Archivos por Autor

13
Abr

Crímenes Ejemplares

henrik_lalli_ekman.JPG

La nacionalidad no influye demasiado en la forma y la ejecución del asesinato, aunque existen ciertos matices geográficos que pueden influir en los motivos. No se mata por un plato de menudo en los puertos de Oslo, ni a un mulato oscense por ser de Vinaroz. Se mata a un señor por comer como un cerdo, y mondarse los dientes de una forma insistente y subversiva, que es un insulto a toda regla de educación escrita. Se le mata con un cuchillo entre las mismas encías, y luego se va bajando hasta abrirlo en canal. Un barbero mata a un cliente de barba tupida porque no soporta los granos y el hirsuto tiene uno debajo justo del gaznate. El modo enfermizo en que algunas personas remueven el café, es motivo para encañonarlas con una pistola del calibre 38. Un dentista que disfruta fresándote las muelas, merece un pincho en la entrepierna. Sudar demasiado en el autobús, con una camisa de cuello mugriento, es motivo para ser empujado a la carretera, con la boca abierta. Se mata por un libro, por una idea, o incluso en sueños. Por unos pañales, porque no te toca la lotería, por ser feo hasta el límite, por rumiar, por no soportar el terciopelo, por Dios, por no poder dormir, por no poder amar, por ser más fuerte, por ser menos listo, por pisarle a un zapatero, por llegar tarde y silbando, por no recoger los excrementos de un perrito, por estar casado, por tener una pistola, por olvido, por descuido, porque a veces duele mucho el estómago, por tener un cuello demasiado largo, porque la paciencia (aún con los pacientes) tiene un límite.

Hay razones cotidianas y relativamente absurdas, que conllevan a cometer crímenes ejemplares. No hace falta urdir una venganza, trazar un plan minucioso para asesinar a unos amantes lascivos. A veces sólo hace falta un impulso para poder atravesar esa línea de papel que separa lo correcto de lo incorrecto, el tú del yo, con un cuchillo de cocina o un golpe en la mollera. La muerte se convierte así en un hecho vulgar, intrascendente, pequeño y ridículo, liviano. Se desdramatiza y es inmediato, antes y ahora, respira y ya no respira, antes discutíamos y ahora ya no. No se discute con Dios, tampoco se intenta descubrir al hombre. Se mata dejándose arrastrar por un sentimiento, se mata por ingenuas verdades. A veces se necesita algo más que un fuerte sentimiento para poder empuñar bien el arma y que no te tiemble el pulso. A veces el hombre, para poder llegar a sus límites, necesita del vino, el mezcal, ciertos honguitos, el dinero, el odio, la desilusión, un plato de comida o un polvo en el puticlub de la Esperanza. A veces ni siquiera la inmediatez del acto es reconfortable, y se reconoce el fracaso como el signo del hombre moderno. Somos lo que somos, y no lo que pudimos ser. Nunca hemos estado tan cerca de tenerlo todo, y a la vez tan cerca de quedarnos sin nada. Tal vez sólo seamos una mala cosecha. La monotonía es otro crimen. Todos hemos matado sin darnos cuenta, y tal vez no haya sido la primera vez.

Max Aub (París 1903, México DF), republicano, deportado, ensayista y pulcro sociopolítico, terminó este tratado sobre los crímenes cotidianos en México, en 1956. Buena ciudad para hablar del tema. No tiene un aire moralista, sino cierto sentido del humor siniestro y negro y un tono realista que te hace estremecer. No hay orden, sólo están algunos ejemplos de lo que un crimen puede llegar a ser.

“Le pedí el Excelsior y me trajo El Popular. Le pedí Delicados y me trajo Chesterfield. Le pedí una cerveza clara y me la trajo negra. La sangre y la cerveza, revueltas, por el suelo, no son una buena combinación.”

Crímenes Ejemplares. Max Aub

Siempre vuestro, Dr J.

Imagen original

  • Comentarios Recientes

  • Suscripción

  • 6
    Abr
    Escrito por Dr. J. » 6 Comentarios »

    Guerra en Manchuria

    Opium poppy harvest in north Manchuria

    Lo peor no fue que se me rompieran las gafas, mi visión nocturna tan sólo empeoró un poco. Hacía frío en esta primavera. Baudelaire, descontento de todo, andaba descalzo sobre botellas rotas de vino seráfico, atravesando las llanuras desiertas de la desilusión. Mi mente continuaba murmurando una metódica canción de Coltrane. Una mujer dejaba su melena hundirse sobre un vaso de absenta verde náusea. Como un sueño de monstruos, la luz luchaba por erizar su piel. Nuestros ojos deformes jadeaban bajo las estrellas de una órbita estéril. Un veredicto glorificaba al abuso de claridad etílica. El mar se intuía violeta debajo de un chupito de güisqui, y el sol poniente desenterraba ciudades escondidas. Bailábamos sin cristales en los ojos y contábamos nobles historias sobre verdugos golosos, marineros devotos de la virgen y un cisne atrapado en una jaula de fieras. Historias de pájaros nocturnos con jeringuillas debajo de las alas, cantos rodados por las vías de un tren azul a través de carreteras desoladas, sobre caballos desbocados en el pantano del Negratín, sobre pirañas en los lavabos del corteinglés… y el corazón pugnaba por seguir latiendo en su arritmia alcohólica. El flamenco se esforzaba en convertirse sin éxito en música electrónica. Dandys de cara barbilampiña discutían con hombres canosos sobre el tiempo y la velocidad, Huxley y sus puertas. Entonces llegó la honestidad, reconocía a mi corazón enfrentado de nuevo al abismo de una noche sin olivos. Colores de libros viejos y olores de cebolla confitada en mi boca depapilada por el exceso de humo y calor. Nadie se atrevía a hablar de amor tan cerca del cielo. Le estaba tomando gusto a pernoctar a cien metros del paraíso. La rosa de los vientos se teñía de un color azul místico. Alguien escribió un manual para darle cuerda a un reloj, pero no para enamorarse de mi. Una vez identificado el deseo, debía abandonarlo, abandonar el apego, ahorrar energía y centrarme en respirar para no agotarme y caer. Pero el desequilibrio ya estaba en mis costumbres, plagado de errores, hablando con ansía del desconocimiento, perdido en el olvido de los placeres venéreos. Abandonar el ego de un cerebro quemado para abrirse al cosmos a través del silencio, no es una fácil tarea. Conciencia de la austeridad. Necesidad o deseo. Baudelaire no sangraba y seguía bebiendo, con sus ojos como espejos gemelos plagados de un don profundo. La sabiduría supeditada a un yo, se debilitaba y nos adormecía bajo el terror de la insatisfacción perenne. Qué bello es el cuerpo sin adornos, perfumado con mirra. El genio de mi obstinación se empeñaba en seguir bebiendo. Mis gafas no importaban. La chica tampoco. Vosotros seguíais allí, sonriendo satisfechos bajo el arrullo de mis cuentos de viejecitas. El estómago escupió la cebolla confitada y guardé sólo vuestras palabras. No había cojones de tenerme en pie. No ligaba ni dos pensamientos seguidos. Seguían saliendo trenes hacia Tokio. Al llegar la aurora, el mar se volvió violeta y las charcas se sublevaron en contra de las ranas. Los ángeles que padecen porfiria, estaban curando a los que perdían sus alas por la contaminación del mundo. Ni siquiera ellos podían llegar a saciar tanto amor. El sueño es tan real como lo real, sobretodo si se sueña en viñetas.

    Lo peor no fue que se rompieran mis gafas, lo peor fue saber que seguía la guerra en Manchuria.

    “Tendremos lechos llenos de ligeros olores,
    divanes tan hondos como tumbas,
    y en los estantes insólitas flores,
    abiertas para nosotros bajo cielos más bellos.

    Empleando a porfía sus últimos ardores,
    nuestros corazones serán dos grandes antorchas,
    que reflejarán sus dobles luces
    en estos espejos gemelos que son nuestros espíritus.

    Una tarde hecha de rosa y de místico azul,
    intercambiaremos un único relámpago,
    como un largo suspiro colmado de adioses;

    y más tarde un Ángel, entreabriendo sus puertas,
    vendrá a reanimar, fiel y gozoso,
    los espejos turbios y las llamas muertas.”

    La muerte de los amantes. Las Flores del Mal, C. Baudelaire

    Siempre vuestro, Dr J.

    Imagen original

    19
    Feb
    Escrito por Dr. J. » 28 Comentarios »

    El Monje sin Habla

    dragonfly.jpg

    Somos seres anfibios, seres que respiran de distintas vidas en un mismo universo. Crecen cada día nuevas flores que mueren como viejas células de carne, y se acrecienta la ceguera de apreciar cómo tañe la música en las esferas de ese mar perdido donde fui a buscarte. El delirio del ángel acaba de abolir la civilización. La libertad ha sido revaluada. La renuncia permanente a todo permite crecer con la certeza de que cada paso será el mejor. La libertad de ser libres de nosotros mismos, de ser solamente lo que somos. Hay pureza en las amebas transparentes que se arrodillan bajo tu nombre, más allá de un día lupufrénico y extrapiramidal. Hay sordos con amusia congénita que pueden meditar con Dios en el silencio. La indeterminación es el caos donde se encuentra la unidad. El azar es el pseudónimo de dios (Anatole France). La renuncia a la mortalidad se apoya en la humildad del silencio, como el vuelo de una mosca sin pretensiones nos enseña las imperfectas maneras que tenemos de conocer el mundo. Como el Hiperión de Hölderlin, perdido en la absoluta belleza, supo que el hombre era un dios cuando soñaba y un mendigo cuando reflexiona. En el estado de escucha, la ola es el mar y el vuelo de la libélula el inicio de la primavera. La vacuidad, el despojo de sentido y posesión, es el paso a la meditación. Vaciar una jarra para llenarla de nada. La palabra primera se escucha desde el silencio de la noche oscura. La ciencia observa y comprende el disfraz del desconocimiento, pero cómo debatir la experiencia mística, cómo medirla, cómo comunicarla. «Si pudiéramos hallar un lenguaje en el que mente y materia se contemplen como pertenecientes al mismo orden, resultaría posible examinar inteligentemente esta experiencia. Aquello que percibimos como partículas separadas en un sistema subatómico, en un nivel más profundo de la realidad son meramente extensiones de un mismo algo fundamental, que resulta difícil de describir…» (David Bohm). La experiencia mística no tiene lenguaje, su expresión es el silencio. La tortuga verde os muestra el perfil anónimo de la entropía. La alondra de Satori es la imagen de la iluminación.

    Bangkok, 10 de diciembre de 1968. Thomas Merton, considerado como uno de los pensadores más valiosos del siglo veinte, monje trapense con voto de silencio y cultivado en la vía mística, asiste a una conferencia de diálogo interreligioso. Su acercamiento al budismo le ha granjeado críticas duras y enemigos feroces dentro de la Iglesia. No sé cómo pasó, pero un ventilador de aspas de la general electric le segó la vida con el absurdo beso de la electrocución. Su amigo Ernesto Cardenal, cura revolucionario del movimiento sandinista y representante destacado de la llamada Teología de la Liberación, llora su muerte y le regala unas coplas donde la muerte es una divertida puerta que toda nuestra vida nos hemos preparado para abrir. Poesía mística de Merton, poesía mundana y revolucionaria de Cardenal. Ernesto quiso fundar una comunidad contemplativa en la isla de Solentiname con su maestro Merton. La comunidad hoy día sigue en pie como referencia de arte cultural indígena. Desde allí el mar debe tener el color de un buen Daikiri. Los cisnes cantan antes de morir. Merton abandonó su Abadía del Císter de Nuestra Señora de Gethsemaní, en Kentucky, para morir en Asia. Los siete círculos se cerraron en aquella tienda de Bangkok. En su último diario, unas fechas antes de morir, escribió:

    “El nivel más profundo de comunicación no es la comunicación, sino la comunión. Sin palabras. Más allá de las palabras y más allá del lenguaje y más allá del concepto. No es que descubramos una nueva unidad. Descubrimos una unidad antigua. Mis queridos hermanos, nosotros ya somos uno. Pero imaginamos que no es así. Y lo que hemos de recuperar es nuestra unidad original. Lo que hemos de ser, es lo que somos.”

    El diario de AsiaThomas Merton (1968)

    Siempre vuestro, Dr J.

    Enlaces relacionados »

      [Thomas Merton | Inglés]
      [The Thomas Merton Foundation]
      [Los Poemas de la Locura | bruto]
      [Imagen original | Wikimedia Commons]
       
    28
    Ene
    Escrito por Dr. J. » 23 Comentarios »

    Tres Rosas Amarillas

    taganrog_gymnasium_boys2.jpg

    Los pulmones de Chejov eran un hervidero de miasmas tuberculosos. Con el ánimo de mejorar, pasaba una temporada en el balneario de Badenweiler junto a Olga, su mujer, su cachorro, su alegría. Miraba el horario de los trenes de la tarde y los próximos barcos con destinos a Marsella u Odessa, como si en una semana fuera a estar mejor y pudiera tomar alguno de esos destinos. Chejov describía la anónima realidad rusa que percibían sus sentidos, no buscaba mostrar una convención social, sino mostrar la forma en que unos personajes amaban, se desposaban, procreaban y morían… y cómo hablaban. Seres humanos que no podían ser censurados por un acto de amor. En cierto modo, Chejov carecía de una visión del mundo filosófica, religiosa o política. Últimamente a Chejov le faltaba la vida, le costaba leer sin recobrar el aliento, resuellos en la cama al moverse, fiebre y sangre a borbotones en cada golpe de tos. Chejov sabía que no había remedio, que un mal para el cual haya muchos tratamientos quería decir que no se podía curar. A sus 44 años sabía que la felicidad no existía, ton sólo existía el deseo de ser feliz. Y por eso Olga no lo dejaba. Olga llamó al doctor Schwohrer cuando Chejov comenzó a delirar en pleno acceso febril. No se debe poner hielo en un estómago vacío. A las tres de la mañana de aquella noche de julio de 1904, hacía un bochorno sofocante en la habitación donde yacía Chejov. A las tres de la mañana el doctor Schwohrer pidió una botella de champaña al recepcionista. Pidió tres copas para brindar los tres. Hacía tiempo que Chejov no bebía champaña. Y bebió, y brindó con Olga. Tras unos minutos, el doctor Schwohrer soltó la muñeca de Chejov, cerró el reloj de bolsillo, lo guardó en el chaleco, miró a Olga y le anunció que había muerto. Al amanecer, un joven recepcionista llegó a la habitación con un jarrón y tres rosas amarillas.

    Los pulmones de Ray Carver se abrieron con un golpe de tos y escupió sangre por la boca. A sus 50 años se le había diagnosticado un cáncer de pulmón. Había invasión cerebral. No pasó un año entre que Ray conoció el diagnóstico y falleció. Tess no se separaba nunca de él. Había dejado hacía unos años el hábito impenitente de beber, pero seguía perfilando con apreciable escepticismo los personajes reales de una América en ruinas, olvidada, solitaria, alcohólica y parada. Admiraba a Chejov y ahora más que nunca lo comprendía y lo amaba. De tal manera que fue incorporando sus textos a los suyos propios, confiriéndoles una nueva dimensión. Se alejo del relato y se centró en la poesía. Cuando uno se acerca a la muerte surge una vocecita que dice, no lo creas, no vas a morir. A veces las palabras se dilatan como actos. Carver tenía la sensación de que Chejov avanzaba en un carruaje a través del frío y la nieve, acercándose, como en un sueño, a él. Como él, conocía el sabor de una sopa hecha con cabeza de pescado y había oído discutir a padres borrachos, con la calma con la que se asume lo ya vivido desde la infancia. Prosa y poesía se entrecruzaban, así como presente y pasado. Dos meses antes de morir, Ray se casó con Tess en una capilla de Reno con un corazón de bombillas rojas en la ventana y unas fichas del casino en el bolsillo. Desde entonces vivía los días como una propina cósmica, jornadas alegres y vacías al lado de Tess. Al tiempo que incorporaba a Chejov a su poesía, era consciente de que cada elección hecha ahora, hoy, se proyectaba hacia atrás y cambiaba las acciones pasadas. La certeza de la muerte, de ir río abajo, le hacía admitir sus miedos para poder mantener la calma en ciertas noches de perros. No dejó de trabajar en su libro. La noche del 2 de agosto de 1988 Tess le dio a Ray tres besos de buenas noches. No tengas miedo. Ahora duérmete. Te quiero. Carver nunca volvió a abrir los ojos.

    “No te alejes.
    Nadia, mejillas encendidas, feliz, los ojos brillando con lágrimas a la espera de algo extraordinario, bailaba y daba vueltas, con su blanco vestido ondulado y dejando fugazmente sus esbeltas y bonitas piernas en sus medias color carne. Varia, extremadamente contenta, cogió a Podgorin por el brazo y le dijo en voz muy baja con expresión significativa: Misha, no te alejes de la felicidad. Acéptala mientras se te ofrece gratuitamente, después correrás detrás de ella, pero no la podrás alcanzar.“

    Visita a unos amigos. Anton Chejov. Texto incluído en “Un sendero nuevo a la cascada” de Raymond Carver

    “Colibrí.
    Vamos a suponer que digo verano,
    escribo la palabra colibrí,
    la meto en un sobre,
    y la llevo colina abajo
    hasta el buzón. Cuando abras
    mi carta recordarás
    aquellos días y cuánto,
    cuantísimo, te quiero.”

    Un sendero nuevo a la cascada. Raymond Carver

    Siempre vuestro, Dr J.

    Enlaces relacionados »

      [Antón Chéjov | Wikipedia]
      [Raymond Carver | Wikipedia]
      [Taganrog Gymnasium for Boys | Imagen]
       
    15
    Ene
    Escrito por Dr. J. » 13 Comentarios »

    Geografías

    Charco de Escher

    Hay distancias sin tiempo. Desordenadas geografías personales perfiladas en la memoria. Pueblos imprecisos que están presentes ahora. Tus ojos se abandonan para mirar por la ventanilla de un coche caer la lluvia sin importancia sobre la brevedad del campo que queda atrás. Geografías confusas que forman parte de lo que uno fue, por dónde uno pasó. La luz de un día de verano desnudo en el río persiguiendo cabezorros. Charcos de agua furtiva y mutilada por el ansia de seguir su curso entre las rocas del monte donde os perdíais hasta la hora de comer. Guerras de agua en una casa derribada por las escavadoras y el viento. Oxígeno que quema y mata en exceso, pero necesario como la uva para el vino. Bicicletas montadas desde la tarde, creciendo en la osadía de lo inexplorado, provincias a kilómetros de distancia atravesadas a todo correr hasta la puesta del sol, sobre terrones de tierra esférica. La fuente que saciaba la sed, donde veías beber a las niñas que mostraban con elegancia las primicias de su juventud. De qué caño beberás ahora tú. Salpicando con agua las faldas de mujeres que sonríen con picardía. Papiroflexia para crear flores inodoras como virutas de hojas petrificadas. Inútiles aquellos gestos para darle la mano a Caperucita, ignorado como las pipas rancias que no te terminaban de matar. Saltamontes en cajas de galletas con alitas de colores. Hojas caídas sobre el pelo, trémulas en tus manos sucias se reunían las primeras briznas de luna y fuego verde. Los primeros excesos, la risa y el espejo del baño ya se han transformado en sombra. Sombras como la gancha del pobre nando, como los cardos de San Juan, las ranas del nacimiento, las allozas amargas del cerro y el brasero de ascuas candentes bajo la falda de la mesa camilla. La infancia es una región con nubes de cartón.

    Ahora, frustrado cosmonauta, miras atrás los pliegues de un mapa amarillento que protege aquella provincia abandonada. Campo y campo, mientras pensabas en volver, mirando por la ventanilla el mundo crujiendo de frío. Hasta la fecha, has contado tantas noches con sus horas insólitas llenas de insomnio, que todavía no has aprendido nada. La ausencia de ciertas órbitas celestiales te embrutece. Cuando has visto la cama vacía, has arrugado el tiempo con las manos, acordándote torpemente de esas perdidas dotes para la papiroflexia. Como un fardo para recoger aceitunas, has extendido este papel para recoger recuerdos pasados. Sé que hay gente que ha muerto buscando la felicidad sin encontrarla. Cuando alguien muere, el resto espera. El bruto deja secar sus plantas y deja en las ramas de los viejos olivos los frutos del amor y la locura para que se lo coman los mirlos. Un animal con un pájaro entre los dientes, es inocente. Pero el tiempo regala a la tierra hijos para redimirse, para terminar lo que ya ha empezado, para renovar las provincias descuidadas. Una fiesta de botellas vacías anuncia que esta noche vendrán del sur los fantasmas del lavadero a aliviar esta fiebre con humos de adormidera. El cazador abandona la provincia para comprar el periódico de la mañana. Un café caliente recuerda al cazador que abandone la búsqueda. La trompeta que sonaba en los días de verbena se marchita en el aire como un león sin colmillos. Como una planta con tallo de hueso, has clavado hoy los pies en el río que se llevó casi todos tus naufragios. Hay días que pertenecen a esa provincia enrarecida del olvido donde termina todo. Pertenecer es amar. Enraizando el rostro en el olvido, hay horas que nunca terminan. Dormitas como un animal enroscado en cuevas que escapan del control de sus caminos. Aún queda algo de honestidad, un par de zapatos nuevos y algo de decencia que siempre es necesario. Hay lugares en los que sus flechas no hieren. Hay cosas que no volverán y mil generaciones que esperan su hora para venir. El dolor es una pálida arista del deseo. Quién quiera que yo sea, es lo que hoy veréis… los pájaros lo saben.

    Una provincia.
    Una provincia por ti amada es la infancia.
    ¿Te acuerdas aún?,
    aquellas fiestas con guirnaldas de máscaras
    en penumbrosos parques,
    en marismas con barcos.

    ¿Te acuerdas aún?,
    de un tren lento entre luz azul y frontera,
    de un libro otoño con cazadores,
    de una noche en valle de miedo,
    de un volverte a mirar la ciudad,
    la ciudad que en tus sueños soñabas.

    Nadie te puede arrebatar todo esto.
    Nada terminó todavía.
    De aquella provincia jamás
    podrá expulsarte ningún ángel.

    Juan Manuel Bonet

    Siempre vuestro, Dr J.

    Enlaces relacionados »

      [Imagen: Charco de M. C. Escher]
      [Maurits Cornelis Escher | Wikipedia]
       
    15
    Dic
    Escrito por Dr. J. » 6 Comentarios »

    Árboles

    Vincent van Gogh

    A qué velocidad se mueven los árboles. Cuando estabas asustado y te escondías entre las hojas colgantes de un sauce llorón. A qué ritmo se movía tu corazón al trepar por el tronco retorcido de un árbol que tenía presa a veces una pelota, a veces una princesa sin dragón o un gato con restos de pescado en el bigote. Cómo se mueven los árboles del parque cuando soñabas con broches de sujetador, copas de pechos por amar bajo las copas de los árboles, celadores e insomnes del jardín. Al lado del río, bordeando la iglesia, hasta llegar a la fuente, había árboles que acompañaban a los amantes en una especie de suerte mal definida. Cómo pronunciar palabras como otoño sin pensar en la caída de las hojas y en alfombras de colores amarillos. Cómo pensar en una fruta sin pensar en ti subida a las ramas del cerezo con cerezas a modo de pendientes en las orejas. Cómo el sol se filtra entre las hojas, cómo el viento silva su tonada, cómo el columpio hace crujir las ramas de un nombre. Custodio y artesano cementerio de maderas. Cajas de pino al estilo juanpablo segundo. Cajas de nogal con radio transalpina. Cómo se mueven los árboles en los bosques del norte. Cómo te echan de menos los bosques del sur. Cómo te encantaba abrazar sus troncos, y oírles musitar canciones de cuna a las faldas de sus musgos. Esta noche hay luces en un árbol que no tiene raíces y tiene nombre de mago. Capaces somos de no poder salvarlo. Anillos que son años y gusanos que alimentan pájaros. Dame tu mano debajo de este castaño, con pies fríos y manos calientes, dejaremos iniciales en su corteza de mármol. Y luego se secará la higuera con la maldición de un día de verano, y sin frutos seré lo que tu quieras que seamos. No habrá milagros en las raíces de una higuera que quedará yerma por los siglos de los siglos, para expiar nuestros pecados. Y luego los árboles se llenaron de nidos, niños y santos que no supieron separar los frutos buenos de los malos, porque todos nacieron de la misma tierra. Y no habrá manzanos. Habrá dieciocho años para comer manzanas con pañales de oro. Un árbol descubrió a Gargoris el sabor de la miel. La cabeza que no quiere pensar enredado en tus encantos. Donde todo empieza, hay rizos venturosos entre hojas de palmeras. Dátiles del desierto frío y abrasador. Tómame de la mano en las orillas de este lago donde vienen a beber las hojas de los árboles más amables y más largos. Cálmate y toma sombra. Mostaza y secuoya. Baobabs en el planeta más pequeño del universo. Dame un beso o te lo robo, bajo el cielo verde de este árbol estrellado. Las raíces son las barbas del maestro almendro que se transforma en viento cuando lo llama la Tatuana. Dame un tallo tierno y te plantaré un bosque de algas y silencio. Dame una razón para mover el mundo y habrá un árbol que sostenga la casa de tus siestas. Raíces aéreas de una botánica confusa que se mece en el silencio de tus ojos. Una hoja talla en el suelo al caer la palabra aprendida del cielo primitivo. Cómo se mueven los árboles del destierro, a cien metros del paraíso. No hay mala vida bajo el ala de estas sombras, no hay dualidad bajo la mirada única de esta verde hermosura. No hay silencio ni ruido, hay campanas aéreas que tañen por ti.

    Existe la creencia de que los árboles respiran el aliento de las personas que habitan las ciudades enterradas, y por eso, costumbre legendaria y familiar, a su sombra se aconsejan los que tienen que resolver casos de conciencia, los enamorados alivian su pena, se orientan los romeros perdidos del camino y reciben inspiración los poetas. Los árboles hechizan la ciudad entera”.

    M. Ángel Asturias, 1899-1974. Leyendas de Guatemala

    Enlaces relacionados »

      [Miguel Ángel Asturias | Wikipedia]
      [Imagen: Maleza con Dos Personas | Vincent van Gogh]
       
    24
    Nov
    Escrito por Dr. J. » 9 Comentarios »

    Libro del anhelo. Paraíso.

    Últimas luces del paraísoHe mitigado el dolor con el silencio. La oración es un vómito de expresiones vacías, si tú no estás. Pestañas de sal a cien metros de un beso. Tu indecoroso destierro a cien metros del paraíso. Llueven corazones de manzana en las calles del desvelo. La humillación deja frutas por pudrir, y se parece cada día más a la renuncia de los sentidos. No me comprendas, aparta de tus días esa atroz soledad y ámame sin remilgos. Obedece al destino de los dátiles a cien metros del sufrimiento de los aún por derrotar. El amor de los vencidos queda a cien metros del paraíso. Cómodo en tu abrazo, bebo a tragos largos el veneno de una muerte. Doncellas que preparan comida fría, han mutilado su experiencia por falta de propósito. Aunque tus músculos predicen el futuro de tu carne, hace tiempo que escogiste el camino de la ansiedad. Aún puedes reclamar tu tiempo en esa oficina que queda a cien metros del paraíso. Me sitúo frente a una estatua de cera con los pantalones bajados hasta los tobillos, con dengues hago asco a las comidas. El vino calma mi frío y mi vergüenza, pero no detiene las lágrimas que brotan insolentes de mi anómalo ombligo. Como un indio viejo y ciego que mira la radio, ya no busco mi libertad sino tu consuelo. Paraíso de Paz ImaginarioNo mi soledad, sino tu compañía. No el paraíso, sino el paraíso contigo. Una vez elegido lo que queda, somos ángeles sordomudos con experiencias suicidas, con muñones en la espalda donde hubo frágiles alas que empezaban a pesar. Aprendimos a rodar por caminos estrechos de luna y carbón. Cuando llueve no sólo se mojan las calles. En doctrinas perdidas hace tiempo, contemplo la lluvia. El que contempla, a veces sonríe y casi siempre calla. Las palabras derriten los sentidos. La noche es un accidente. Las urgencias permiten batallas de huevos, consuelan heridas mal curadas que terminan por matar, y confunden lunares oscuros con sarcomas de Kaposi. Se acaban las reservas de manzanas. Las algas no nutren como la carne. Los círculos de tiza que encerraban a la bestia, ya se han borrado bajo esta incesante lluvia. Y la lluvia no cesa a cien metros del paraíso. Alguien nacerá para terminar lo que tú no has hecho.

    He visto al viejo Cohen, empalmado bajo nueve kilos de ropa zen. Se ha despojado de todo lo bueno y de todo lo malo, ha abandonado el paraíso. Se ha alejado de la virtud por un bocado de comida recalentada. Busca un trago de güisqui con sentimiento. Duda de si mismo, pero no de su poesía. Hace la guerra a la paz vestido de superman. Toma café con el poeta que vio su futuro en el fondo del río. Del brazo de Henry sale en busca de unas nuevas faldas que levantar, de unas nuevas caderas que le hagan llorar de emoción en medio de tantas horas muertas. Pero esta vez está más lento y triste que nunca. Anda perdido en su libro del anhelo, a cien metros del paraíso.

    Partido el árbol, astillado a mitad del tronco, las manzanas están esparcidas por el suelo. Un agujero de reptil aún se esconde entre las raíces.

    “EL LIBRO DEL ANHELO (fragmento):

    … Mi página estaba demasiado blanca
    Mi tinta era demasiado fina
    El día no escribía
    Lo que la noche anotaba

    Mi animal aúlla
    Mi ángel está preocupado
    Pero no se me permite
    Queja alguna

    Porque alguien hará uso
    De lo que no pude ser
    Mi corazón será suyo
    Impersonalmente

    Avanzará por el sendero
    Verá lo que quiero decir
    Mi voluntad partida en dos
    Y la libertad en medio…

    …Entonces ella nacerá
    Para alguien como tú
    Lo que nadie ha hecho
    Ella continuará

    Sé que ya se acerca
    Sé que mirará
    Y ése es el anhelo
    Y éste es el libro”

    Leonard Cohen

    Libro del anhelo

    P.D.- Gracias a C. por regalarme el libro en esas horas urgentes de Madrid. Por enseñarme a amar la fragilidad de cada día.

    Siempre vuestro Dr. J.

      [Imagen 1» "Últimas luces del paraíso" Héctor Viola]
      [Imagen 2» "Paraíso de Paz Imaginario" de Qiu Ying (1493-1560)]
      [Imagen 3» dibujo de L. Cohen, del Libro del anhelo]
       
    12
    Nov
    Escrito por Dr. J. » 9 Comentarios »

    La Enfermedad del Dr. J.

    HigeaLlevo veintidós horas sin dormir. Veintidós horas viendo enfermos. La fiebre de hoy aún no se ha ido.

    Acabo de ver morir a mi último paciente. Neumonía nosocomial en un hombre inmunodeprimido. Sólo me dio tiempo de ayudarle a morir con unas dosis de la hermana morfina. El cansancio hace mella en estas horas inciertas donde la noche se sutura con las primeras luces de la mañana. Dónde estás tú que no te veo, con mis arterias palpitantes de ceguera, dónde estás que no te tengo, dónde para abrigarme con uno de tus abrazos. Mi mano en la frente de O… que tragaba el oxígeno administrado mediante una trompa de plástico. Con todos sus músculos luchaba por comerse el aire, hasta que se agotó. Mi mano tendida al dolor en estas horas urgentes de entretiempos, en esta atalaya ficticia del insomnio atroz. Dormir no es la prioridad. Cómo me gustaría verte ahora tan guapa. Poner nuevo rumbo a la médula de tus besos, en medio de nuestro mar de dudas. Casi todo el mundo cree que merece más de lo que tiene, pero hay hombres que se parecen más a una almeja que a sí mismos.

    Cansado firmo el parte de defunción, con la rutina del que se ha acostumbrado a ver muertos, a disecar cadáveres con la pulcritud de un diagnóstico infame. Si vuelves voy a desnudarme, voy a quitarte la ropa despacio antes de quedarnos a oscuras. El sudario es de plástico blanco, pero no esconde los rasgos afilados de la muerte en su cara. La boca a medio cerrar, los ojitos cerrados, las manos que dejan de acariciar. Los labios que dejan de besar. Los pies que hace semanas no pisan el suelo, envueltos en el blanco monocromo y postrero de un mundo que deja de avanzar. Es incierto el aire que mis manos no atrapan. Arrugo el tiempo de esta noche que se acaba. No te rindas me dice alguien que no veo. Las luces de la caleta son luciérnagas borrachas que añoran la luz del mediodía.

    Las tres GorgonasEl celador se lleva el cuerpo, la familia le sigue con la cabeza agachada, buscando el hombro del hermano que hacía tiempo no abrazaba. Se cierran las puertas del ascensor que baja al lugar donde se juntan los cadáveres. Camillas frías de futuros esqueletos. Los encargados del turno de limpieza se desperezan para hacer de nuevo la cama. Se limpian las sábanas recién sudadas, se limpia la cama recién abandonada, se limpian los cristales y las ventanas se abren por si el alma quiere escapar. La enfermedad se contagia, se agazapa, se arrincona y arremete en el momento más inoportuno. Dónde voy yo, adónde te fuiste tú. Perdido por esas calles de piedra carmesí, con tu nombre mordido en mi hombro. Palidecen algunos gramos de levedad. Las horas se suceden y aquí no ha pasado nada. Yo observo insomne el trasiego de fregonas y batas. Un nuevo enfermo espera para descansar en la misma cama. La gente termina sus turnos, yo no termino de dormir. Luego a pasar planta. Luego a casa. A la compañía de mi casa en soledad. Coltrane me mira intrigado. Dónde estarás tomando café, a quién le sonreirás. Salgo a gastar mi sueldo en libros que digan cómo continuar, cómo aprender a perder una y otra vez, bajo la lluvia con maletas de cartón pintadas de betún. Sin un te quiero, te quiero, pero no quiero que me quieras demasiado. Cuatro horas de ruinas y despeños. Hay cristales rotos de vino ácido crujiendo entre mis dientes de animal. Las ranas que saltan sobre la luna han aprendido a predecir los diluvios, pero los charcos no sólo se forman de lluvia. Te recuerdo sin saber que con uno de tus besos se puede fundar una ciudad.

    El entierro es un día y medio más tarde. Cremación o enterramiento. Cenizas o polvo. Nunca como ahora me había dado tanta cuenta de que mis días están ya más que contados. Eres la provincia que quiero conquistar en pro de un merecido descanso. Robo aspirinas para bajar la fiebre y poder seguir escribiendo las dudas de mi tesis. Versos de guardia y cigarros mal liados a las seis de la mañana. Robo aspirinas aunque se que no voy a sanar. La herida se desangra por el vuelo valiente de tu falda. La esquela mancha una página del periódico. La familia añora y agradece. Mañana volveré aquí. Mañana me aseguraré de que nada vuelva a empezar, y con toda mi falta de voluntad cerraré todas las puertas que llevan a ti. Pero entre la nada y el dolor, yo escogí nuestro dolor.

    Martin Winckler publicó en 1999 “La enfermedad de Sachs”, que fue llevada al cine por Michel Deville con el título de “Las confesiones del doctor Sachs”. Este libro relata la supervivencia de un médico de familia francés en la época actual, entremezclando sus pensamientos, sus recuerdos, las historias de sus pacientes, su vocación y su lealtad a una medicina que ama y odia. Su lectura me conmovió y me animó a seguir adelante en ciertos difíciles momentos. No sé porqué he escogido la iconografía de Klimt para acompañar el texto, pero así se queda.

    Siempre vuestro, Dr. J.

    Enlaces relacionados »

      [Cuadro 1 Higea: Medicina | Gustav Klimt]
      [Cuadro 2 Las tres Gorgonas: La Enfermedad, La Locura y La Muerte | Gustav Klimt]
      [Gustav Klimt | Wikipedia]
       
    22
    Oct
    Escrito por Dr. J. » 4 Comentarios »

    Vuelta de los Trópicos de Capricornio

    Hace unas semanas mostré en una sesión clínica la experiencia vivida hace varios meses en el trópico boliviano. El parque indígena Isiboro Sécure, en la provincia del Beni, la amazonía boliviana. Hablé de nuestra expedición sanitaria en la posta de Vinarasirare (donde venimos a sanar). Asistieron médicos un poco desconcertados ante el título y el desarrollo de la sesión. No ayudó verme vestido de machetero con mi sol de plumas intentando imitar el baile de los guacamayos al atardecer. Estabas allí, entre las imágenes y más cerca del recuerdo que de mis días, con la margarita de la isla del sol brillando en la pupila. No me extendí. La exposición fue pulcra, pero bañada de las sombras de mi subjetividad. Ahora ofrezco a los lectores de este anómalo espacio las reflexiones que escribí, así, a pelo, sin anestesia. Hoy no hay tiempo para alargar las horas de la anochecida.

    1.- El indígena y la enfermedad:

      IndigenaEl indígena no tiene concepto de enfermedad crónica. La enfermedad se cura o te mata, pero no conciben que tenga que vivir contigo. Es algo divino, trascendente, ajeno a tu voluntad. Los pacientes compran remedios para la tensión, la artritis, la diabetes… un mes y luego se olvidan. Muchas veces no hay plata, pero ese no es siempre el problema. El indígena vive al día, y su concepto de eternidad es distinto. Cuentan los más viejos que hubo un día que duró varios siglos, y varios años transcurrieron en un segundo. Quién sabe lo que pasará mañana.

    2.- El indígena y el humo:

      La casa del indígena tiene su centro en el fuego, alimentado por brasas, encendido día y noche. Así calientan el caldero, el chocolike con agua, el arroz, la chicha… Y el humo envuelve la estancia. El humo no se escapa porque no hay ventanas. El humo se condensa y embriaga. Así el humo te aclimata y te aleja del exterior. Te encierra en su centro, te atrapa. Cerca corretean los chanchos y las gallinas. Un casco de tutuma hace las veces de vasija. Tirado todo por el suelo, el humo lo limpia todo. Las camas se sitúan junto a la puerta. El humo sale, se renueva, bebe de su fuente para dejar paso a más.

    3.- El indígena y la ebriedad:

      Como decía Michaux, el indígena se deja vencer por la bebida. Si decide beber, lo hará durante días. Se encierra en una cantina, solo o con amigos, y se entrega a la ebriedad. No se levanta de la mesa hasta que apenas le quedan fuerzas para caer al suelo, con los brazos en cruz, sobre la tierra mojada de orín y chicha. Dejan todas las botellas vacías y sordas. Se entregan a la ebriedad, se dejan vencer por ella. Es su vía mística, su método para conocer los lugares anómalos que quedan detrás de las estrellas.

    4.- El perro y el Camba:

      boliviaEl Camba es el indígena de la región del Beni. Su modo de adaptación al medio es impresionante. Da igual la lluvia o el calor. Utilizan lo que crece de la tierra para comer, vestirse, refugiarse, sobrevivir de una manera cotidiana y diaria. No se preocupan de nada más, tienen lo suficiente. El concepto de desarrollo es un concepto impuesto. Ellos se comparan a los perros. El perro y el Camba saben llegar a cualquier lugar, saben vivir en cualquier lugar, dicen.

    5.- El amanecer, los bares y los gallos:

      Gallos y ranas compiten en el amanecer para despertar al pueblo. Lo hacen porque a esas horas ya cierran los karaokes y los bares trasnochadores. Les gusta la música alta, cualquier ruido. El ruido es un silenciador de las palabras del corazón, de los muelles internos de la insania, de las palabras huérfanas de nuestra mente huérfana. El ruido acompaña. La selva nunca calla y la ciudad nunca escucha. El ruido es un concepto importado que han adoptado con facilidad.

    La verdadera patria del hombre no es el orbe puro que subyugó a Platón. Su verdadera patria, a la que siempre retorna luego de sus propios ideales, es esta región intermedia y terrenal del alma, este territorio desgarrado en que vivimos, amamos y sufrimos”.

    Ernesto Sábato

    Siempre vuestro, Dr J.

    Enlaces relacionados »

      [Los Trópicos de Capricornio]
       
    27
    Sep
    Escrito por Dr. J. » 17 Comentarios »

    Bienvenida a la Provincia de los Girasoles

    girasoles.JPGEn un segundo, todo puede cambiar. Hay días felices en los que merece la pena salir de la cama. Mandaste un mensaje de nueva esperanza. Un espasmo en las arterias celebró la alegría. Ahora estoy más cerca de creer en los milagros. Inoportunos a veces, los llantos son hermosas congojas detrás de algunos cristales. Te llamé y os felicité por vuestra primera hija, nacida del amor más puro. Una hija de luz fecundada en el desierto y parida cerca del mar. Como un regalo a plena luz del sol. Pelo rojizo y moreno, balbuceos de mujer en ciernes y ojos despiertos de quien tiene ganas por empezar a ver. Cómo cambia todo, como sólo todo puede cambiar. Un canto no es más que un canto, si no se canta con toda la satisfacción que requiere cada momento. Como la rama del primer cerezo que florece en primavera, como el vuelo de los últimos dientes de león, llegaste en estos días de entretiempos en los que el cielo es rojo y todo puede suceder. Más cerca del calor que del invierno, pronto reconocerás tu perfecta voz. Quien cuida de ti conoce los secretos de las ondas sublimes de un huevo cósmico y una guitarra. Sabe que el cielo nunca se ha equivocado contigo. De la pálida arista del deseo nace la más tierna flor del mundo. Trémula la piel recién estrenada. Tímida la nariz recién estrenada. Manos de arrugada juventud retienen dichosas el vuelo de las mariposas que dejan sonrisas en sus mejillas. Lágrimas de lluvia otoñal riegan la boca de su madre. La vaina de su ombligo dejará un diminuto lago de carne estrenada en el centro de un cuerpo increíble. Uñas aún no mordidas, tan lejos de la ansiedad y la tristeza. Pies descalzos que aún no saben bien dónde caminar, por dónde empezar a conquistar el mundo. Aletea deprisa el corazón más tierno, con sus aurículas y sus ventrículos y sus ganas de latir. Está atrayendo el sol hasta su mismo centro. Amada desde el centro hasta los extremos, los que cuidan de ti poseen la gratitud de lo recién entregado.

    A veces la vida es más sencilla de lo que parece cuando se dejan brotar los instintos primitivos de cuidar y amar. Todo brota nuevo desde dentro, haciendo caso de un impulso antiguo de esferas más antiguas y siderales de lo que se cree. La vida es una niña en los brazos de su madre, con su padre protegiendo hasta el aire que las roza. Hoy no hay tiempo para versos melancólicos, hoy urge llamar a las horas más magníficas para que reposen a nuestro lado lejos del sufrimiento. Quizá uno nace para esto. En un vuelo te acerco lo más bello y lo más sagrado que se intuyen en tus ojos grandiosos. Jardineros de ternura, alejan las dudas de todo lo que se puede hacer mal o bien. Ahora queda ser jardinero fiel. Subirán las aguas, pero vosotros mantendréis las manos alzadas y abiertas. Perderán los presos de la insania y la amargura. Ganarán los hijos de un amor sublime. Todo queda por aprender sin prisa. Has llegado a tiempo, como la sal y como la espuma. Como la paz y las aceitunas. Como la cosecha del vino más amado, como la luna. Ante ti se postrarán los tallos de las flores más bellas y las raíces de las mandrágoras te brindarán sus respetos. Tu corazón nos sanará. El mundo te bendice, se regocija en te tierna hermosura. Los heliotropos de esta provincia buscarán tu albor cada día. Bienvenida a la provincia de los girasoles, donde hay pocos soles como tú. Serás traviesa y serás feliz. Dormirás y no dejarás dormir. Amarás y morirán por ti. Bienvenida a la provincia de los girasoles que existen desde hoy para ti, Angelina.

    PD.- Dedicado a Angelina Guillén Olea, y sus pocos días de luz.

    19.09.2006

    Imagen original en morguefile.com

    Página 4 de 9« Primera...23456...Última »