Raquel Smith se encuentra en su casa releyendo varios libros. Ya hace una semana desde que se cayó por las escaleras y apenas si puede moverse para ir al lavabo. Sentada en un cómodo butacón de cuero frente al televisor, que casualmente también se ha estropeado, husmea llena de curiosidad en la pirámide multicolor. La buena de Fionna, vecina y amiga, ha sido la que ha sacado de las estanterías un buen montón. En principio habían servido como base para los cojines que sostenían su maltrecha pierna,pero cansada de escuchar la radio todo el día le pidió a la buena de Fionna, que los moviese para tenerlos a mano y así, entretenerse.
De uno de aquellos volúmenes baratos sobresalían unas cuantas hojas amarillentas. Sintió una emoción grandísima al reconocer su propia caligrafía en aquellas notas escritas hacía ya… 84, 94, 2004, 2005 ¡21 años! En 1984 ella tenía 23.
Recordaba que había comprado ese libro justamente porque coincidía con la fecha y la trama se desarrollaba en Londres. Un supuesto ‘neolondres’ de pesadilla. Más tarde descubrió que el protagonista se apellidaba como ella; Winston Smith. Un nombre bien corriente, por otra parte. A la emoción le siguió la curiosidad. Las notas estaban grapadas y formaban un rudimentario cuadernillo.
El que controla el pasado, decía el eslogan del Partido, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado»