írboles

Vincent van Gogh

A qué velocidad se mueven los árboles. Cuando estabas asustado y te escondí­as entre las hojas colgantes de un sauce llorón. A qué ritmo se moví­a tu corazón al trepar por el tronco retorcido de un árbol que tení­a presa a veces una pelota, a veces una princesa sin dragón o un gato con restos de pescado en el bigote. Cómo se mueven los árboles del parque cuando soñabas con broches de sujetador, copas de pechos por amar bajo las copas de los árboles, celadores e insomnes del jardí­n. Al lado del rí­o, bordeando la iglesia, hasta llegar a la fuente, habí­a árboles que acompañaban a los amantes en una especie de suerte mal definida. Cómo pronunciar palabras como otoño sin pensar en la caí­da de las hojas y en alfombras de colores amarillos. Cómo pensar en una fruta sin pensar en ti subida a las ramas del cerezo con cerezas a modo de pendientes en las orejas. Cómo el sol se filtra entre las hojas, cómo el viento silva su tonada, cómo el columpio hace crujir las ramas de un nombre. Custodio y artesano cementerio de maderas. Cajas de pino al estilo juanpablo segundo. Cajas de nogal con radio transalpina. Cómo se mueven los árboles en los bosques del norte. Cómo te echan de menos los bosques del sur. Cómo te encantaba abrazar sus troncos, y oí­rles musitar canciones de cuna a las faldas de sus musgos. Esta noche hay luces en un árbol que no tiene raí­ces y tiene nombre de mago. Capaces somos de no poder salvarlo. Anillos que son años y gusanos que alimentan pájaros. Dame tu mano debajo de este castaño, con pies frí­os y manos calientes, dejaremos iniciales en su corteza de mármol. Y luego se secará la higuera con la maldición de un dí­a de verano, y sin frutos seré lo que tu quieras que seamos. No habrá milagros en las raí­ces de una higuera que quedará yerma por los siglos de los siglos, para expiar nuestros pecados. Y luego los árboles se llenaron de nidos, niños y santos que no supieron separar los frutos buenos de los malos, porque todos nacieron de la misma tierra. Y no habrá manzanos. Habrá dieciocho años para comer manzanas con pañales de oro. Un árbol descubrió a Gargoris el sabor de la miel. La cabeza que no quiere pensar enredado en tus encantos. Donde todo empieza, hay rizos venturosos entre hojas de palmeras. Dátiles del desierto frí­o y abrasador. Tómame de la mano en las orillas de este lago donde vienen a beber las hojas de los árboles más amables y más largos. Cálmate y toma sombra. Mostaza y secuoya. Baobabs en el planeta más pequeño del universo. Dame un beso o te lo robo, bajo el cielo verde de este árbol estrellado. Las raí­ces son las barbas del maestro almendro que se transforma en viento cuando lo llama la Tatuana. Dame un tallo tierno y te plantaré un bosque de algas y silencio. Dame una razón para mover el mundo y habrá un árbol que sostenga la casa de tus siestas. Raí­ces aéreas de una botánica confusa que se mece en el silencio de tus ojos. Una hoja talla en el suelo al caer la palabra aprendida del cielo primitivo. Cómo se mueven los árboles del destierro, a cien metros del paraí­so. No hay mala vida bajo el ala de estas sombras, no hay dualidad bajo la mirada única de esta verde hermosura. No hay silencio ni ruido, hay campanas aéreas que tañen por ti.

Existe la creencia de que los árboles respiran el aliento de las personas que habitan las ciudades enterradas, y por eso, costumbre legendaria y familiar, a su sombra se aconsejan los que tienen que resolver casos de conciencia, los enamorados alivian su pena, se orientan los romeros perdidos del camino y reciben inspiración los poetas. Los árboles hechizan la ciudad entera†.

M. íngel Asturias, 1899-1974. Leyendas de Guatemala

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    [Miguel íngel Asturias | Wikipedia]
    [Imagen: Maleza con Dos Personas | Vincent van Gogh]
     

6 Comments

  1. Al leer su prosa Dr. J, me ha recordado al poco conocido pero no por ello, gran escritor D. jose Antonio Muñoz Rojas en su libro «las cosas del campo», un libro que sencillamente emociona el corazón.Dr J lo más original es lo que más se parace a lo de siempre, no obstante es usted un jugador de ventaja. Enhorabuena.
    Entrañables saludos a todos los circulais por este meridiano salvaje del verbo.

  2. Señor Flash, le agredezco la mención de tan longevo poeta antequerano, del que no conocí­a muy bien su obra, la verdad. Creo que Dámaso Alonso le escribió en una ocasión, acerca de «las cosas del campo», que era el libro de prosa más bello y más emocionado que habí­a leí­do desde que era hombre. Y en estas circunstancias, donde por los estragos de la edad y otras cosas, yo también me voy haciendo un hombre, creo que deberí­a leerlo. Gracias por la recomendación y la crí­tica. Sea bienvenido a estos anómalos espacios cibernéticos, donde a buen seguro su perversión será bien acogida. Reciba un cordial saludo del que suscribe.

  3. Querido Dr J. impresionante como siempre. Pero además yo hubiese añadido ese olmo centenario que lame el duero su corteza carcomida y polvorienta

  4. Querido Dr babinsky, el placer es mí­o. Me haces sentir comprendido y agradezco cada uno de tus comentarios. Espero verte pronto, por navidad, como los turrones.Y lo del olmo viejo, pues lo cantaban mejor curra y mariela y aún creo que no nos ensañaron lo mejor del sr. machado, pero lo intentaron. Es difí­cil hacer un coro de niños rojillos que juegan cada tarde a las tinieblas. Un abrazo.

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