad de Medicina, lo que le llevó a aquel paraje tan alejado, de la ciudad y del mundo, donde terminó trabajando. La suerte parece dirigir las vidas de los que se dejan llevar. En medio del bosque, aislado, se encontraba el Hospital Psiquiátrico y dentro, intramuros, la locura, preñada de pasiones, se veía prisionera en mentes frágiles y mediocres. La locura parecía alejarse de la realidad, construyendo un fortín alienado de ideas fronterizas donde pulir piedras preciosas que nadie querría guardar jamás. Iluminaciones contenidas tras unos voltios de electroshock o unos miligramos de clorpromazina. Los manicomios eran (son) los museos de las almas rotas. Allí encontraría al poeta insano que mostró al joven aprendiz de médico los secretos de la nueva literatura, del auténtico conocimiento, de la pura realidad del ser humano. La historia recreaba los arquetipos y los arquetipos la conciencia de la historia. Cuando más se intentaba contener la realidad, ésta más se veía desbordada. El camino de la locura tiene siempre dos entradas. Fue la invasión bélica, la brutalidad de la guerra, la bestia desgarradora del ejército alemán, la que se coló en el recinto consagrado al olvido transformándolo todo. La locura se contagió pronto de la realidad, sobre todo si ésta estaba más llena aún de rabia, resentimiento, absurdo y demencia. Era así como el hombre le quitaba a los insectos el papel de ser los seres más repugnantes de la tierra. Sin Dios no había alabanza, sin alabanza no había promesa, sin promesa no había consuelo, solo mediocridad y llantos, irreverente páramo de locura.
La melancolía es el régimen más estricto que debía seguir la mente de un genio. Encerrado en unas paredes devastadas, cerebros asolados por el desatino y la distancia que la mente ponía de las cosas que parecían más reales. Alejados de los objetivos más brillantes, de las conductas más cotidianas, de los productos más razonables, de los manjares más deseados, de las mieles más dulces y amables. Poseer entonces el sentido del tiempo o dejar de tenerlo. Cuando la poesía te conduce a pensar en la soledad del universo entero y su estéril fragilidad, la sabiduría también consiste en no escuchar los consejos de nadie.
Sin duda, cuando Stefan bajó de aquel tren, aquella mañana de invierno, sobre el camino ennegrecido de nieve, camino del funeral de su tío, nunca pensó que su vida cambiaría tanto con esa guerra, con esa invasión de la realidad, con ese hospital desmantelado, con esos pacientes y colegas defraudados, con ese refugio final de las SS. Nunca pensó que encontraría allí un camino iluminado hacia su transfiguración.
“¿Místico yo? ¿Quién le habrá dicho eso? En este país basta con que alguien publique cuatro veces y le cuelgan una etiqueta que se convierte casi en su epitafio: “un lírico sutil”, “un estilista”, “vitalista”. Los críticos, a quienes he tachado a veces de cretinos porque actúan como si fueran los médicos de la literatura pues, al igual que los médicos, se dedican a hacer falsos diagnósticos y, al igual que los médicos también, saben cómo debería ser esto y lo otro pero son incapaces de echar una mano (…) ¿Pero quiénes son ellos? Chinches, sinvergüenzas, unos auténticos zoquetes.”
El Hospital de la transfiguración – Stanislaw Lem
Siempre vuestro, Dr J.
Escrito por Dr. J. »
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La soledad es una moneda de dos caras. La religión no es sincera. La mística quema demasiado. El dolor ya no tiene más sentido que unos ojos desilusionados y sin un atisbo de inocencia. En la noche, en los días inciertos del otoño, me asomo a una ventana que asusta luces encendidas a lo lejos. Las tropas del desacuerdo se tornan en oleada violenta contra mi cabeza. Las tropas de los hermosos vencidos se acomodan en mi cabeza, con sus flechas incandescentes y sus miradas mordidas por el desamparo y el triunfo de las formas. El río que me conduce no es tortuoso como imaginaba, sino rápido, tan rápido y veraz que nadie lo puede detener. Los rostros de la gente que amé se agolpan en la ventana, no son recuerdos, son rostros que miran inmóviles mi tiempo.
Lo que quiero es no dañar el mundo donde paso. A veces me gustaría tener alas para no poder pisar la tierra, para alejarla de mis pesados pasos. Las alas no sirven. El campo se agosta y el ladrillo sucumbe. Mi azada está rota. Mi cabeza es pesada y cae sobre este teclado. Las calles están vacías, por donde antes caminabas y ahora no caminas. Se doblan las calles, se quiebra la tierra. Hay temblores que no se sabe bien de dónde vienen, pero abren grietas para que escapen cadáveres insomnes de sus fosilizadas tumbas. La noche es igual aquí que en Chile. Los halcones aún no han conseguido acabar con todas las palomas. El joven envejecido sonríe y el salto que queda por dar está un poco más lejos y es un poco más difícil. La literatura sostiene en sus columnas retazos de agua y vida y verdad y muerte. La literatura de occidente debe cambiar, pero no lo hace. La música sólo miente en estos días extraños, aislados del silencio puro, de la esfera de silencio, dirigidos por la memoria y el gusto y tantas emociones que aún perduran. La soledad culmina su piadosa voluntad inquebrantable, un centro callado sin color de forma continua y permanente. La intención de la escucha no es la intención de la ausencia. No se me hizo fácil aprender lo que seduce de la noche y del silencio. La política es inculta. La cultura es política. La noche es noche. Mis palabras sólo son palabras. El secreto del mal continúa con su incólume presencia.
Una velada de vino y lectura, envolviendo el origen de la noche en un abrazo póstumo, en un poema de moral espartana, de fidelidad añeja, de moral abstracta. Una velada con furia en la palabra. Una conjura para derrocar el poder del hombre-estado. Una noche de fiebre distraída, un mal olor a piel deshabitada. Una impasible propuesta de alguien que no quiere amanecer. No tuve miedo, pero no hice nada. No tiembla mi ánimo ni la punta de mis dedos. La noche continúa asomada a la ventana, pero resistiré con voluntad decidida, resistiré como todos los que han visto la vida y han decidido vivir. La noche continúa asomada en mi ventana… entre águila o sol, parece que se anuncian nubes bajas y una lluvia de recuerdos liberada… entre águila o sol, mañana veré amanecer sobre el motín de celajes.
“Y entonces pasan a una velocidad de vértigo los rostros que admiré, los rostros que amé, odié, envidié, desprecié, Los rostros que protegí, los que ataqué, los rostros de los que me defendí, los que busqué vanamente. Y después se desata la tormenta de mierda.”
Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño
Siempre vuestro, Dr J.
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Escrito por Destevaster »
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No sé por qué, pero el caso es que estos tipos son capaces de lo peor y de lo mejor, y en los dos frentes al más bajo y alto nivel, respectivamente.
Ya tuvimos el Cosmogonic y yo nuestras discusiones sobre la música de los 60-70, en plan american vs british music, por ejemplo. No voy a entrar por ahí, ya están los post del Taliban para corroborarlo… Solamente (solamente) voy a hablar de literatura norteamericana contemporánea. Y es que, casualidades de la vida, en los últimos meses han llegado a mis manos —y me han traspasado cerebro, entrañas y alma— unas cuantas novelas que tienen varias cosas en común: el ser escritas por norteamericanos actualmente vivos (y más o menos reconocidos) y el tener como eje narrativo al ser humano, al hombre, rodeado de las amenazas (y recompensas) de la cotidianidad. Y no me refiero, que podría, a Carver ni a Richard Ford, recientemente “de moda”, me refiero a Don Delillo, Philip Roth y Paul Auster.
Las novelas respectivas (en versión original tienen más en común, si cabe) son:
- “The falling man” (“El hombre del salto”); Delillo, 2007. Inspirada por los eventos del 11S, pero sólo inspirada. A partir de ahí una historia sobrecogedora… y por cierto y aunque sea cansino, las páginas dedicadas a la tragedia no tienen desperdicio.
- “Everyman” (“Elegía”); Roth, 2006. El amigo Philip frente a sus dos obsesiones fundamentales: la muerte y el sexo. En éste caso más hacia la primera, sin olvidar el segundo, je je
- “Man in the dark” (“Un hombre en la oscuridad”); lo nuevo de Auster, 2008. Esta vez sí. Desde Tombuctú Auster me estaba “casi” defraudando con cada novela. Ésta última tiene “algo” que me ha llegado más adentro. Y el final es absolutamente devastador.
- Y la serie se podría completar, ahora lo veo más claro, con “Sutree”, de Cormac McCarthy (1979), que aunque se adelanta varios decenios a las demás (y un siglo), podría servir como inicio de esta especie de tetralogía del hombre moderno angustiado…
El elemento (desoladoramente) clave: el hombre está sólo, y únicamente a través de esta soledad puede llegar a entender los entresijos de la vida. Curiosamente estos tipos llegan a esa situación en una etapa “más que madura” en sus vidas, y todos después de haber transitado por una vida familiar, con hijos incluidos, lo cual no deja de ser lo más inquietante de todo. Solamente Auster deja un resquicio (muy pequeño) para la esperanza, pero es que Auster es el más maricón de los cuatro.
Estos temas han sido muy tratados en la literatura, “demasiado”. Los latinoamericanos de una forma magistral (pero “demasiado” cargados), los europeos de una forma ejemplar (pero “demasiado” fríos), los españoles constituyen una mezcla variada de estos dos últimos, los asiáticos se llevan la palma (pero muy viscerales) y los africanos abruman con su crudeza. De otras literaturas entiendo poco…
Creo que, en este sentido, y tras descubrir a genios como Faulkner y Bellow, tengo que concluir que los norteamericanos tienen ésa extraña capacidad de hacer lo complicado simple, pero no por ello perdiendo intensidad.
Para quien quiera salir de los clichés de literatura facilona, le invito a estas “novelas” de la desesperación…
Escrito por Dr. J. »
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Desnudadlo para que cure y si no cura, matadlo. La puerta de la Ley Doméstica ha crujido sobre sus goznes para permanecer entreabierta. Los nómadas devoran bueyes sin ni siquiera matarlos. El poder los ha traído y ahora no hay quién sepa la forma correcta de echarlos. Desnudadlos para que curen, y si no curan matadlos.
La puerta de la Justicia ha doblegado su estructura, ha roto sus cerraduras y ahora se ha abierto para ti. Nadie te impide el paso, nada te puede detener, el tramo está despejado, el zaguán está limpio de sal y ascuas. Nada te impide entrar salvo tu propia impaciencia. Desnudadlo para que cure y si no cura, matadlo.
Un círculo de chacales me mira, me escruta y me interroga. No es un grupo numeroso, pero su pelaje está curtido por la lluvia y por el sol. Uno de ellos, el que está sentado, me habla y me dice que sólo tienen dientes, pero yo no estoy preparado. Desnudadlo para que cure y si no cura, matadlo.
Hubo un mensajero que trajo a la ciudad el mensaje de un muerto. Él lo había visto antes de su entierro. Dijo que no pudo contradecir el diagnóstico fatal de los médicos y los sabios, cómo no morir, cómo no hacerle caso a tan solemne opinión. Y se encerró en casa y lo dispuso todo para aceptar su final. El entierro se consumó al atardecer. Desnudadlo para que cure y si no cura, matadlo.
Me quedé esta noche con los ojos abiertos. No insecto, no fosilizado. Sólo con aliento a tabaco. Los ojos abiertos en el techo, en la noche despeinada. Rabia de serpiente y soledad deshabitada. Rabia por no poder detener el daño y la herida abierta y sucia. Rencor por no poder reparar el dolor generado. La noche preñada de insomnio, dónde estás, por qué tan lejos, por qué te abandoné. Los ojos desesperadamente abiertos. Y entonces Odradek se acerca a la puerta y te ofrece sus hilos de colores con su forma de estrella plana. Demasiado hilo para una madera sin pulmones. Desnudadlo para que cure y si no cura, matadlo. Sólo es un médico y no está curado.
“En vano me pregunto qué será de él. ¿Acaso puede morir? Todo lo que muere debe haber tenido alguna razón de ser, alguna clase de actividad que lo ha desgastado. Y éste no es el caso de Odradek. ¿Acaso rodará algún día por la escalera, arrastrando unos hilos ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? No parece que haga mal a nadie; pero casi me resulta dolorosa la idea de que me pueda sobrevivir. “
Las preocupaciones de un padre de familia, de Franz Kafka
Siempre vuestro, Dr J.
Nota.- El texto está basado en un viejo poema del autor, en la época en la que Kafka tenía un sitio reservado encima de la mesilla de noche.
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Escrito por Destevaster »
3 Comentarios »Una sentencia como ésta, la afirmativa, tan categórica como absurda me hace revelarme y defender lo contrario, como reza el mismo título. Que la literatura rusa sea para el invierno o la novela negra para las vacaciones son otros ejemplos de una ridiculez similar. La literatura, tanto la buena (afortunadamente) como la mala y deleznable (también necesaria), no se atiene a estaciones ni a climas. La literatura (la manera de llegarnos un libro “ahí dentro”) depende única y exclusivamente del estado de ánimo de cada uno, y éste cambia a su puto antojo: alguien en plana época de trabajo y estrés puede estar perceptivo y contento, y en vacaciones estar absolutamente fulminado y desesperado. Y al revés. Y miles de caminos diferentes.
Yo, de hecho, me dispongo a tomarme unos días de asueto total y encuentro serias dificultades para elegir “el libro”: ¿un clásico? (Stevenson?, London?, Melville?, Faulkner?, Bellow?, Zweig?) ¿Un consagrado de las últimas decadas? (Philip Roth?, McCarthy?, Coetzee?, McEwan?, Sebald?, Bernhard?) ¿Un latinoamericano? (el gran Bolaño?, el sorprendente Mutis?, el triste Onetti?) ¿La siempre bienvenida literatura autóctona? (Vila-Matas?, Muñoz Molina?, Benet?, Baroja?). Entre alguno de estos debe estar, pero no termino de decidirme…
…y mientras pienso voy a comentar unos libros de relatos que me han sorprendido recientemente, tanto por la forma (no es un estilo que yo trabaje mucho) como por el fondo, de una profundidad increíble teniendo en cuenta la brevedad de algunos. Uno es de Dino Buzzati, “El Colombre” y otro de Rudyard Kipling, “Relatos”, a secas, ambos en Acantilado. Inmensos, sobre todo el segundo, impresionantes historias de esas que te piden, al terminarla, tirarte un rato dándole vueltas a la moyera para terminar murmurando “será hijoputa el cabrón…”
Los relatos no son para el verano. O ¿sí?
Escrito por You Meikmisic »
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Este es Peónidas. Mi amigo Peónidas Ausencia. El sociópata del desierto. Aquí le tenemos mirando el cielo con su chakra 7 abierto de par en par. Peónidas se retiró al desierto cuando comprobó la sed de mal que anidaba en sus tripas marrones. Habita, como digo, en el desierto, no importa ahora cuál. Vive toscamente aportando proteínas a su cuerpo mediante la ingesta de grillos y saltamontes y alguna que otra culebra torpe, sus necesidades de verdura se hallan cumplimentadas mediante la sustracción de tomates en invernaderos cercanos. Cubre su cuerpo con una tilma que teje con cactus desecados, una camiseta del carreful color cielo como se aprecia en la foto que acompaño y unos carsones levis del año 1989. No es eremita, sino sociópata consciente, y como tal se apartó de todos nosotros.
Me relata Peónidas cómo, a veces y hallándose presa de sufrimientos incontenibles, penetra las vulvaspulpas de las pencas y como éstas en ocasiones desgarran su miembro, fecundando la tierra con gruesas gotas de sangre. El suelo, amarillo y seco, se tiñe entonces y absorbe con voracidad el plasma hasta volver a su natural agostado. Este prodigio, lejos de admirarle, le sume en duelo y abatimiento, haciéndole prosternarse y orar, sabiéndose impuro. Es en esos momentos de quebranto del alma y Purificación cuando da en lo profundo de su jeta el Choque de los Protocolos del Ayuno Desperdigao. Estos son no otra cosa que una serie de expresiones o sentencias de maceración indeterminada y que vienen inoculadas en su toña por efecto directo del asentamiento de drogas varias consumidas en el pasado y psicodramas de época universitaria en el limo de su cerebro encharcado.
Los sintagmas, el verbo y la sustancia iluminan durante la oración como fogonazos el blanco de sus ojos, y su lengua, crujiente y seca por el Padre Sol, proclama entonces Los Protocolos del Ayuno Desperdigao.
Como sé de vuestra natural inquietud y confusión a estas alturas del relato por conocer los Protocolos os relaciono alguno a continuación, pero pocos, porque si no esto se acaba en el primer capítulo, que es éste. Ahí van:
- “Llaves, fruta y merienda, tres divanes donde recostar la tranquilidad de un burgués.”
- “Uvas con queso saben a beso, uvas con pan saben a beso de sacristán.”
- “Vuestros corazones son como fotocopiadoras locas que no saben qué reflejar pero van escupiendo a toda velocidad.”
En fin, un pirado con toa la cuerda dá, como podéis comprobar.
Me pide que os comunique el siguiente Protocolo para Agosto que debiera presidir todos vuestros actos durante el citado mes, y lo hago con gusto y agrado porque si no, me va a estar dando la brasa todo el verano y necesito disfrutar de mis llaves, mi fruta y mi merienda en paz con aquellas personas a las que quiero, que están hechos unas fotocopiadoras locas comiendo uvas con pan a to meter.
Este es el Protocolo del Ayuno Desperdigao revelado para Agosto:
“Caga duro y pee fuerte, y ríete de la Muerte”
¡Buen verano, bruticos!
Escrito por Dr. J. »
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Camina discreto por el horizonte delgado de una cuerda en equilibrio. Frágil equilibrio de tiempo y hambre. Seduce su paso. Seduce su altura. Fractura una vida un solo instante. A un lado el abismo y al otro el avispero de la vida. Tu ausencia y el disparo de fuego. Ya no hay saltos de gacela sobre la cuerda temblorosa. Puente de arena trenzado. Arriba el silencio estéril de las órbitas errantes de los astros. Un ángel dormido en una suma frente a la pizarra estrellada. Abajo el canto de un ruiseñor enfermo de palabras. Caen las cenizas de lo calcinado bajo la rabia del volcán. Un coche verdea la cortina infame de la noche traviesa. Cárcel de bragueta y liebre de montera. Aguijón en la empuñadura del manto. Arancel propicio y desatinado. Un paso más. Despacio que piensa. Una sonrisa en el aire, Chesire se frota los bigotes con cocaínica fruición. Un ojo desea una lluvia de ansiolíticos machacados y mezclados en la comida. Olor a almendras amargas en los días del verano. La leyenda del reventón masturbatorio. Casi se cae por miedo a lo desconocido. No desesperes amigo domador de líneas. Una línea fina y recta es un horizonte tranquilo, una línea ondulada el sueño del mar, una línea quebrada el seísmo de un dios tuerto y flatulento. Ballenas lejanas y cuernos de oro suplicando tierra. El baremo existe y no es cordial. Ángel detenido en la suma, dónde te perdiste. Camina un poco más. Anda un poco más. No titubees. Aleja el duelo con un canto de sirena, mujeriego inútil. Aleja el duelo con el silencio del hombre y la muerte sonriente del mar. Funambulista de carne y hambre, decide un día el verso recto, la página escrita que reposa en la culminación de lo técnicamente perfecto. Funambulista de aire y sueño, no rompas el compás del sordo viento al regañar con la bala de cañón. Usa el humo blanco para pedir un segundo. Usa el humo blanco para renunciar al campo. Una puerta en el corral de las cuatro esquinas. La poesía desesperada vive de la nada y se pudre en el corazón de los desesperados. Cambia el paso y sigue, funambulista de agua y peces. Arranca el coche y una maceta de filo grueso. Arranca la espina de la rosa en los montes del café. El funambulista ve su mundo cuerdo y cordado, el mundo lo ve solo y loco, en su hilo seguro de silencio, en su alambre de destino rancio y pérfido. Un billete de avión. Siempre de Norte a Sur. Termina el Sur. Vela blanca. Sur. Otro paso y no ve la meta. No hay meta. Sólo un paso más. Al fondo, en una brisa, oye unas palabras… ¿qué haces aquí ni pollas?. Espero en tu nombre, señor.
“Lo vi leyendo un librito de Tablada, tal vez aquel en donde don José Juan dice: «Bajo el celeste pavor/ delira por la única estrella/ el cántico del ruiseñor.» que es como decir, muchachos, les dije, que veía los esfuerzos y los sueños, todos confundidos en un mismo fracaso, y que ese fracaso se llamaba alegría.”
Extraído de una confesión de Amadeo Salvatierra, perteneciente a “Los Detectives Salvajes”, escrito por Roberto Bolaño
Siempre vuestro, Dr J.
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