Antes de que las primeras y ansiadas lluvias del otoño se lleven consigo esta cálida alegría que nos da el verano, vamos a zambullirnos en mundo de Mr. Francis Scott Fitzgerald.
Probablemente todos le recuerden por «El Gran Gastby», pero es con «Suave es la Noche» donde nos ofrece su escritura más personal. En esta obra se enfrenta a sus propios demonios a través de Dick Diver, un americano catapultado a la vida de vino y rosas gracias a su matrimonio con una rica heredera. Nicole.
Maestro indiscutible del dolce far niente, de las fiestas con auténtico champagne francés al borde de una piscina iluminada, de las conversaciones superficiales. Fitzgerald, el escritor del hedonismo y de los locos años veinte. «Suave es la Noche» es mucho más que el retrato vital del protagonista. Es ante todo, una obra compleja que fluctua entre el retrato sociológico, el libro de viajes y una desgarradora historia de amor. Estamos ante la nítida radiografía de una generación de norteamericanos y europeos adinerados que deambulan por la Europa de entreguerras en una constante huida de si mismos. Eso si, lo hacen sin reparar en gastos. Un mundo decadente. El lujo y la diversión dejan paso a una realidad asfixiante. Vacía. Viciada. De alguna manera «Suave es la Noche» me resulta la más directa inspiración para la película de Sofia Coppola «Lost in Translation».
Como libro de viajes, hace un exhaustivo recorrido tanto por ambientes urbanos como rurales. Todos ellos, más que destinos turísticos son refugios para la rancia aristocracia, los burgueses adinerados, los ricos norteamericanos. Parásitos que conviven en perfecta simbiosis. En este ambiente se mezclan condesas, actrices del Hollywood, artistas de todo tipo, arribistas, desequilibrados; un poco de todo. París, Roma, Lausanne, Innsbruck, Niza, Cannes, Montecarlo, Baden-Baden, Salzburgo, Viena…
Para viajeros incansables recomiendo el INTER RAIL como forma económica para realizar un tour de force, una aventura controlada por estos maravillosos destinos. En especial, merece la pena visitar Austria, que ofrece un servicio de trenes impecable, alberges baratos con edredones de plumas y literas de madera maciza. Además, el paisaje es realmente impresionante.
En cuanto a la historia de amor….
Think how you love me.» She whispered. «I don´t ask you to love me always like this, but I ask you to remenber. Somewhere inside me there’ll always be the person I am tonight».
Enlaces relacionados »
- [F. Scott Fitzgerald | Wikipedia]
[Francis Scott Fitzgerald | epdlp.com]
[Inter Rail]
[Austrian National Tourist Office]
Existe una vieja cuadra que ahora es un lugar de oración dentro de la sierra de Aracena. Existe un lugar tranquilo donde poder reposar el alma recostado en las alas de la aurora. Rodeado de naturaleza, las mañanas siguen el ritmo de las estaciones, el trabajo se hace sin prisa, se reza el ángelus, se habla de todo con cariño, la comida se llena de sonrisas, no hay televisión ni antenas, la siesta, el café con galletas introduce las tertulias al atardecer y la oración que finaliza el día abre el apetito de la cena y atrae el dulce sueño. En este lugar uno se despide del agobio y olvida sus presagios de discordia. En esta tierra se respira la esperanza. En esta tierra cada pequeño acto es una oración. Una oración a la vida y la belleza. Es como una fuente donde beber para recobrar fuerzas y seguir el camino. Una fuente donde apoyarte y dejar tus pesares.
El infinito es una región donde la verdad se inclina para alzar el vuelo. Conmovido por la peregrinación del tiempo en los espacios, me centro en descubrir la belleza sólida preñada de fluidos sutiles. Hay una terraza con vistas al desierto que aproxima la carne asada a un cielo fragmentado por colores. Un cielo apedreado por aviones, donde un hombre de tiza baila con otro de arena, acompañados por una mujer que nos eleva con el movimiento de sus pies descalzos sobre el suelo de llamas. Amamos la oscuridad más que las llamas. Amamos los líquidos más que los sórdidos y pesados manjares de grasa. Bailan las partículas con requiebros de aire, la música crece desde teclas de viento en la terraza con vistas a tus ojos. Y así se rompe la noche en tres cascabeles sin gato, en tres versiones de la plenitud que duermen boca arriba bajo el cielo del desierto… plenitud de estrellas y silencio. Poseemos la noche desnudos como una mujer adúltera que se acerca a la jofaina de agua después de cumplir su voluntad divorciada.
Hay una terraza que busca descubrir la música ritual de los animales de dos piernas, de arena y de tiza. Una terraza que es la memoria de los días felices. Una terraza que cultiva semillas de árboles encantados, una terraza con vistas a la tierra donde Gargoris descubrió el sabor dulce de la miel. Una terraza que busca un cuerpo ondulado y perfecto, donde besar con todos los detalles del paraíso, donde no habrá más luz que esta luz amarilla donde te he hallado. Esta es la plenitud, la búsqueda de lo invisible en libros de mil horas, en sonidos sin forma de universos desilusionados donde poder percibir lo perpetuo.
Dicen que un conocido productor de cine norteamericano comienza sus audiciones con la siguiente frase:
Me siento en esta noche, noche insomne de entretiempos. Noche canina de casas recortadas a lo lejos. Me siento un rato a descansar. Tengo el estómago pesado y un ardor que no calman los antiácidos. Deseo tomar una ginebra con tónica, para asentar los jugos de mi cuerpo secretor. Pero aún queda trabajo. Mi trabajo de observador de dolores ajenos. Aprovecho esta pausa en la guardia, miro por la ventana la noche de agosto. Qué no se ha dicho de la noche que no recuerde. Miro y pienso en el humo, en la danza esférica de los opiáceos, en el camión de la basura, en los recuerdos de cada habitación de estas paredes de papel. La puerta del despacho se acaba de abrir con una ráfaga de aire tibio. Tibio, como cada paso en esta noche de sollozos y gritos. Y gritar no se puede cuando el alma se apaga y no hay nadie que te escuche. Últimamente pienso demasiado en mis días venideros, pero no les doy forma, son como una ciudad sin cemento ni planos, ni obreros ni presupuestos, donde quiero apaciguar a las fieras de los territorios del norte. El busca suena, en esta provincia de elefantes con trompas de plástico. Trompas artificiales que aportan oxígeno a seres anaerobios. Me invade un sentimiento de evasión, pero debo permanecer impasible y despierto para disolver angustias. De buena gana me tomaría otra ginebra. De buena gana os dejaría mi saber, mi calma, mi desasosiego, de buena gana os cedería mi puesto, mi vida incompleta, mis máscaras y mi cuervo, para poder salir a tomar un rato el aire.