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Vuelve Dumas
«Hallada en Francia la última novela inacabada de Alejandro Dumas». La novela, de casi 900 páginas, se llama El Caballero de Santa Herminia y verá la luz el próximo mes de junio en Francia. [PeriodistaDigital]
La Leyenda del Santo Bebedor

Tras recorrer las ciudades sombrías de los abismos, la primavera se acerca a las plazas en éxtasis báquico de juvenil ebriedad. No he sido devoto, aunque sí víctima, de la ebriedad compulsiva, más bien me he acercado a la transustancialidad del vino por su santa sacralidad. El vino siempre ha tenido la caridad del cielo, la dulzura del averno, el poder de desandar los pasos perdidos en un solo movimiento, la capacidad de alterar la lógica de esta vida y hacerla habitable para las almas de las tierras más inhóspitas. El vino no es otra cosa que una escalera hacia los paraísos artificiales. El vino no crea santos, el vino en sí es santidad y como tal tiene el poder de la fe que mueve montañas… el problema es hacia dónde. Amo la ebriedad de los bares pero no la de las masas. Una vez conocí a un hombre que desayunaba una barra de pan con un whisky aguado… ese hombre tenía el universo en la palma de su mano y nosotros no. La fiesta de la primavera debería celebrarse con margaritas, la ebriedad debería celebrarse con la soledad de un vaso de vino y la deformada realidad que se descubre al mirar a través de ese vaso. En granada la absenta de los lobos se bebe con azúcar y pimientos picantes.
Y para ilustrar esta reflexión, La Leyenda del Santo Bebedor, un cuento de navidad, la historia de un vagabundo que vive en los márgenes del Sena. Un día se encuentra a un devoto de Santa Teresita de Lisieux que le ofrece doscientos francos a cambio de que los restituya en el cepillo de la estatua de la santa… cuando pueda. Y a pesar de su férreo sentido del honor, el pobre clochard no termina nunca de restituir su trampa. Creeréis que se emborrachará y lo olvidará… pero no, se emborrachará, eso sí, pero nunca olvidará su misión. Se encontrará amigos que sólo trae el dinero y las copas de un bar, se enamorará de una mujer, beberá absenta hasta morir… y sólo al final, en plena agonía, en plena ascensión puede reparar su deuda… murmurando el nombre de la santa… una santa que conocía que el camino del cielo era el camino de la infancia espiritual. Nunca permitir que se me escape un pequeño sacrificio, una mirada, una palabra, aprovechando hasta los más mínimos actos y haciéndolos por tu amor.
Joseph Roth fue oficial del imperio austrohúngaro en la primera guerra mundial, periodista, novelista y sobre todo un gran bebedor. Roth abandonó la Alemania fascista en 1933, y escogió París como destino. Vivió en buhardillas de hoteles, y agobiado por cuestiones de dinero, siguió el camino del olvido entre vapores de absenta. Al final de su vida abrazó al cristianismo con fervor, aunque nunca despreció su pasado de judío ucraniano y errante. Murió en 1939 y sus restos mortales fueron sepultados en Thiais, en el cementerio de los pobres. En ese tablero de sepulcros hay dos nombres que en su momento evocaron con fuerza el desespero de las letras que conocieron la guerra y el desarraigo judío: Paul Celan y Joseph Roth.
Denos Dios a todos nosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte.»
«La leyenda del Santo Bebedor», J. Roth
Siempre vuestro, Dr. J.
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[Breve biografía de J. Roth | epdlp.com]
[Joseph Roth Online]
[josephroth.de]
[El cementerio de los pobres | PalabrasMalditas.net]
[Descargar el libro en formato pdf]
Bob Seger System | Mongrel (1970)
Existen ciertos temas que tienen la capacidad, la cualidad característica, de entrar directamente por las entrañas, producir cierto colapso adrenérgico-isquémico, para luego diseminarse vía sanguínea hasta el cerebro, y disfrutarlo entonces, tras la conmoción, creando ésa sensación de vacío que termina solamente al volver a escucharlo, entrando directamente en los sistemas límbicos de la memoria emotiva… todos conocemos algunos de éstos temas, pero discos completos de tales características hay pocos, y uno de ellos es MONGREL.
Bestialismo rítmico (OK, los Grand Funk iniciales eran animales, pero con poco soul; perdón Homer), rock muscular en temas inconcebibles, de escaso minutaje, como un tiro… ejemplos como «Song to Rufus», «Highway Child», «Mongrel», «Lucifer», «Teachin Blues» (malditos dos minutos frenéticos, sin desperdicio, directo al plexo solar); los temas más suaves (falso, pero así nos entendemos) son auténticas joyas de rock sureño al estilo Creedence (grandiosos, no los olvidamos), como «Evil Edna», «Big River» (grandiosa) y «Leanin on my dream». «Mongrel too» nos serena al ritmo de percusión y teclados con la jodida voz rota de Mr. Seger, para terminar con los 7 minutos y pico de «River Deep-Mountain High», tomados directamente del escenario, el tema que otrora hicieran universal Ike & Tina, con el salvajismo de los chicos del «Bob Seger System»: el susodicho Seger a los berridos y guitarra, Pep Perrine de aporreador, Dan Konaker al bajo/guitarra y Dan Watson a los teclados.
En fin, poco más de 33 minutos para pasar un jodido buen rato.
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- [Bob Seger | allmusic.com]
[The Bob Seger File]
Cuarto Experimento
El objeto de esta sección es la demolición reiterada de las barreras conceptuales entre objeto-sujeto, intelecto-fornicio, esnobismo- asociacionismo, ciencia-religión, trabajo-ocio, vida-vida. El método de trabajo elegido es el Arrevolainismo Extrapolativo; el resultado con buena aplicación será la suspensión del participante en la nada y la incertidumbre iluminativa.
CUARTO EXPERIMENTO
-Variables: Tradición Coprofágica Mística Occidental, Sta-Catalina de Siena-Jakob Frank, Jordi Hurtado, Coro de Laringectomizados de León.
-Excurso: muchos de los amiguitos que leen estos microensayos saben acerca de mis obsesivas investigaciones de un tiempo a esta parte acerca de la relación entre la escatología y el misticismo; uno de los momentos sublimes de la escato-noética es la tradición Coprofágica Ascésica Occidental, desde valentinianos y carpocracianos, factor común de muchas sectas gnósticas transustantivas; ¿qué fue antes, el pan ácimo o el tordo?; lo más interesante de este mundo es la amoralidad del iluminado, y las excepciones esperpénticas de los métodos de ascésis mística; hace dos años, estuve en silencio 30 minutos en soledad, contemplando la celda de la pequeña Catalina de Siena, hija de comerciantes de tan hermosa ciudad, de palabra no tan esplendorosa como nuestra Teresa, pero de ascésis más punk: en ocasiones bebía las fétidas levaduras de las heridas purulentas de sus enfermos: «desde que estoy en el mundo no he tomado alimento ni bebida más dulce y exquisita que aquella» (las hondonadas de ostias se propinarán al que hable de neurosis). Otro hermoso ejemplo: el movimiento frankista, alrededor de la figura de Jacob Frank, de la que, por sus ruines prácticas libertinas, gran parte del judaísmo se avergüenza; “El libro de las Palabras del Señor† aboga por el combate del Mal a través del Mal, y la idea de que los elegidos son distintos al vulgo y no pueden ser juzgados por un mismo código ético; preziozo!; ¿cómo puede el urbanita someterse a una copro-ascésis televisiva? Observar a batracio Hurtado, es tener una inmersión en el siniestrismo burgués catalán, la voz inconsciente de CIU; ponerse la colección de “si lo sé no vengo† y amar con piedad a este buen padre de familia catalán, con sus miserias y “bonachismo† hasta convencerse de que es una criatura del señor; tragar mierda como acto flagelativo; dios es amor. El debut del Coro de Laringectomizados de León es un clásico de la música copro-ascésica bizarra, de difícil localización en tus tiendas habituales; todo hombre de bien ve “El día del Señor† el domingo-matinè, con resaca o aun borracho; yo fui agraciado el otro día con un directo eucarístico con el mítico coro, encontrándome ebrio aun; un susurro ahogado y oscuro, inmaterial, en aquella mañana televisiva de domingo insomne, que me hizo rememorar la perfecta banda sonora de un ritual coprofágico carpocraciano, virtud a la cirugía radical; todo ello con perdón, digo.
-Conclusión: cusha el picamierdah del tio, pos no que ze ehta riendo de los pobreh tullío.
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